Nacional

"Han deformado el folclor nicaragüense"


Irene López es uno de esos nombres que sobrepasan las intenciones de los padres que a lo mejor sólo pensaron en identificar a una persona y que algún día lo supiera lucir en algún diploma. No, ella alcanzó la categoría de marca registrada de nuestro folclor nacional.
En una época en que los ticos mandan a sus especialistas a “verificar” los límites fronterizos y acuden a La Haya para “aclarar” lo que el Laudo Cleveland declaró cosa juzgada, Irene hace lo suyo: está alerta para que no muevan los mojones de la identidad nacional.
Es de las pocas nicaragüenses que se han dado el lujo de bailarle a la Historia. Danzó para revolucionarios, generales, un Papa, una presidenta y para la primera dama de la nación más poderosa de la Tierra. Y en ella no hay rastro de vanidad. Como que simplemente ha hecho lo que debía: bailar bien.
Es uno de los pilares --si no el mayor--, que sostiene el folclor nacional. Algunos la podrán acusar de tradicionalista, conservadora, pero denle el crédito de que gracias a gente como ella aún contamos con una danza nacional y no con un embutido de bailes de cualquier parte y hasta copiados de lo que pasa el “cable”.
Si otros ven un panorama oscuro, ella ve muy claro lo que podría venirse. En el siglo XXI hay campo para el arte autóctono. Aunque han aparecido y aparecen algunos queriendo “contribuir” con sus extrañas versiones de lo que entienden por baile de marimba y música nicaraguana, ella estará lista para identificar lo que enriquece y lo que falsifica lo auténtico del pueblo.
Seguirá en la brecha
“Algunas cosas no apruebo, porque han deformado muchísimo nuestras danzas, nuestro movimiento, nuestra identidad, nuestro modo de ser, de sentir. Las danzas no son así”.
Hay formas de hacer patria. No significa únicamente cantar el himno o decir “El río San Juan es nuestro”. Esta mujer hace, no declara: “Voy a seguir haciendo lo que he venido desarrollando, tratando --aun con toda esta invasión que tenemos, de modas y músicas-- de conservar nuestro folclor, que es muy lindo. Tengo mucho público que me estima y ellos también tienen el suyo”.
“No se puede engañar a la gente”
“Es importante que el folclor se desarrolle, que existan corrientes y todo, pero hay algunos a los cuales yo critico duramente, porque hacen locuras, y no sólo deforman, sino que pisotean el folclor”, dice esta dama.
Hay maestros del folclor que dicen: lo visto en las calles, las danzas de la gente en una fiesta patronal, son aburridas, y carecen de lo que es el espectáculo, por eso hacen sus cambios.
Estoy totalmente de acuerdo, eso es así. Porque el folclor puro lo hace solamente el que va detrás de la procesión. Nosotros venimos, tomamos las raíces de eso que vemos y lo convertimos en arte, porque nosotros ya somos artistas de la danza. ¿Por qué vas a pagar al teatro? Por ver un espectáculo. Si no, para eso te vas detrás de la procesión. ¿Cuál es el objetivo del que va en la procesión?: pagar la promesa. No le interesa si baila al compás de la música, si lleva los pasos, si dio la vuelta donde la marimba lo marcó ni nada de eso. Nosotros sí, tomamos eso y lo hacemos arte.
Y tenemos que lucir coordinación, ritmo, presencia escénica, belleza; el vestuario lo debemos hacer más bello. Pero tenemos que conservar nuestra identidad. Eso no quiere decir que nos vamos a mexicanar.
Una cosa es transformar y otra es deformar. Si no se investiga, si no se está consciente de lo que se hace, puedes ser un bailarín folclórico de calidad, pero se debe conocer que detrás hay un pueblo entero que reconoce su identidad, al que no se le va a dar gato por liebre.
Uno me decía: “La gente no sabe”. ¡Eh!, eso es lo que vos creés. A mí la gente me ha dicho: ¿Qué pensás de todas esas locuras que anda haciendo ese montón de gente? Hablo de los aficionados.
