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Los del Mitch olvidados en el tiempo…

** En la extrema pobreza, dicen que les bastaría comer un tiempo al día **Algunos tienen que caminar hasta dos kilómetros para encontrar agua, mucho menos que rieguen cultivos ** Las fundaciones e instituciones llegaron en el momento de dificultad para apoyarles, pero pasando la tragedia no volvieron a aparecer

Es una comunidad apacible, polvorienta y asoleada. Se sitúa a más de 100 kilómetros de Managua, sin embargo para muchas personas es una parte desconocida, pues sólo los pueblerinos que observaron el desastre del Mitch, conocen la comunidad El Tanque.
El Tanque era la finca donde se sembraba algodón para la época de Somoza, pero que posteriormente declinó su cultivo y los dueños quedaron al vaivén. Con la crisis que originó el Mitch, los damnificados del volcán Casita tomaron posesión de ella.
“Eran pésimos los tiempos que vivíamos en el Casita, pero fueron peores con el derrumbe. Deambulamos de lugar en lugar. Al inicio, nos refugiaron en la Escuela Juan XXIII, donde pasamos más de tres meses”, dijo Dominga Amado, damnificada por el Mitch.
Decididos a reponerse, dejando a tras el luto por la familia que perdieron en la catástrofe, se tomaron varias fincas, entre ellas: El Tanque, Santa María y El Bosque; para comenzar de cero y extenderse hacia delante. Querían dejar atrás su pasado.
“Al inicio fue duro, pero con el apoyo de todas las personas que nos enviaron su ayuda, la situación se sintió menos”, expresó Amado.
Pero, a la intemperie, en casa de plástico y cartón enfrentaban el más grande obstáculo: tener una tierra propia, donde colocar su ‘champa’. En este sueño – al comienzo- les cofinanció un proyecto el Gobierno de la República Federal de Alemania, el cual benefició a 162 familias productoras del volcán Casita.
Proyecto abre y cierra esperanza
Con toda la esperanza por delante, el Proyecto de vivienda abrió las puertas de una vida mejor a los productores damnificados del Mitch, pues incluía pozo, unidad sanitaria, economía de patio… un proyecto con una economía autosostenible.
“Se podría decir que en un comienzo todo era color de rosa, pues teníamos agua, luz y casa; además una manzana de tierra donde sembrar”, dijo Máximo Martínez López, uno de los habitantes de la comunidad El Tanque.
Sin embargo, toda esta esperanza cerró la posibilidad de que nuevos proyectos se impulsaran. Actualmente, esta comunidad está sepultada en el olvido, hasta de la misma municipalidad.
Seis años después del proyecto, carecen de agua. La tecnología solar que implementaron en el pozo – tan sofisticada- dejó de funcionar, dejando sin abastecimiento del vital líquido a la mitad de la población.
“Ahí como podemos, algunos han perforado pozos y nosotros tenemos que ir a traer agua donde el vecino que nos regala”, expresó Amado. Según pobladores, algunos tienen que caminar hasta dos kilómetros para jalar agua.
Sin alimento para vivir
Pero el más grande problema que enfrenta la comunidad El Tanque es la falta de alimento para vivir, pues el proyecto “autosostenible”, no funcionó como se esperaba. Pues si tienen tierras, no tienen las semillas ni el capital para sembrar.
Estas personas viven de la siembra. Arroz, frijoles y maíz, son algunos de los cultivos de la zona, pero para que se den, los agricultores tienen que endeudar la vida. “Tanto debemos que no sacamos, ni para comer”, expresó López.
En medio de las vicisitudes de la extrema pobreza, esta población trata de subsistir, pues les bastaría comer un tiempo al día, sin embargo lo hacen una vez cada dos o tres días.
El frijol, arroz y maíz que cultivan no es para venderlo, pues no cuentan con la facilidad para hacerlo, sino para alimentarse. Muchas de estas cosechas perecen por la falta de agua y de cuido, porque las familias descuidan su plantío para ir a buscar horizontes en haciendas y hasta en el ingenio “San Antonio”.
