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Liderazgos políticos son “medievalizados”

*** “Es un proceso normal, natural, el Cardenal seguirá representando el alto nivel de su investidura y llevando sobre sí todo el bagaje histórico que su acción aprobada o censurada le ha dado”, dijo Serrano Caldera *** “Todo esto de aislamiento y ruptura con Obando, expresa más un deseo maligno que una realidad”, sostiene Aldo Díaz Lacayo, “y no se derrumba un reino y empieza otro” *** Si el Cardenal disminuye su influencia no necesariamente Brenes lo sustituirá, porque “no se ha empoderado” de su cargo

Edwin Sánchez

El supuesto aislamiento y ruptura de la jerarquía de la Arquidiócesis de Managua con el cardenal Miguel Obando “expresa más un deseo maligno que una realidad”, sostuvo el historiador Aldo Díaz Lacayo, mientras el filósofo Alejandro Serrano Caldera consideró esos cambios en la iglesia como naturales: “No se está derrumbando un reino ni empezando otro”.
“Yo no lo plantearía en esos términos”, nos dijo el doctor Serrano, a quien interrumpimos en sus reflexiones filosóficas para que nos hablara sobre una Iglesia Católica nicaragüense muy inclinada a mezclar lo terrenal con lo divino.
“No se derrumba un reino y empieza otro. Me parece que se trata de un proceso natural dentro de las instituciones, de las figuras que de alguna forma representan a las instituciones. Hay momentos en que se van dando de alguna u otra forma los cambios en la historia”, dijo Serrano.
El doctor Serrano Caldera también señaló, a propósito del rol político de los jerarcas, que el liderazgo político ha “medievalizado” la política, al buscar las “bendiciones” de los curas. En la época medieval, en 1302, el papa Bonifacio VIII con la Encíclica Unam Sancta busca establecer que el poder temporal le pertenece a la Iglesia, basado en la teoría de las dos espadas del Papa: el Estado y la Iglesia, y el pontífice delega en un monarca para el primero.
“A diferencia del medioevo, no es la Iglesia la que busca la incursión política, sino la clase política la que ha buscado legitimarse con la Iglesia, y, de alguna forma mandar mensajes de respaldo, aunque la Iglesia no lo haya dicho así.
“Los actores políticos nicaragüenses y el Estado necesitan avalarse, porque eso es lo que hacen con la Iglesia Católica. De alguna forma, la fuerte presencia de la Iglesia en los años y décadas anteriores nos revela la debilidad política de este país, en donde los políticos han necesitado del Cardenal, y donde un Estado débil, unos partidos débiles y una democracia de baja intensidad, ha necesitado recurrir a otra institución, la Iglesia, para auxiliarse de ella y al mismo tiempo legitimar su discurso.
“No hay que olvidar que el líder político en nuestro país ha recurrido a la Iglesia para obtener legitimidad y justificación, y de alguna forma aparecer junto al Cardenal ha significado en estas décadas anteriores como una especie de discurso tácito que el líder manda a la población, diciendo: “Ya ven, pues, estoy al lado del líder de la Iglesia”. Lo cual revela las grandes limitaciones del quehacer político nacional
¿Esto refleja subdesarrollo y atraso?
“A pesar de todo lo que ha habido en este país, de que este país vive alrededor de la política todos los días, en cuanto al ejercicio de una política moderna este país sigue siendo políticamente subdesarrollado. No quiero decir que la Iglesia no intervenga en la política: creo que tiene una responsabilidad de dar grandes lineamientos y orientación a la nación, lo cual incluye el hecho religioso, cultural, sociológico y económico. No debe negarse el derecho a que fijen sus posiciones en sus pastorales, como ellos juzgan conveniente.
“Donde se ve la tremenda debilidad política nuestra es en la necesidad de la clase e instituciones políticas de recurrir a la Iglesia, aun para los temas cotidianos del ejercicio político, para los pactos, para los acuerdos políticos. Esto denota una pre modernidad política institucional.
“En la medida que se racionalice el quehacer político, que el país se desarrolle políticamente y sus instituciones se modernicen, y deje de ser una cuestión mítica, mágica, en ese sentido la Iglesia va a ser menos requerida por un estamento político, que es autosuficiente para poder resolver lo que tiene que resolver. La responsabilidad de una participación excesiva de la Iglesia, más que de ella, es de la clase política y de la debilidad institucional y estatal de este país.
El historiador Díaz Lacayo subrayó por su parte que no está “muy seguro de que la sustitución de la autoridad religiosa del cardenal Obando dentro de la jerarquía, implique la emergencia del liderazgo de Leopoldo Brenes. Porque Leopoldo Brenes no da muestras de ese liderazgo”.
¿Un “tercerista” entre Obando y Brenes?
