Nacional

Perdió a su madre en Horror de Nueva Orleans


Mauricio Miranda

“Andate con Dios. Tranquilo. Vení mañana cuando termine todo esto”. Doña Emelina Pérez Obando no quería que su hijo se preocupara. Ella tenía la certeza de que el huracán “Katrina” perdería fuerza en las horas siguientes, y que con la ayuda de las enfermeras y la asistencia de todos los trabajadores del hogar de ancianos, era suficiente para enfrentar cualquier situación.
“No te preocupés mi hijito, ya mañana me venís a ver”, le dijo mientras le sonreía y le apaciguaba con sus manos tristes y reposadas. Doña Emelina estaba postrada en su cama del hogar de ancianos LaFon, en Nueva Orleans. Tenía noventa y cinco años.
Cuando Nelson Pérez Obando recuerda esas últimas palabras que escuchó de su madre, su voz se entrecorta y cede ante las lágrimas. De paso para visitar a familiares en Nicaragua, aprovecha también el viaje para despejar su mente y prepararse sicológicamente antes de regresar a Nueva Orleans, donde trabaja en el Hotel Chateu Sonesta.
En una conversación que sostuvo con EL NUEVO DIARIO, Nelson Pérez Obando, oriundo de Granada, quien también es escritor y poeta, narró los días aciagos en que tuvo que huir de la muerte y la pestilencia que dejó a su paso el terrible meteoro, catalogado como la mayor catástrofe natural de la historia de los Estados Unidos.
Se quedó por su madre
La mañana del 28 de agosto pasado, los reportes meteorológicos señalaban que si “Katrina” tocaba tierra en el estado de Louisiana, con vientos superiores a los 250 km/h y el mortal desplazamiento de apenas 12 km/h, los daños serían catastróficos.
Desde su apartamento en Nueva Orleans, Nelson Pérez Obando y su esposa Zulay Barbosa se mantenían atentos al avance del meteoro y a las recomendaciones de las autoridades. Aún estudiaban la posibilidad de huir o resistir. Mientras, familias enteras que habían recogido sólo lo necesario, escapaban hacia lugares más seguros. Era el inicio de la tragedia.
Nelson y su esposa tomaron la decisión de separarse. Ella se enrumbó hacia el oeste, a la ciudad de Houston. “Yo me quedé, porque como a mi mamá no se la pudieron llevar, me quedé en el hotel donde trabajaba”, relató Nelson.
A la mañana siguiente, Nelson Pérez, tomó las llaves de su auto y salió en búsqueda de su madre. El escenario era desolador. “Las calles eran ríos, había grandes árboles caídos sobre las calles, sobre las aceras y las casas estaban tumbados los postes de tendido eléctrico, semáforos, rótulos, toneladas de basura…, eso era una cosa espantosa” describió Pérez Obando.
Nelson buscó otras rutas para llegar al hogar de ancianos, pero según él, no pudo avanzar más de tres cuadras. “En una calle había como veinte carros volcados, sobre la otra calle de nuevo árboles caídos, entonces decidí regresar al hotel”, dijo.
Ciudad como de papel
Allí, refugiado en el Hotel Chateu Sonesta, donde aún trabaja en el área de seguridad y mantenimiento, Nelson Pérez Obando esperaba angustiado a que el peligro en las calles disminuyera. Pero al contrario, el huracán destrozaba como ciudad de papel, la cuna del Jazz. En vano, intentó comunicarse por teléfono. Los servicios de agua potable y energía, también habían colapsado.
Después de dos días de enclaustramiento, Pérez Obando --de 61 años-- le informó a su jefe que no podía tolerar más, el no saber noticias de su madre. Esto, a pesar de que la madre superiora del hogar para ancianos le había asegurado que la guardia los evacuaría con anticipación.
Nuevamente salió a los ríos que antes eran calles. Tardó dos horas en llegar a su apartamento que estaba apenas a quince minutos de distancia. Tres cuadras antes de llegar, tuvo que abandonar el vehículo. Una llanta pinchada no le permitió seguir avanzando. El agua le llegaba a la cintura.
De nuevo en casa, permaneció otros dos días, aislado y sin noticias de su madre. De acuerdo con sus cálculos, ella debía ya haber sido evacuada. A pesar de las recomendaciones de algunos vecinos, Nelson Pérez Obando desafió a “Katrina”.
