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De los semáforos al bachillerato

*** Con su venta de golosinas y el admirable apoyo de su madre vendedora de periódicos, alcanzó una parte de sus sueños *** Venció, además de la pobreza, a una terrible enfermedad, sufrió tres operaciones y no permitió que nada lo apartara de su camino *** Ahora pone la mira en la universidad, pero los semáforos no dan para tanto, ¿acaso habrá corazones que le ayuden a completar este primer episodio de su deslumbrante biografía?

No se llevan registros, por eso José Antonio Ortiz podría ser el primer niño que sale de los semáforos a la universidad, porque desde los seis años se impuso estudiar a punta de vender golosinas junto a su mamá, enfrentado cotidianamente al peligro de los vehículos.
Su historia está a medio escribir. Este tres de diciembre culminó un episodio de su deslumbrante y prematura biografía que, por supuesto, debe --oigan corazones de buena voluntad-- contar con el apoyo de los que cuentan con medios para que los sueños de un chavalo sean realidad.
Cuando José Antonio fue llevado por su madre a un semáforo, su vida parecía estar sellada con un “rojo”, donde no se atreverían a pasar ni los sueños de ser alguien un día, mientras otros niños contaban con el “verde” de seguir siendo niños, jugando y haciendo todo lo que se puede hacer en los años iniciales.
A la pobreza, a este niño se le sumaba otro semáforo en rojo: un padecimiento de pronósticos reservados. “El Chelito”, así como se le conoce en la calle, nació con una dolencia denominada cólico interno, lo cual le provocaba que su estómago se le engrandeciera.
La enfermedad lo colocaba en una situación donde pocos, incluso adultos y con posición social, son capaces de levantarse. Pero su madre, Martha Lorena Martínez, y su propio temple, no dejaron en manos de la casualidad, del destino o de lo que fuera, cómo debería enfrentar esos duros capítulos de su existencia.
Permaneció nueve meses en el hospital, y producto de ello tuvo que ser intervenido tres veces, y con el medicamento --que gracias a las buenas acciones de una persona de noble corazón se sufragaron-- pudo superar el problema.
Con todo eso que se llama esfuerzo y perseverancia, llegó a conquistar su título de Bachiller en Ciencias y Letras el 3 de diciembre, y demostrar que no hay ningún semáforo que lo pare en esta vida.
Quizás es una meta que muchos jóvenes logran alcanzar sin mucho esfuerzo, sin embargo para José fue una lucha de día a día, de estar todas las mañana vendiendo en un semáforo con una canastita de golosinas, y luego alistarse para asistir a clases por la tarde, como nos narra él mismo.
Historia digna de imitar
Desde los seis años José trabajó con su mamá en los semáforos, vendiendo además de golosinas, periódicos, y es testigo del sacrificio que hizo su mamá para pagarle los estudios, por eso ha sabido aprovechar la oportunidad que Dios le ha dado, como asegura.
“Trabajar en la calle es bien duro, y más cuando sos enfermo o tu mamá padece de algún mal, por eso la admiro y le doy gracias a Dios por el esfuerzo que ella hizo por mí”, dijo el muchacho.
En el Colegio “Cuerpo de Cristo”, con 19 jóvenes más, logró obtener su título de bachiller, y ahora su anhelo es estudiar Ingeniería Civil, en la Universidad de Ingeniería (UNI).
“El Chelito” afirma que nació sin futuro, pero que él mismo, gracias al Altísimo, se lo inventó: nada más que no es cuento, sino una realidad que dice el Bachiller José Antonio Martínez.
“Con sacrificios logré llegar donde estoy, por eso apelo a que un dirigente universitario que lucha por el seis por ciento, nos dé a los jóvenes de escasos recursos la oportunidad de ser unos profesionales”, dijo.
Madre abnegada y orgullosa
Doña Marta Lorena Martínez Mora, una mujer sencilla, es un vivo retrato de la fuerza de voluntad. Su ejemplo caló en su hijo para que concluya una etapa de su vida, de la cual se siente muy satisfecha y orgullosa.
Desde pequeños ha cargado con sus dos hijos, Lorena Marta Tórrez Martínez, de 13 años, y José, de 18 años. Vendió por 15 años golosinas en los semáforos del Intercontinental, pues desde niña así la crió su abuelita y no tuvo la oportunidad de ir a la escuela.
“Gracias a mi Señor que me ha ayudado, y el apoyo que me ha brindado gente de buen corazón, he salido adelante con mis hijos. No les he dado un mal ejemplo, y espero que mi José tenga la oportunidad de estudiar en la universidad”, expresó doña Marta.
Aseguró que todo el tiempo “les he dicho que estudien, pues es lo único que bajo la pobreza les he dado, yo no tuve la oportunidad de estudiar, por eso me he esforzado para que ellos salgan adelante y sean algo en la vida”.
Agradece a Dios que su hijo no es vago ni pandillero. No tiene ningún vicio, sino que es responsable, cariñoso, y la cuida cuando le dan los ataques de epilepsia, momentos en que sus hijos están pendientes de ella e incluso la acompañan a vender.
“Mi hijo tiene las cualidades de una buena persona, y lo que más deseo es que logre coronar su carrera universitaria, que no ande en malas compañías ni en malas cosas, que logre alcanzar sus metas”, manifestó entre sollozos.
Si hay un buen corazón, como es seguro que los hay, la dirección de este joven es en Anexo Villa Libertad, de la Clínica Cuerpo de Cristo, media cuadra arriba y una al sur. ¿Quiere usted ser parte de que concluya bien su biografía? Es la oportunidad de que el semáforo de José siga en verde…