Nacional

El “explosivo” negocio de la venta de pólvora

* Desde finales de noviembre y durante todo diciembre aparecen los tramos improvisados * Los comerciantes en su mayoría tratan de autoprotegerse pese a que les cobran por todo

Son tramos improvisados, de postes de madera forrados de plásticos, a veces con zinc; eso sí, con líneas eléctricas entubadas, como medida de precaución para las ventas. Sin muchos recursos económicos han buscado --los vendedores de pólvora-- cómo proporcionar seguridad a los consumidores, pese a las negligencias de la Policía y los Bomberos.
Muy temerosos de que inspeccionáramos el lugar, los vendedores se nos acercaban a preguntarnos qué se nos ofrecía. Los encontramos en lugares apartados, para evitar que accidentes dañen los alrededores. Hay todo tipo de pólvora para las celebraciones en este mes, desde luces de bengala, candelitas romanas, carga cerrada, bromas pirotécnicas, hasta morteros.
Estos últimos están prohibidos, pero los minoristas alegan que todos los años se han vendido y que no lo pueden prohibir, “sería como enojar a la virgen”, alegan. Los vendedores hasta alquilan --a los compradores-- los ‘lanzamorteros’, por una cuota módica.
Con gozo y alegría llaman a los compradores. Éste es el cuadrante de la competencia, que quien gana es aquel que enamore más, pues los precios no varían de un tramo al otro. Sin embargo, ellos como trabajadores se sienten explotados, pues tuvieron que pagar más que el año pasado y hasta el momento no reciben el servicio adecuado.
Pagos por todos lados
Los comerciantes de pólvora, que durante el año se dedican a otras funciones, como vendedores varios y otros, desde noviembre buscan los permisos necesarios para la aprobación de la venta de pólvora. Es una odisea. Desde solicitar espacio, que la Alcaldía te ubique, hasta que los bomberos lleguen a inspeccionar y posteriormente la Policía.
La pérdida mayor es el tiempo, más el dinero que se paga a todas estas instituciones. El año pasado, según manifestó Esperanza López (vendedora de pólvora desde hace 32 años), a la alcaldía de Managua se le pagó 365 córdobas por un tiempo del 20 de octubre al 10 de enero. Este año cobraron 980 córdobas, porque les sumaron una fianza de 300 córdobas para garantizar que dejen limpio el local, que lo perderían en caso contrario.
De la Alcaldía, por esta suma recibieron sólo la medida de los lotes y la ubicación en determinado lugar. “Es una exageración lo que hacen, pues se ha pagado más por menos tiempo; ya que ahora sólo dieron permiso del 22 de noviembre al 06 de diciembre”, expresó López.
Igualmente, esta institución no es la única que se aprovecha, según ellos, lo hace también la Policía Nacional, pues para extender un permiso les cobran 360 córdobas y hasta la fecha no han llegado a realizar la inspección al lugar.
“Con la Policía, es fácil, sólo tenés que pagar en el banco la minuta de cobro y ya con eso basta. Tenés que pagar por algo que no recibís, pero eso te garantiza el trabajo”, dijo Raúl Teodoro Buchting.
“Estas instituciones no se han aparecido por los alrededores del sitio de venta, solamente desde que les pagamos le vimos la “cariñosa”, pero hacer inspecciones no han venido. La alcaldía vino a medir y los bomberos a inspeccionar las líneas eléctricas”, dijo López.
Sólo bomberos inspeccionan
Según los vendedores, la única institución consciente de lo que implica vender pólvora es la Dirección General de Bomberos, pues éstos sí llegaron a realizar una inspección y a obligar las medidas de seguridad, “y tan sólo cobraron 100 córdobas”, indicó Buchting.
La inspección de los bomberos fue al inicio, “prometieron venir seguido”, pero hasta ahora sólo realizaron la primera.
Por ello, los comerciantes han asumido todas las medidas de seguridad como el de tener un barril lleno de agua, balde cerca, rótulos de No Fumar, un extintor por persona, y han solicitado hidrantes cerca a Enacal, solicitud que ha sido desoída por los funcionarios.
Por su parte, EL NUEVO DIARIO recorrió los alrededores del Barrio Santo Domingo y halló un hidrante a medio kilómetro del puesto del primer vendedor, esquina opuesta a la escuelita que se está construyendo. Asimismo, constató que algunos vendedores no tienen extintores en su tramo.
Unos comerciantes realizan esfuerzos para aplicar correctamente las medidas de seguridad, otros se justifican de no poder --por falta de dinero-- cumplir con los extintores, por ejemplo, pero exigen a los bomberos que coloquen un puesto cerca de atención.
“Los tramos de ventas no son una bomba atómica, se quema el tramo, pero no pasa a más, claro que no deja de ser peligroso”, explicó el comandante Salvador Gallo, de la Dirección General de Bomberos (DGB), ante la exigencia de que existan puestos de atención más cerca de los lugares.
Según Gallo, no es necesario el puesto en todos los lugares, y aunque ellos los ubican en días críticos, no es para los comerciantes, sino para proteger a las personas de las quemas de pólvoras que se dan ese día, ya que varillas y mechones, pueden ocasionar incendios en las casas.
El riesgo que hay con los tramos es que como son construcciones informales, los hace peligrosos el hecho de que, por la temporada, vivan familias enteras en ellos. Eso implica que haya menores en la vivienda y que se realicen prácticas domésticas, como cocinar, con lo que se exponen los explosivos al calor.
Por otra parte, comentó que la DGB no cuenta con la capacidad de estar todos los días en los tramos, y que ahora dependerá de la policía la secuencia de supervisión, pues el trabajo lo tienen que hacer en conjunto.
“No hay recursos suficientes, por lo que no se les puede poner a ellos –vendedores-- un servicio especial de protección, porque si se le pone un camión de bomberos cerca de los tramos, ¿quién resguardará la seguridad de la población en general, en caso de incendio? O quizás, hasta el mismo camión se perjudicaría”, alegó Gallo.
Asimismo, la DGB es la encargada de inspeccionar la distancia entre los puestos y los hidrantes para conocer el territorio y reaccionar a las emergencias.
En caso de incendio, los comerciantes no cuentan con la rapidez para controlarlo, pues no pueden usar los equipos. Como una estrategia a esta necesidad se está tratando que los mismos vendedores formen un comité de seguridad, tal como lo demanda la Ley 510, pero que ha sido descuidada por la Policía.
Este año hay 500 tramos en todo el país, y sólo Managua acapara 300 de ellos, por lo que lo exigen más supervisión tanto de las unidades policiales como de los bomberos.