Nacional

Ni xenofobia ni rottweiler los detienen


Gustavo Alvarez

A pesar de que “el rojito” --como se le denomina al café maduro-- tiene inundados los cafetales de Nicaragua, muchos cortadores como Byron Villavicencio prefieren viajar a otro país a recolectar el café, en busca de mayores beneficios. Su experiencia en Costa Rica y Guatemala lo han convertido en un cortador internacional.
Al igual que Villavicencio, muchos de los cortadores nicaragüenses que están laborando en los cafetales del país, prefieren trabajar en los países vecinos, pero no lo han hecho por la falta de recursos para costear el viaje.
Encontramos a Byron en la hacienda cafetalera San Dionisio, en San Marcos, Carazo, donde entró a trabajar porque prefirió pasar las fiestas navideñas con su familia en Nicaragua, pero considera que gana más fuera del país.
“En enero voy a trabajar a Guatemala”, afirmó, mientras esperaba que le midieran lo que había cortado durante el día.
Agregó que estuvo trabajando en Cartago, Costa Rica, donde “el medio”, la medida del café para el Pacífico, se la pagan prácticamente al doble que en Nicaragua.
En esta cosecha se está pagando el medio de café a cinco córdobas, dos córdobas más que el año pasado.
Según Villavicencio, en Costa Rica se lo pagan a 10 córdobas, además de otros beneficios como el transporte, que aquí no se los proporcionan.
Este joven no sólo se ha dedicado al corte de café en el extranjero, sino que también ha trabajado en el corte de caña y la construcción.
El poder cortar café en alguno de los países vecinos es un deseo que también tiene Sebastián López, pero la falta de dinero para costearse los gastos del viaje lo obligan a quedarse en su país recolectando la cosecha.
“Me falta plata para irme”
López llegó este fin de semana a la hacienda El Porvenir, en Carazo, para recolectar café y obtener así algún dinero para mantener a su papá, que se encuentra enfermo.
“Por la falta de plata no puedo dar las vueltas para irme. Los gastos para el pasaporte no los tengo”, subrayó.
El trabajador manifestó que se corta 15 medios de café al día, con lo que obtiene 75 córdobas durante la jornada diaria. “No mantengo a mi familia con lo que gano y no me ajusta para el medicamento de mi padre que está enfermo”, expresó.
Julio José Sánchez, un habitante de la comunidad de San Ignacio, dijo que se tuvo que quedar cortando café en Nicaragua porque no pudo sacar su pasaporte.
Familia las echa todas en cortes
Sánchez recibe la ayuda de su esposa y de dos de sus hijos, logrando cortar un máximo de 30 medios de café, por lo que recibe 150 córdobas en el día.
Explicó que cuando concluye la cosecha cafetalera se dedica al cultivo de pitahaya y otras frutas, en una pequeña propiedad de media manzana que posee.
“Se gana sólo para la comida”, dijo el campesino, y agregó que parte del salario se gasta en transporte de su vivienda a la hacienda cafetalera.
Endi David Mejía es un trabajador del campo que por primera vez se está dedicando al corte de café. También quiere irse a trabajar fuera del país, pero tiene la misma excusa: falta el dinero para los gastos del viaje.
Agregó que generalmente se dedica a la agricultura y trabajos de jardinería, pero que no le ha ido mal con el corte de café.
Prefieren su patria
Pero no todos tienen la intención de irse. Dejar a la familia y enfrentar el rechazo en otros países son los motivos que frenan la salida de muchos nicas, quienes prefieren quedarse a trabajar en su país.
Éste es el cas o de Pascual Aguirre, quien aseguró que nunca ha viajado fuera ni tiene deseos de hacerlo.
“No me ha dado ganas, porque no me gusta andar largo”, expresó el cortador de café.
Aguirre vive con su mujer y ocho hijos en Diriomo, y durante todo el año se dedica a trabajar en los cafetales, ya sea en el corte, la poda o la limpieza.
Está cortando cerca de 20 medios al día, unos 100 córdobas, pero aseguró que sólo le alcanza para la comida.
Jacinto Martínez es otro de los que se niegan a viajar.
Considera que irse a Costa Rica es buscar la muerte.
“Peor que ahora hasta los animales le echan a uno. Bien estoy en mi tierra natal”, subrayó.
Martínez afirmó que sus hermanos se vinieron de Costa Rica, porque es cierto que hay empleo, pero los ticos humillan al nicaragüense, “en vez de agradecer porque por los nicaragüenses salen adelante y ellos (los ticos) son los que se ganan los billetes”, expresó.
Suficiente mano de obra
Los administradores de las fincas cafetaleras consideran que existe suficiente mano de obra para recolectar con éxito esta cosecha.
Guillermo Vargas, responsable financiero de la hacienda San Dionisio, dijo que siempre tienen suficiente mano de obra, ya que está conformada por gente de las comunidades vecinas.
Añadió que generan empleo a 650 cabezas de familia, quienes llegan acompañados de sus parientes a cortar el café.
Vargas afirmó que los precios internacionales del café no son los mejores, que los costos de producción son altos y que los cortadores no están ganando mal, ya que algunos obtienen mil 200 córdobas a la semana, y es peor irse a pasar dificultades a otro país.
Mujeres cortadoras
En los cafetales no faltan las mujeres y los niños. Nora Cerda y una amiga transportaban los sacos de café vistiendo sus trajes camuflados, como si se tratara de un combate diario contra el desempleo y el hambre.
Ayudada por su hija, Nora recolecta 23 medios en el día, por lo que recibe 115 córdobas, parte de lo cual tiene que dar a su hermana, quien se queda en la casa cuidando a sus otros dos hijos.
Las mujeres trabajan duro en la agricultura. Después del corte continúan en la poda y la limpieza de los cafetales.
Ana María Romero, una mujer de 63 años, también trabaja recolectando café en compañía de su nieta para ayudarse a los gastos de la alimentación diaria, en una cosecha que se espera sea de lo mejor, pero que los cortadores consideran que apenas les permitirá sobrevivir.