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Nuestra Señora de Guadalupe


La aparición de la Virgen de Guadalupe se remonta a los tiempos de la conquista de América, en los territorios de México a manos de Hernán Cortés; cuando en 531 y a escasos doce (1519) de la llegada de los españoles, al recién convertido indio Juan Diego Cuauhtlatoatzin (El águila que habla), se le manifiesta la Reina del Cielo en el cerro del Tepeyac desde el 9 de diciembre hasta el 12 del mismo mes.
Ella lo saluda en su lengua nativa el náhuatl, y se llama a sí misma con el nombre de Coatlaxopeuh, que significa “aquella que pisa la serpiente” (comparar con Génesis 3,15). Envía además un mensaje a fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México.
Es la voluntad de la Santa Señora, que se le construya un templo en su honor en el sitio de las apariciones, en donde ella se encargará de oír las súplicas de quien la invoque, y de remediar todos los males por su bendita intercesión.
Como era de esperar, al pobre indígena se le tildó de loco, pero en vista de su insistencia el alto prelado le manda a pedir a la Señora del Cielo alguna señal divina.
La Virgen accede a esta petición y manda a su siervo a cortar diferentes rosas de Castilla en el mismo cerro.
Aquí se produce el primer milagro, pues como lo confirman los botánicos era imposible que en el frío mes de diciembre, pudieran florecer de forma natural las rosas, en lo alto del monte.
Al llegar al palacio obispal y estando solamente en su presencia, el indio Juan Diego deja ver su blanca capa en donde había guardado las rosas tocadas por la Señora, y para asombro de todos aparece la preciosa imagen de la Virgen Santísima.
El mismo jerarca la llamó con el nombre de “Guadalupe”, en recuerdo de una advocación mariana en Extremadura, España, y coloca la milagrosa tilma en su capilla privada, hasta que se construyó la primera iglesia en el sitio de las apariciones.
El santo indígena se trasladó a vivir en una pequeña celda en el cerro del Tepeyac, dedicándose a la oración y a la atención de los peregrinos hasta su muerte en 548.
Otro hecho importante es que en torno a la Virgen de Guadalupe se creó pronto una enorme devoción, se logró en los primeros diez años la conversión de no menos de ocho millones de aztecas y la unidad de su pueblo fracturada por la conquista extranjera.
Ya sobre las pruebas históricas se encuentra plasmada en el código Escalada, descubierto por un jesuita español, y fechado en el mismo año de 1548.
Igualmente, se conoce el famoso relato Nican-Mopohua, escrito por el también indio Antonio Valeriano, entre los años 1545 y 1550.
II. Milagros y análisis científicos
La tilma o ayate es una pieza fabricada con fibra de maguey, el manto consta de dos partes, en el centro se puede distinguir una costura de hilo del mismo origen que las mantiene unidas. Sus medidas son aproximadamente 1.66 metros de largo por 1.05 de ancho.
Llama la atención para los expertos textiles como la manta, que estuvo expuesta directamente al medio ambiente, el polvo, insectos y la intensa humedad, hubieran creado una especie de protección natural durante al menos los 116 primeros años de su exposición; posteriormente fue protegida por una urna de cristal.
Es casi imposible que una capa que suele tener una duración máxima de veinte años, se conserva intacta y con aquella viveza en sus colores después de más de 470 años.
Tampoco se explica cómo ha resistido los negros vapores de infinidad de candelabros y lámparas que ardían día y noche a escasa distancia de la impronta.
Además, la tilma ha sufrido la continua frotación de cientos de miles de estampas, distintivos, banderas, escapularios, medallas y manos; sin afectarla en lo más mínimo.
En 1791, mientras un orfebre limpiaba el marco de oro y plata que protege la imagen, un frasco de ácido nítrico se derramó accidentalmente sobre la parte superior del ayate, según los especialistas la caída de este ácido corrosivo hubiera provocado una considerable destrucción al tejido, pero nada de esto sucedió.
Aparece, eso sí, una mancha amarilla que está desapareciendo con el tiempo. Asimismo, en la mañana del 14 de noviembre de 1921, un obrero depositó un ramo de flores cargado con dinamita en el altar mayor de la antigua basílica; la bomba hizo impacto a escasos metros de la urna.
La explosión demolió las gradas de mármol del altar mayor, los candelabros, floreros, ventanales de las casas vecinas y un Cristo de latón se dobló; pero para sorpresa de todos, ni siquiera el cristal que cubría la imagen de la Virgen sufrió ningún daño.
En 1785 se fabricaron don copias de la Virgen Morena, con los mismos materiales y por los mejores pintores de la época; sin embargo, las reproducciones no fueron iguales a la original, y con el tiempo se fueron descolorando y deshaciéndose.
En 1936 el Premio Nobel de Química, Ricardo Kuhn examinó dos fibras del manto, llegando a la conclusión que el origen de los colores no pertenecían a ningún elemento animal, vegetal o mineral.
Seguidamente, en 1979 se llevó a cabo nuevas investigaciones por científicos de la NASA, con el apoyo de la tecnología moderna. Se descubrió que toda la imagen de aquel tosco e imperfecto material no fue pintada por mano humana; el rostro de la Guadalupana es perfecto y no tiene ningún trazo de pincel.
La túnica rosa y el manto azul son tan brillantes y coloridos, como si acabaran de ser hechos, además, tienen un simbolismo, pues son los colores del dios supremo de los aztecas, sólo el emperador podía utilizarlos; sobresale en el pecho unas cintas negras que era llevada por las indígenas embarazadas.
Así, la Madre del Redentor presenta a su Unigénito al Nuevo Mundo. La Señora también está sostenida por un ángel cuyas alas son de las plumas del Tzinitzcan, usadas por los aztecas para confeccionar los ornamentos más preciosos y considerados superior al oro.
Las estrellas que lleva en su vestido corresponden a la exacta posición de las principales constelaciones en el solsticio de invierno, es decir, del momento de la aparición. Por lo tanto, toda la Virgen de Guadalupe es un mensaje cifrado de acuerdo con la cosmovisión de los nativos mexicanos.
III. Los ojos de la Virgen
Para los científicos, lo que más les llamó la atención han sido las figuras humanas descubiertas mediante ampliaciones por computadora, en los ojos de tan sólo cuatro milímetros; en ellos aparecen, entre otros, el santo vidente y el obispo Zumárraga.
Incluso, si se pasa un haz de luz con un oftalmoscopio en los ojos negros de la Virgen, se puede apreciar cómo el iris brilla y adquiere profundidad; fisiológicamente son perfectos, ó como si estuvieran vivos.
IV. La emperatriz de América
La Virgen de Guadalupe fue declarada en 1910 por el papa San Pío X, como “Celestial Patrona de toda América y las Filipinas”; su fiesta religiosa se celebra el 12 de diciembre.
Su basílica es la segunda más visitada en todo el orbe católico, después de San Pedro en el Vaticano. Son innumerables los milagros, las curaciones, las gracias y conversiones que se le atribuyen a la “Morenita del Tepeyac”, cumpliendo así la promesa que le hizo a San Juan Diego: “No estoy yo aquí que soy tu Madre”.
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