Nacional

Una Obispa que enfrenta la contra reforma agraria

*** Es vicepresidenta de la Federación que aglutina casi a 70 millones de luteranos regados en el mundo. *** “Soy pastor de pastores”, dice la dama de origen salvadoreño, y revela que aún dentro de las iglesias evangélicas ver a una mujer en un cargo causa escozor entre aquellos que se consideran salvos en Cristo y camino al Cielo *** A políticas económicas que provocan desempleo y hambre las llama proyectos de muerte que “van en contra del proyecto de vida de nuestro Señor Jesucristo”

Edwin Sánchez

De haber seguido el curso normal de su vida, hoy en vez de entrevistar a la primera Obispa que hay en Nicaragua y América Latina, tendríamos a una monjita aceptando el mundo tal como viene, pero Victoria Cortés, una dama de origen salvadoreño, decidió un destino vedado para las mujeres de cualquier credo: anunciar y denunciar.
Su palabra es directa, demasiado franca, y huye de la práctica varonil eclesiástica de hablar mucho sin arreglar nada, sobre todo en temas donde otros sólo aplican fugas teológicas graduadas a la imagen de sus conveniencias temporales: “Mi reino no es de este mundo…”.
Y si Lutero clavó 95 tesis en la puerta del castillo de Wittemberg el 31 de octubre de 1517, la Obispa luterana clava las suyas este 11 de diciembre de 2005 en el corazón de Nicaragua: los terratenientes recuperan en Chinandega sus tierras y el campesinado es echado a rodar porque no le dan asistencia para sembrar. ¡Paremos esto! ¡El Cafta es parte de las estructuras de pecado, y todo lo que trae muerte es pecado! ¡La pobreza no viene de Dios, viene del egoísmo de los seres humanos!
Socióloga, economista, con maestría en administración de empresas, licenciatura en teología, casi por alcanzar el doctorado en esa especialidad, esta semana llegó al primer aniversario de ser la Primera Obispa de Latinoamérica de la Federación Luterana Mundial.
“Más que un título es un gran honor que siento que viene de Dios. Los luteranos no miramos el obispado como algo jerárquico, sino que es un título administrativo, entonces mi función es velar por la unidad de la Iglesia y velar por la fidelidad al evangelio y soy pastor de pastores”.
El machismo no tiene credos
Fue ordenada en 1990, y como Obispa cumplió este ocho de diciembre un año de ostentar un cargo que tampoco la ha salvado --como dirá más adelante-- del machismo secular que atraviesa a toda la sociedad, incluida la Iglesia evangélica.
Con todo y su alta investidura, no se comporta como una jerarca al estilo de los vecinos de religión. Basta unos momentos de cualquier mañana para saber que en su vida no hay cambios que puedan indicar el grado de su alto cargo. Entra a su propia oficina casi pidiendo permiso. Su palabra es pausada, y aunque en determinados minutos expone su fe y el compromiso cristiano, el sermón impositivo que suele escucharse desde el púlpito de cualquier credo, se torna un consejo platicado, una guía para mejorar lo que queda de hoy y lo que falta de mañana.
“La Palabra da vida”
“Nuestro trabajo es en los barrios pobres de Nicaragua y en el campo, porque es ahí donde la Palabra penetra en los campesinos y eso les da vida, sabiendo que su dignidad humana es algo tan grande porque somos hijos e hijas de Dios”.
Vino a Nicaragua en 1983, en el 90 se ordenó y en 2004 alcanzó el título de Obispa, a la edad de 60 años.
El hecho de ser la primera Obispa, ¿cómo es recibido dentro de la Iglesia Evangélica?
“Cuando hablamos, en un concepto muy general, en la Iglesia Evangélica hay todavía algunas donde la mujer no puede ocupar el púlpito, no pueden ni siquiera leer la Palabra de Dios. Son diferentes corrientes de interpretar el evangelio, cómo vivirlo, pero hay muchas iglesias evangélicas que me han aceptado y me dan el respeto que merece mi investidura de Obispa”.
¿Como mujer le ha costado mucho tener este protagonismo desde el 90?
“En general yo siempre pienso que las mujeres somos mujeres y por lo tanto el segundo lugar que ocupamos en la sociedad siempre se siente. Cuesta mucho cuando nosotros hablamos que nos escuchen. Tenemos que hablar dos veces y hablar bien, y los hombres pueden hablar cualquier cosa y ya estuvo.
