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María en el evangelio de Marcos


Universidad de Córdoba (España)
Este artículo es fruto de una sospecha: creo que de María, la madre de Jesús, sabemos más de lo que podemos saber y menos de lo que debiéramos. Por eso escribir de María resulta difícil. Primero, hay que despojarse de mucho de lo que nos han dicho de ella; después, hay que volverse a los Evangelios y leer entre líneas lo poco que dicen de ella; finalmente, hay que pararse a reflexionar libres de prejuicios para sacar conclusiones que no desborden el significado de los textos evangélicos, pues la devoción popular y la imaginación de teólogos y predicadores, ha dicho de María muchas cosas que nada tienen que ver con la madre de Jesús, tal y como nos la describen los evangelios.
Reflexionar sobre María es sumamente importante hoy que se preconiza un movimiento de “vuelta a María” que, tras el Concilio, fue, si no olvidada, sí relegada a un papel muy lejano del que le corresponde en el seno de la comunidad cristiana.
No para volver al pan-marianismo de otros tiempos (de María nunquam satis, “todo lo que se diga de María es poco”, se decía), sino para redescubrir su rostro evangélico y definir su papel en el seno de la comunidad cristiana.
De una simple lectura de los Evangelios se constata una fuerte presencia de María en los “evangelios de la infancia” (capítulos 1 y 2 de Mateo y Lucas, especialmente este último) y su casi total ausencia en el resto de los evangelios.
A la configuración de la imagen tradicional de María han contribuido grandemente los pintores.
Éstos, basados en el libro del Apocalipsis e identificando a María -como lo ha hecho la interpretación tradicional de la Iglesia- con la mujer que lucha contra el dragón en Ap 12, la han presentado sobre las nubes y rodeada de ángeles envuelta en el sol, con la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas.
Esta imagen “en ascensión” de María, muy lejana de la tierra, parece haberla rescatado para Dios del mundo de los humanos.
María en el Evangelio de Marcos
Al leer el Evangelio de Marcos sorprende la casi absoluta carencia de datos respecto a María. Marcos, de entrada, no habla del nacimiento e infancia de Jesús, como lo hacen Mateo y Lucas. Su evangelio comienza con la predicación de Juan Bautista.
En este evangelio se llama a María por su nombre una sola vez y en un contexto en el que la figura de María no aparece especialmente relevante, reducida a la categoría de una madre más del pueblo:
¿No es éste el Hijo del carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón?, y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban de él. Jesús les dijo: -Sólo en su tierra, entre sus pariente y en su casa, desprecian a un profeta (Mc 5,3-4).
Los presentes se refieren a Jesús sin pronunciar su nombre y sustituyéndolo por el pronombre “éste”, de claro matiz despectivo. De Jesús se dice que es el hijo de María, no aceptado por la mayoría de los asistentes a la sinagoga, que cuestiona sus palabras y su actividad:
¿De dónde le vienen a éste esas cosas? ¿Qué clase de saber le han comunicado a éste y qué portentos son esos que le salen de las manos? (Mc 6,2b).
Ante esta situación, la respuesta de Jesús es tajante: Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa (en griego oikía, hogar, familia), desprecian a un profeta (Mc 6,4).
Casa se designa en griego con dos términos: oikos y oikía. “El examen de los textos muestra, pues, que en Marcos, oikía añade a oikos el tema de vinculación entre los que se encuentran en ella o componen la familia o, al menos, entre el dueño y los objetos que la casa encierra. Según los textos se insiste en uno u otro aspecto, dominando. sin embargo, el significado de hogar / familia. Oikos, en cambio, tiene el significado de “casa / habitación”; cf. J. Mateos, Los doce y otros seguidores de Jesús en el Evangelio de Marcos, Ed. Cristiandad, Madrid 1982, pág. 252.
Entre el grupo de los que desprecian a Jesús se encuentra también su casa (gr. oikía), esto es, los miembros de su familia.
Ésta es la única vez que aparece en el evangelio de Marcos el nombre de María. Con anterioridad a esta escena, Marcos se refiere a la madre de Jesús sin decir su nombre: Llegó su madre con sus hermanos y, quedándose fuera, lo mandaron llamar.
Una multitud de gente estaba sentada en torno a él. Le dijeron: -Oye, tu madre y tus hermanos te buscan ahí fuera. Él les contestó: ¿quiénes son mi madre y mis hermanos? Y, paseando la mirada por los que estaban sentados en círculo en torno a él, añadió: -Mirad a mi madre y a mis hermanos. Cualquiera que cumpla el designio de Dios, ése es hermano mío y hermana y madre (Mc 3,31-35).
Aparecen aquí dos grupos de personas: uno, el formado por la madre y hermanos de Jesús, que no entra donde está Jesús, sino que, desde fuera, lo manda llamar; otro, el de la multitud, que adopta la postura del discípulo: sentada a en torno a él, en actitud de escucha. La madre y hermanos de Jesús no se encuentran entre este grupo ni, por tanto, en actitud de oír la enseñanza de Jesús.
Están más en línea con la escena anterior: Jesús fue a casa (en griego, oikos), y se reunió de nuevo tal multitud de gente que no podía ni comer. Al enterarse los suyos se pusieron en camino para echarle mano, pues decían que había perdido el juicio” (Mc 3,21).
Los suyos consideran que Jesús no está en sus cabales y tratan de impedir su actividad, actuando en línea con los círculos de influencia de Jerusalén de cuya ideología participan: Los letrados que habían bajado de Jerusalén iban diciendo: Tiene dentro a Belcebú. Y también: Expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios... Es que iban diciendo: Tiene dentro un espíritu inmundo (Mc 3,22.30).
Sin embargo, del hecho de que Marcos no cite a María por su nombre, sino como “madre”, puede deducirse que, en este texto, la madre representa más que una persona física, el origen de Jesús, esto es, la comunidad humana donde se ha criado, y sus hermanos, los miembros de esa comunidad. Marcos no aludiría, por tanto, a la persona concreta de la madre y los hermanos de Jesús, sino que trataría de mostrar con estas expresiones la hostilidad hacia Jesús del ambiente donde había vivido (madre y hermanos). (Así J. Mateos - F. Camacho, Marcos. Texto y comentario, Córdoba, Ed. El Almendro 1994, pág. 105).
Esto es todo lo que Marcos dice de la madre de Jesús en su evangelio, donde ésta no sigue ni siquiera de lejos, como Pedro en la pasión (Mc 14,54), a su hijo ni tampoco se encuentra entre el grupo de mujeres que observaban de lejos la crucifixión: Había también unas mujeres observando aquello de lejos, entre ellas, María Magdalena, María, la madre de Santiago el Pequeño y de José, y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea, lo seguían prestándole servicio; y además otras muchas que habían subido con él a Jerusalén (Mc 15,40-41).
Estas mujeres citadas no son modelo de la comunidad cristiana, pues contemplan de lejos la cruz y observan el lugar donde ponen a Jesús, una vez bajado de ella; para ellas, la muerte ha terminado con el proyecto de Jesús; de ahí que, una vez pasado el sábado, quieran cumplir el rito del enterramiento judío, embalsamando el cuerpo de Jesús y no transmitan el mensaje de la resurrección a nadie: Salieron huyendo del sepulcro, del temblor y el espanto que les entró, y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían (Mc 16,8).
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