La artista lamenta que el Teatro Nacional Rubén Darío permita la presentación de cualquiera que solicite el local sólo porque “tenga pata”, porque “también eso existe, conozco uno o dos, que pasan por encima de la Junta Directiva, y yo no he estado de acuerdo con su presentación, y hacen no locura, sino aberraciones sobre el folclor”.
¿Eso significa que hay relajamiento de parte de los rectores del Teatro Nacional?
Así es. Cuando me presenté, fui la primera artista nicaragüense que llegó al escenario, cuando (al TRND) le llamaban el “elefante blanco”, en 1970. Presentarse ahí era un tabú. Para inaugurarlo trajeron a la Amalia Hernández, desde México, a presentar el Toro Huaco, los bailes de marimba… era septiembre de 1969.
Fue un desprecio a los artistas nacionales.
Claro, yo ya existía, tenía cuatro años de estar bailando.
¿Un golpe para usted?
Sí, ya me había presentado en septiembre de 1969, en el Teatro Nacional de Costa Rica con mucho éxito. Todos los periódicos hablaron. En el 70 se nos da la oportunidad de presentarnos el Coro de Mena y yo como grupo folclórico. Después, mis posteriores presentaciones debían pasar por un jurado calificador de alta calidad, porque si no, no se presentaba nada. Hoy existe, porque he participado en eso, pero cuando se necesita de verdad que se ponga mano dura, no se le pone, y no me llaman a mí, porque soy la más crítica de todos. No me llaman porque los perjudicados no me aceptan.
¿La ven muy conservadora, tradicionalista?
Exactamente, pero no es así, porque yo trato de mantener el folclor, si no, somos mexicanos, colombianos, panameños, españoles, menos nicaragüenses. Que me digan que soy muy conservadora, me encanta, pero soy la pionera, y eso se me respeta.
¿Está defendiendo la soberanía?
Sí, contra viento y marea y todo el mundo.
¿Eso no le acarrea mucha simpatía en el gremio?
No, pero fijate, tenemos cierta relación cordial.
En la sala de baile, donde enseña el arte, está la definición de folclor por la Unesco. Decididamente, es como un mandamiento de las tablas de Moisés. Folclor “no es lo estrambótico”, logro leer. Ella acusa: “Hay mucho de eso (en ciertos grupos), lo digo en mi libro “Al son de la marimba”.
La competencia de los conjuntos folclóricos es tan fuerte, que a cada uno no le importa cómo van a dejar el folclor nicaragüense, sino quién sobresalga más. Si éste le puso ramos de flores grandes, aquél se los puso gigantes y más coloridas. Si aquel tiró una patada por la barbilla, aquél la tira más arriba. “El viejo y la vieja” es lo que terriblemente han deformado los aficionados. Ponen a bailar a dos viejas peleándose por el viejo. El viejo y la vieja haciendo el amor literalmente en el escenario. La vieja con unas nalgas postizas terribles, deformadas, lo que provoca unos movimientos nada voluptuosos, sino degenerados, vulgares.
Incluso, suenan “El Pirulí”, de la Sonora Matancera, teniendo el viejo y la vieja su música. Está bien que a la vieja la pongan más bonita, con más chereques si quieren, que la hagan un poco más divertida, porque la gente disfruta eso, pero que no la vulgareen. Que siga siendo nuestro folclor.
A propósito de vestuario, ¿no hay un traje típico de la india nicaragüense oficial?
Un traje oficial no puede haber, porque si declaramos el traje oficial, el de la trencilla de las inditas que van detrás de la procesión en todas las festividades patronales, eso es del Pacífico, entonces el Norte tiene su traje: el de Matagalpa, el de Estelí, el de Jinotega. La Costa también.
Pero a la falda larga y al vuelo se les ha identificado como más representativas.
Es que es del Pacífico. Todos esos trajes de faldas anchas, con cintas, con encaje, con trencilla o liso son del Pacífico.
¿Es un abuso decir que Masaya es la cuna del folclor?
No, porque Masaya es la cuna, porque tiene mucho y conserva su folclor; por ejemplo, sus danzas en su mismo estado folclórico. Nosotros vamos ver bailar folclor a Masaya y ahí aprendemos. Es nuestra fuente. Además, tiene comida, artesanía. Pero también Diriamba da mucho y debería ser declarada capital del folclor.
