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Sedimentos desvían caudal del San Juan

* Aguas se adentran en río Colorado, en territorio del país vecino, mientras aquí 32 kilómetros están soterrados * Director del Ineter comparte opinión de que la única solución es el dragado * Daños se remontan a siglos atrás, y Cleveland exoneró a ticos de compartir gastos para mantenimiento

Vladimir López

Más de doce millones de toneladas anuales de sedimentos provenientes de Costa Rica, a través de las aguas de los ríos Frío, San Carlos y Sarapiquí, es lo que está soterrando un trecho de 32 kilómetros del río San Juan, ubicado desde la bifurcación o delta hasta San Juan de Nicaragua, aseguró el director del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), Claudio Gutiérrez.
El ingeniero Gutiérrez reveló que ese dato de 12 millones de toneladas de sedimento lo obtuvo de un estudio que realizó en 1976 la firma de Estados Unidos “U.S, Burean of Reclamation”, por lo que para esta época esa cifra debe haber aumentado de manera considerable, y obviamente ese trecho se está secando y se ha vuelto innavegable”.
Explicó que ese transporte masivo de sedimentos ha “rellenado” el cauce que va hacia San Juan de Nicaragua, desviando la mayor parte del caudal hacia el río Colorado de Costa Rica, es decir, que el agua nicaragüense del río San Juan, a causa de esa basura sedimentaria, se desvía hacia territorio tico.
Agrega que debido a esa situación, la disminución del caudal del río San Juan ha contribuido a la acumulación de grandes cantidades de arena en la bahía de San Juan de Nicaragua.
Única solución: dragar
El ingeniero Gutiérrez coincide con la solicitud que hizo el vicealcalde de San Juan de Nicaragua y con la posición del doctor Mauricio Herdocia, de que dragar el río San Juan debe ser un imperativo nacional para poder mantener la navegación y salvaguardar la soberanía nacional.
Aclaró que en Nicaragua la institución adecuada para realizar esa obra es la Empresa Portuaria Nacional, pero que el Ineter podría contribuir con la realización de un estudio o mapa del fondo del río para determinar las variaciones sedimentarias existentes, y crear las condiciones objetivas para el dragado.
“Eso perfectamente lo podemos hacer”, dijo, “tenemos los recursos técnicos y humanos necesarios para ello, y los costos no serían más que los gastos operativos que se requieren para movilizar personal, viáticos y combustible”.
Aseguró que ese estudio, ya con los mapas levantados, no duraría más de 45 días, y ello le permitiría a la Empresa Portuaria Nacional planificar mejor el trabajo.
Daños de siglos
El director del Ineter destacó que desde antes de 1858, las autoridades nicaragüenses de esa época estaban conscientes de que los daños que ya se ocasionaban en el río San Juan con el cierre del caudal y de la bahía, eran a consecuencia de los sedimentos que desde esa época venían de territorio tico.
“Por eso es que Nicaragua pide”, recordó, “ante el Presidente de Estados Unidos en esa época, señor Grover Cleveland, “que Costa Rica contribuya a pagar los costos para el dragado, que desde esa época ya era necesario hacer, pero el señor Cleveland negó esa solicitud”.
El ingeniero Gutiérrez citó textualmente el cuarto punto de la resolución del laudo Cleveland que dice: “La República de Costa Rica no está obligada a concurrir con la República de Nicaragua a los gastos necesarios para impedir que se obstruya la bahía de San Juan del Norte (hoy San Juan de Nicaragua), para mantener libre y desembarazada la navegación del río o puerto o para mejorarla en beneficio común”.
El punto cinco del laudo Cleveland, citado por el ingeniero Gutiérrez, agrega que “la República de Costa Rica no está obligada a contribuir con parte alguna de los gastos que haga la República de Nicaragua en cualquiera de los referidos objetos”.
Para el director del Ineter, probablemente el hecho de que el presidente Cleveland para esa época “le haya cantado cero” a la petición de Nicaragua, que ya visualizaba la contaminación del río San Juan por parte de los ticos, fue porque para entonces se desconocía el concepto de cuenca internacional, que señala que si lo que hace un país afecta los intereses de otro, tiene que pagar los daños ocasionados.
Para el ingeniero Gutiérrez, desde antes de 1858 Nicaragua tenía la suerte de contar con buenos hijos, que visualizaron el daño que hoy nos ocasionan los ticos y que en su momento reclamaron ante la única instancia posible de ese momento: el presidente de Estados Unidos, Grover Cleveland.