Empacó dos maletas de mano y se dirigió a pie al estadio de fútbol Superdome, porque le habían informado que a ese lugar llegarían buses para evacuar a la gente que suplicaba por medicinas y protección. Pero sobre todo, por agua y alimentos.
Caos y saqueos
“En el camino me encontré con un señor que me advirtió: ‘Ni se vaya a meter allí. Ayer en la noche hubo balaceras, violaciones, y lo que va encontrar es a diez mil personas durmiendo en el suelo’”, relató.
En las calles, los supermercados y las tiendas eran saqueados. Los pocos efectivos de la Policía no podían con la situación de emergencia, y la necesidad de resguardar el orden era imperante. Sin embargo, el caos y la anarquía se apoderaban de la ciudad.
“Cuando llegó la ayuda, muchos morenos que había robado armas comenzaron a dispararle balazos a los helicópteros que llevaban comida, en la noche se veía a los policías liándose a tiros con ellos” era una situación espantosa.
De unos turistas chilenos escuchó comentarios de que llegarían autobuses a evacuar los huéspedes del hotel Holiday Inn. Según Pérez Obando, cerca de las cinco de la tarde, tres buses arribaron. “La gente casi rompe los vidrios para poder entrar. Tenían miedo porque dijeron que los diques estaban rotos, entonces se iba a inundar todito Nueva Orleans”, narró. Pérez no tuvo suerte.
Momentos después, notaron que otros tres buses se aproximaban, y la gente desesperada corrió hacia éstos. “Una señora llevaba a su niñita cargada, un señor anciano también, todos queríamos ser rescatados”, narró Nelson.
“El chofer --continúa Pérez--, cuando nos ve llegar, empezó a gritar: ‘¡No entre nadie, no entre nadie! ¡Sólo los huéspedes del Holiday Inn, nadie más puede entrar!’”
Nelson aprovechó que el conductor intentaba detener a los damnificados para escabullirse y lograr entrar. “Un huésped dominicano me preguntó si yo trabajaba en el hotel, como lo dije que no, me dijo, agachate para que no te vean”, contó Pérez Obando.
En ese autobús se trasladó hasta Baton Rouge. Luego se dirigió a La Fayette. Un poco más seguro, a la mañana siguiente, se dirigió al aeropuerto y viajó hasta Houston, donde lo esperaban el resto de sus familiares. Al llegar, lo primero que hizo fue preguntar por su madre.
Localiza a su madre
“Siete días pasamos buscándola en todos los hospitales a través de Internet”, cuenta Nelson, mientras se enjugaba las lágrimas. “Todos estábamos desesperados, angustiados por no saber dónde estaba, si había muerto ahogada o qué había ocurrido con ella”.
Un sobrino de Nelson localizó a su mamá en un hospital en la ciudad de Monroe. Según se enteraron después, la guardia tardó cinco días en evacuar el hogar de ancianos. Sólo la madre superiora, algunas enfermeras, y familiares de éstos que llegaron a ese edificio para refugiarse, atendieron a todos los pacientes.
La madre de Nelson y otros pacientes fueron trasladados al segundo piso por las enfermeras, ya que el agua había inundado la planta baja.
Murieron deshidratados
Según cuenta Nelson, al menos quince ancianos murieron deshidratados. Sus cadáveres fueron encontrados en el parqueo del edificio. Su madre, sin embargo, fue rescatada con vida. Permaneció dos días en el hospital, con altos niveles de deshidratación.
En el hospital, doña Emelina Pérez Obando, sufrió un ataque al corazón. “Ella murió por el shock de todo lo que había ocurrido, y por no saber dónde nos encontrábamos sus hijos”, solloza Nelson.
El médico que atendió a doña Emelina la mantuvo viva artificialmente por medio de una máquina. “El médico la mantuvo así para esperarnos a nosotros” comentó Nelson.
Por ahora, Nelson Pérez Obando, quien también es escritor y poeta, se encuentra de paso en Nicaragua visitando a familiares en Managua. El dueño del Hotel Honesta, le informó a él y a todos los trabajadores que empiezan a laborar a partir de enero.
“Pero yo sé que cuando regrese, no va a ser lo mismo. Nueva Orleans está devastada y todavía apesta a muerte”, puntualizó Nelson Pérez Obando.