El más tradicional es el traje blanco con trencillas, porque es uno de los más baratos, lo usa la promesante, o el floreado con el sombrerito en la cabeza, que es fundamentalmente de Managua.
Es una leyenda viviente de nuestra danza folclórica, ¿se siente bien pagada, satisfecha?
Me siento feliz, estoy orgullosa de ser lo que soy, cada día vivo, cada hora vivo para el folclor, por el folclor, pero no vivo del folclor, porque no se vive de él. Sí me siento bien pagada del pueblo, porque yo nunca he recibido ayuda de nadie. Este Centro Cultural del Folclor y la Danza, Popol Vuh, está por pura fuerza, creatividad, por pura lucha.
Su palabra clave es la investigación. “Investigar y tener conciencia de lo que estamos haciendo, no sólo hacerlo a la loca o copiar --porque lo vi bonito en el cable-- esa danza mexicana. Eso es una caricatura de un plagio”. Reconocimientos, diplomas, mapas folclóricos de varias regiones son parte de la vida que termina de ser contada por las paredes de su casa en Altamira.
"Me sentí más a gusto con Fidel"
Podemos hablar de su currículum fotografiado. Aparece con líderes mundiales, le bailó al papa Juan Pablo II, a Hilary Clinton, a Omar Torrijos, aunque también sale con Tacho Somoza Debayle en blanco y negro. Con doña Violeta y Daniel. ¡Ah!, y una hermosa foto colocada en la parte más visible de su casa: nada menos que con Fidel.
Fuera del folclor, ¿qué le gusta a usted, porque no nos imaginamos que sale de dar clase, danzar folclor, y para relajarse se pone a escuchar música de marimba?
(Se ríe) Me siento en mi escritorio con mi grabadora a la par, y pongo marimba, lo que sea de folclor, y estoy apuntando, anotando, porque es una constante investigación. A mí me gusta la música romántica, cuando voy en el carro, mentira es que llevo un casete de marimba. Oigo la música de la radio, música romántica, algunas de las que les gusta a mis hijas, chavalas jóvenes, de 18, 13 años.
¡No me diga que le gusta el rap y el “reguetón”..!
No, pero hay algunas de las músicas que son sabrosas para escucharlas, pero no estoy cerrada a todo. Tampoco me gusta eso de “reguetón” y sus movimientos, eso no es danza. A ellas no les gusta porque les he inculcado el gusto a la música nacional y a la buena música. Yo oigo romántica de mi tiempo.
¿Con qué la enamoraron, con marimba o guitarra eléctrica, con música de Elvis Presley o con los Hermanos Palacios?
No, me enamoraron con música de tríos, me ponían serenatas, y con mariachis. Soy admiradora de la música mexicana, pero no soy copista. Mi marido me enamoró con serenatas de música ranchera.
Con estos personajes como el Papa, el comandante Fidel Castro, Hillary Clinton, ¿con quién usted sintió química, al margen de ideologías?
Lo que pasa es que los políticos se acercan y prometen, decirte que sos lo máximo. Pero yo sentí --estaba chavala-- que Somoza tenía ese don de comunicarse. Era parte de su modo de ser.
Pero con Fidel me sentí súper orgullosa. Era una oportunidad de oro conocer a un personaje mundial, polémico, especial en todos los sentidos. No veo lo político. Es representante de un país, hombre culto, representante de toda una época, me hizo sentir muy bien. No me imaginé que me preguntara tanto y ni idea tenía de lo que quería saber. No se acercó para decirnos algo de ocasión, fue un diálogo. Y hasta hubo chistes.
Yo la veo en la foto más contenta con Fidel que con Tacho Somoza.
(Se ríe) Es que él es Fidel, le digo… tenía años de querer tenerlo frente a mí, porque yo de chavala lo admiraba. Al principio con la revolución era un personaje digno de admirarse. Al tenerlo frente a mí fue emocionante. Él en la foto hace chiste conmigo.
¿Se sintió más en ambiente con Fidel?
Sí, más que con Somoza.
¿No admiraba a Somoza?
¡Nooooo!