“Yo lo puedo sentir en Nicaragua: algunas mujeres se alegran ¡tenemos una obispa!
¡Yo nunca había visto esto! Se ve como algo novedoso, rompe esquemas, porque el modelo que se tiene es el modelo episcopal de la Iglesia Católica donde nunca, por ahora, habrá mujeres. No es fácil”.
Se podría decir que el sector evangélico es parte de los sectores avanzados de la sociedad, sin embargo, ha privado el machismo, la imposición de un género sobre otro, ¿así lo experimentó usted entre la gente que dicen ser convertidos, salvos, que han entregado su alma a Cristo, que van al cielo?
“Mire, esto que me dice lo he vivido. Al principio me deprimía antes de ser ordenada obispa y aún ahora de obispa, ya es un poquito menos. Generalmente nuestros hermanos evangélicos en la dirección son hombres, y decían: que ore fulano, que lo haga el otro, y así. Pero yo me dije: ¡qué pasa aquí, si yo también soy cristiana, soy mujer y también sé orar! ¿Por qué a mí no se me dice que ore? Esas son cosas que a cualquiera le podría parecer sencillas, pero dentro de nuestro ser eso es importantísimo porque la oración es una comunicación con Dios. Aun así, he utilizado la humildad para poder ir penetrando en ese mundo de hombres dentro de mis hermanos evangélicos”.
¡Es decir que hay machismo evangélico!
“No, hay machismo en toda la sociedad, y los evangélicos son parte de la sociedad”.
Es la primera mujer en la historia eclesiástica de Nicaragua con la investidura de este alto sacerdocio. En términos personales, ¿cómo lo asimila, la llena de satisfacción, qué representa para usted?, porque es un hecho histórico…
“Es un orgullo, pero no de vanidad, sino un orgullo de “¡Gracias Dios mío porque tú me los has dado! Es como que Dios me ha llevado de las manos por estos senderos dentro del pueblo pobre nicaragüense, porque ahí estamos. Porque nosotros, además de llevar la Palabra de Dios, llevamos proyectos de vida, y esto es lo que se llama pastoral integral. Si vemos en el campo que alguien se está muriendo, debemos atacar también este problema, pero no sólo atacarlo, sino decir que la pobreza no viene de Dios, viene del egoísmo de los seres humanos. Dios no quiere que seamos pobres, porque Él nos ofreció la tierra nueva y la vida nueva, donde verdaderamente fluya leche y miel, vida y vida en abundancia”.
Por la forma en que lo dice no es sólo una hermosa metáfora bíblica, sino vivencial.
“Nosotros partimos de que la dignidad humana de que estamos imbuidos es por ser hijos e hijas de Dios, y éste es el valor más grande que tenemos: ser hijos e hijas de Dios, y nos permite a nosotros luchar porque una nueva Nicaragua sea posible, porque Dios está aquí con nosotros”.
¿Pensó algún día llegar a estas alturas de la dirección eclesiástica en Nicaragua? ¿Lo tenía en mente, fue un proceso gradual, aprovechó las circunstancias? ¿Cómo hizo su biografía?
“Fue un proceso gradual de necesidades, en la medida que iba caminando como Iglesia, íbamos sintiendo tener a una persona de relaciones con otros hermanos de iglesias, de la sociedad civil, y mis hermanos fueron como presionando, diciendo, y por qué no tenemos un obispo. Esto fue más emotivo que estudiado, si nos ponemos a ver todos los documentos de la Federación Luterana Mundial qué significa un obispo. Sí, soy una obispa del pueblo, y mi teología la he aprendido en la universidad de la vida y he ido caminando con Dios y hemos llegado a esto porque Dios así lo ha querido.
“No fue algo que yo me haya propuesto: ésta es mi meta, ser obispa. Sí puedo decir que tengo metas intelectuales como ser doctora, eso sí es algo que me lo propuse y hasta ahora he tenido tiempo”.
Fue católica hasta los 13 años, ¿qué pasó que no se sintió bien en la Iglesia?
