Nacional

Dolor es de todos

*** “En este pueblo sólo estamos quedando los viejos”, se lamentan amigos y familiares del nicaragüense linchado en Costa Rica *** Sobreviviente relata que su amigo murió en un gesto de nobleza, salvando a sus dos compañeros *** Esta muerte le grita a la cara de todos los políticos que han empobrecido Nicaragua y propiciado el éxodo de nuestros chavalos

Santa Lucía, Boaco
“Matan a nica a puñaladas”, era el titular de la noticia que se leía en un arrugado diario que pasaba por las manos de vecinos y familiares de José Ariel Silva Urbina, mientras esperaban que la bóveda donde reposarían sus restos terminara de ser construida en el cementerio de la municipalidad de Santa Lucía, de donde era originario.
En el camposanto no se escucharon lamentos ni gritos. Las lágrimas de doña Flor Urbina, la mamá de José Ariel, y de sus hermanas Olga y María Auxiliadora, brotaban sin cesar y en silencio ante el féretro gris donde reposaba el finado. Con rostros abatidos, sus tías y amistades no se apartaron ni un solo momento del lugar donde el único sonido fuerte era el de la pala del albañil, el mismo que hasta hace unos días esperaba al hoy occiso para concluir la construcción de la casa de sus sueños.
Doña Ninfa Manzanares, vecina de la familia de José Ariel, no podía ocultar su consternación, porque según ella, en Santa Lucía la mayoría de la gente joven se ha marchado casi masivamente.
“En este pueblo sólo estamos quedando los viejos que no podemos trabajar. Nos duele mucho lo que le pasó a José porque siempre lo conocimos como un muchacho trabajador y responsable, digno hijo de su mamá que es muy religiosa, honesta y humilde”, expresó la señora Manzanares.
Querían sangre
Para su primo Pablo José Mendoza Urbina, José Ariel demostró ser un hombre “cabal” hasta el último momento de su vida, porque aunque se encontraba fuera de peligro, pues iba corriendo más adelante que sus otros amigos, al ver que Antonio Angulo, con quien alquilaba casa estaba tirado en la calle sangrando y a punto de ser rematado por un costarricense, corrió y se abalanzó sobre el agresor, que hundió su arma en él.
“José salvó a Toño, bueno, a los dos, porque esa gente quería sangre, y cuando lo dejaron a él tirado se subieron al carro huyendo del lugar. Ahora los dos que salvó están vivos en el hospital, y él bajo esa capa de cemento”, comentó Mendoza Urbina.
Por ahora ninguno de los familiares que acompañaron el cuerpo de José Ariel regresará a Costa Rica, pues sus familias, sobre todo sus madres, se encuentran muy nerviosas y preocupadas por los actos contra nicaragüenses que se han venido dando.
Impotencia
“Estamos muy dolidos”, dijo uno de los deudos, “pero no lloramos porque a los buenos hombres no se les despide con lágrimas, y él fue un muy buen hombre, sólo nos sentimos impotentes porque no podemos hacer nada para que nuestros familiares regresen de Costa Rica y nada para protegerlos allá”.
Por su parte, el señor Andrés Silva, padre de José Ariel, manifestó que esperaba que quienes acabaron con la vida de su hijo no corran largo y paguen con todo el peso de la ley divina.
“Segaron la vida de mi único hijo varón, un gran muchacho, y deben pagar. Estoy seguro con la fe en Dios, que si la justicia de los hombres no los alcanza la justicia divina no les dará paz”, señaló el señor Silva.
¿Y la Embajada?
El costo total del traslado del cuerpo de José Ariel Silva Urbina fue de 180 mil colones en total (unos seis mil córdobas), recaudados entre nicaragüenses que trabajan en La Guácima, familiares, amigos ticos, alcaldía municipal de Santa Lucía e Iglesias.
“José ganaba poco, alquilábamos una casita entre tres, pagaba su comida y el resto lo mandaba para su casa para la construcción y la comida de su mamá. No tenía ahorros, fue a ese bar porque lo invitaron no porque él tuviese dinero para gastar, trasladarlo fue un gran gasto”, señaló su primo Pablo José Mendoza Urbina.
Aunque uno de los mandatos del Ministerio de Relaciones Exteriores es proteger a los intereses de los nicaragüenses en el exterior y brindarles su apoyo incondicional, esta institución parece haberlo obviado, puesto que el único apoyo que esta humilde familia recibió, fue la caja en la que introdujeron los restos de José Ariel.
“Nos dieron la caja, pero nosotros nos movilizamos en taxis y buses de la morgue a la Embajada y de la Embajada a la morgue; compramos unos timbres, buscamos el vehículo y así nos venimos. Gracias a Dios que llegamos con bien y cumplimos con enterrarlo en nuestra tierra”, concluyó Mendoza Urbina.