Incluso, el ex diplomático llegó a dejar abierta la posibilidad de la aparición de un “tercerista” en el liderazgo emergente.
“Es probable que si Brenes no se empodera de su posición de nuevo líder de la Iglesia Católica en Nicaragua, y si no aprovecha los cambios políticos que se van a dar el próximo año, es indudable que va a surgir un nuevo liderazgo dentro de la Conferencia Episcopal”, señala.
De los cambios que ocurrieron, ambos analistas, en entrevistas separadas, descartan extrañas movidas, intrigas, y otros asuntos más pertinentes al reino de los hombres que de los cielos católicos.
“Es cierto que el cardenal Miguel Obando ha tenido una influencia preponderante y en algunos casos determinante en la historia del país. La historia nunca es unánime, nunca es homogénea en su juicio, siempre hay un saldo positivo y un saldo negativo”, dijo el doctor Serrano.
Expresó que en este momento surge un nuevo liderazgo en la estructura institucional de la Iglesia nicaragüense, pero no significa necesariamente una fractura dentro de la institución, porque por muy importantes que sean las personas en la historia, las personas pasan, pero las instituciones quedan.
Doctor Serrano, ¿no ve en estas movidas de piezas en el ajedrez eclesiástico factores de orden político para el año que se viene muy fuerte políticamente?
“El año se viene fuerte políticamente, pero lo que veo es que hay un nuevo jefe de la institución de la Iglesia Católica que tiene sus métodos, jerarquías y procedimientos; me parece que este nuevo jefe procede como él lo juzga conveniente. El derecho mínimo que él tiene es hacer los cambios conforme al criterio que él crea.
“En poco tiempo veremos cuál es el enfoque y orientación que él le dará a la Iglesia. Independientemente del factor político, en cualquier cambio de jefatura institucional cada persona que llega, sin pretender necesariamente desconocer las realidades que recibe, va a intentar siempre de alguna forma acentuar su propio enfoque, su propio estilo, y para ello requiere disponer del personal que le es más cercano y en el cual más confía.
“Todo es normal en estos cambios, lo anormal sería lo contrario: que no se moviera nada, que todo continuara igual y sólo fuera un cambio nominal. Es decir, aunque haya una perennidad en la institución, sobre todo en la institución de la Iglesia, y cuya consistencia institucional ha atravesado los siglos y los milenios, cada etapa es cada etapa, y cada jefatura institucional en mayor o menor grado le presenta su propia impronta y su propio sello”.
En tanto, el doctor Díaz Lacayo reconoció que si bien no se puede hablar de “una cordialidad absoluta entre el Cardenal y el resto de la jerarquía y de los párrocos del país, tampoco creo que exista una contradicción radical. Es evidente que todo cambio de gobierno implica por lo menos la necesidad de marcar la propia impronta del nuevo líder en la organización, es normal, pero que de ahí eso implique una ruptura total con Obando y Bravo lo veo más como un deseo maligno que como una realidad”.
Precisó que hay hechos evidentes en estos movimientos: la edad del Cardenal, que se aproxima a los 80 años, por sí mismo lo va colocando cada vez más fuera de las posiciones de autoridad sobre el resto de la Iglesia oficial. “Por la otra parte, me parece que el peso del Cardenal no sólo es un peso religioso dentro de la Iglesia, sino un peso político dentro del contexto nacional.
“Y ambos van ir desdibujándose poco a poco en la medida que en el panorama político nacional cambie. Probablemente, el próximo proceso electoral implicará un cambio favorable a la declinación de la autoridad religiosa y política de Obando y Bravo, que a su vez va a converger con el incremento de su propia edad”.
Serrano indicó que él va a seguir teniendo importancia, porque de alguna manera el hecho político que estamos viviendo es una continuidad del mismo en el cual él ha sido una figura protagónica como testigo, garante, mediador en diferentes figuras desde hace 35 años. Eso no es, a mi modo de ver, una situación de cambio de la noche a la mañana.
Probablemente de los nuevos acontecimientos políticos es muy posible que decline su presencia, pero no de una manera excesivamente sensible, porque él continúa manteniendo una autoridad, que aunque no sea ejecutiva, institucional y orgánica, de alguna manera es una autoridad simbólica, representativa.
Díaz Lacayo consideró por su parte que lo más sano sería la división radical entre la Iglesia y el Estado. “Soy partidario de un estado laico, no sometido a ninguna confesión religiosa, pero no creo que exista en el país un movimiento político que esté abanderando el laicismo, y en consecuencia no creo que haya un movimiento que pretenda alejar a la jerarquía católica de la problemática política nacional”.