Todo el año se rebuscan la vida. Van al corte y selección de la caña, ‘con eso tenemos para comer unos tres meses, más o menos’, según López. El resto del tiempo los pobladores buscan fincas donde brindar sus servicios en el campo.
“Cooperativa de la comunidad, usurera”
A pesar de tener una manzana de tierra para sembrar, las posibilidades son pocas, porque la cooperativa cobra demasiado interés –según ellos-: les hace préstamos de un mil 500 córdobas, de los cuales deben pagar el 20% mensual, cantidad que a veces no lo sacan del cultivo, sino de los otros trabajos que rebuscan.
“De qué nos sirve que nos presten, si tenemos que entregarles más de la cosecha”. Estas personas necesitan proyectos de autosostenimiento eficaz, para que puedan salir adelante.
Los cultivos están descuidados y secos, con demasiada carencia de agua. “Pues si a veces no tenemos agua para nosotros, no podemos gastar lo que no tenemos en el cultivo”, era una de las afirmaciones que recibíamos de los pobladores.
Olvidados por todos
Podría decirse –por las expresiones de los habitantes- que se sienten más que olvidados por el gobierno central y el municipal (Posoltega), pues desde que fueron puestos en estas parcelas, jamás han tenido un apoyo de éstos.
Igualmente, las fundaciones e instituciones llegaron en su momento de dificultad para apoyarles, pero pasando la tragedia no volvieron a llegar.
Comunidad desolada
El único espacio con el que cuentan son dos callejones polvorientos, en el que ni se miran pasar las personas –porque la mayoría de éstas, pasan el tiempo fuera de sus hogares. Una que otra carreta jalada por bueyes pasa de vez en cuando por el camino.
Las pocas personas que están en sus viviendas mantienen la esperanza de que sus familiares regresen con algo de dinero para comer. Otros se han dedicado a producir, en vez de alimentos, escobas. Esto les da un poco más.
El centro de salud, aunque está dentro de la zona, no cuenta con los recursos para abastecer las necesidades de este sector. En caso de gravedad, para llegar a Managua, tienen que esperar el bus que pasa cada dos horas. “Y cuando se enferman los niños en la noche, tenemos que consentirlos hasta que en la mañana los trasladamos a Managua”
Morir también representa un problema, pues el cementerio más cercano se encuentra en Posoltega y tienen que viajar hasta allá para darle cristiana sepultura a sus seres queridos.
Sin una navidad
Sin luces ni árboles navideños en las casas y a unos días de Nochebuena no comentan qué esperan recibir. Aunque en su interior anhelan tener alimento en el plato de sus hijos y llegarles a comprar los uniformes para el próximo año escolar, pues bien deteriorado se encuentra con los que terminaron este año.
La mayoría de la población de El Tanque son niños menores de trece años, los que no tienen garantías en sus derechos a la salud, educación, alimentación y recreación. Sueñan muchos de ellos con ser profesionales y vivir en la capital, pues confiesan que es donde hay dinero.
Aunque se ha mal entendido la celebración navideña, siempre es importante ofrecer aquello de lo que tenemos a los más necesitados. “En esta navidad esperemos que el niño Jesús les traiga a la memoria de los gobiernos la existencia de nosotros. Que recuerden, que existe una Comunidad que se llama El Tanque, y que se está muriendo en el olvido”, expresó Amado.
Leyenda…. Tanque2. JPG (Fotos archivada el 9 de noviembre de 2005)
YAOSKA DÁVILA/ END
De la entrada a la comunidad El Tanque, sólo se miran salir las personas en sus carretas en busca de mejores horizontes.
Leyenda… Callejón. JPG
YAOSKA DÁVILA/ END
La calle polvorienta, asoleada y desolada es la característica de la comunidad El Tanque.
Leyenda… Familia. JPG
YAOSKA DÁVILA/ END
La comunidad el Tanque está poblada en su mayoría por niños menores de los trece años. La familia de la señora Dominga Amado es una de las más pequeñas.
Leyenda… Familia. JPG
José Talavera/ END
Plantíos de arroz, frijoles y maíz son remplazados por una planta parecida al trigo para hacer escobas.