“Siempre tuve inclinación religiosa, y la espiritualidad era algo que me acompañaba todos los días de mi vida. Yo quería ser monja, pero mi papá dijo: “Noooo, no…”. Era la única opción que yo tenía en ese tiempo para trabajar con la espiritualidad. Cuando tenía 13 años yo iba todos los domingos a misa y el sábado me confesaba. Un día llegué tarde y el padre ya se iba, y entonces le dije: -- Padre, por favor, yo quiero tomar la comunión, confiéseme.
“Él me respondió: --¡Ay, Vicky, para oírte decir lo que siempre me decís todos los sábados…! ¿Para qué te querés confesar? Mañana tomá la comunión.
“Para mí fue tan duro eso, porque me botó todo lo que entonces creía y por lo que yo me confesaba. Desde ese día no volví a la Iglesia, no volví… cuando ingresé a la universidad, era la época en que querían que uno fuera materialista, objetivo, y uno esconde sus sentimientos cristianos.
“En pláticas con los estudiantes de economía, en la época en que el marxismo estaba en boga en los años 70, me di cuenta de que había otra gente que pensaba como yo, que creía en Dios, y nos fuimos juntando, y casi era un secreto que éramos cristianos. Podíamos hablar de otras cosas, pero sentíamos a Dios en el corazón. Estaba de moda Pablo Freire y organizamos un grupo para alfabetizar con su método. Ahí estudiamos más la Biblia, porque de eso se trata el método. El obispo Medardo, de la Iglesia Luterana, nos llamó en El Salvador si podíamos ir a su Iglesia, y así llegué en 1972 a esta Iglesia”.
Casada y con tres hijos, esta dama dice que es normal que haya una mujer en el obispado dentro de la Iglesia Luterana, sólo que “todavía no es masivo, pero en Estados Finidos hay como ocho obispas, en Alemania cuatro”.
¿En América Latina?
“Sólo yo”.
----Recuadro----
“Si yo callo, las
piedras hablarán”
La Obispa desde su posición ve en Nicaragua un país lindo. “Y lo más lindo que tiene es su gente. Yo que trabajo con un pueblo pobre, veo que cada día tiene menos que comer. Me da tristeza que implementamos proyectos, se terminan y no vemos mayores resultados porque la pobreza se va incrementando. La política de apoyo a los pequeños productores no existe, y todo el mundo anda vendiendo sus tierras porque no tienen cómo sembrar. En una comunidad yo me paré: nadie vende más. Y vamos a ver cómo hacemos para producir.
“Algunos terratenientes han recuperado ahora sus tierras como en Chinandega, entonces dije: no, nadie más vende. Y el que venda se va de la Iglesia, porque no es justo que ustedes nuevamente van a andar rodando.
“Y establecimos una política de apoyo a la microempresa, y facilitamos préstamos. Pero quiero decir que no es fácil trabajar con préstamos, tenemos proyectos de microempresas con mujeres y producción agropecuaria con hombres. Las mujeres pagan al 100 % y los hombres cuesta que paguen. Siento, no sé si es herencia del FSLN que todo condonaba, pero… qué cuesta ir desarrollando esa cultura de responsabilidad.
“Creo en una Nicaragua mejor porque creo en Dios. Y Dios siempre escucha el clamor de su pueblo y no nos puede dejar así”.
La Obispa tiene esa facilidad nada sibilina como los varones de mitra de no andar con rodeos. Por ejemplo, no dice: “Los especialistas son los que conocen del tema del Cafta, nosotros como Iglesia sólo esperamos que redunde a favor del bien colectivo, ya que el Concilio…”. No, ella más bien, siendo mujer, no se escuda en faldas:
“No van a poder competir los pequeños productores con el Cafta. Para los ricos es una gran oportunidad, pero para el campesino eso es triste”.
¿Es una estructura de pecado?
“Naturalmente así la veo, porque todo lo que provoca muerte es pecado. Y eso lo provoca”.
¿El desempleo y el hambre son elementos que promueven la muerte?
“Exacto, es un proyecto de muerte que va en contra del proyecto de vida de nuestro Señor Jesucristo”.
Hay que seguir, dijo, la práctica de Jesús. Él fue destruyendo modelos, esquemas a través de su caminar que fue corto. Su actitud fue de denuncia y anuncio. No podemos quedarnos con los ojos cerrados viendo cómo sufre mi gente. No puedo callar, y si callo, las piedras hablarán.
¿Sueña con una Nicaragua luterana?
“No, mi sueño es ver una Nicaragua cristiana”.