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Garífunas luchan por preservar su cultura ancestral

* Ella es socióloga, él abogado, pero muy orgullosos sostienen sus raíces africanas y su inserción en América * La globalización es una grave amenaza para su futuro, aunque el presente lo defiende el aislamiento y el abandono de los gobiernos * Los tambores y sus poderes míticos para la alegría o el duelo

Eloisa Ibarra

Corn Island (RAAS) -Nancy Sambola y Andrés Rochez son dos jóvenes garífunas, orgullosos de mantener su cultura por encima del nivel académico alcanzado: ella es socióloga y él abogado, y están concientes de que el proceso de globalización es una amenaza para preservar el idioma, la danza, religión y costumbres de la comunidad.
Paradójicamente, dice Rochez, el abandono en que por décadas ha vivido la comunidad garífuna de Centroamérica ha servido de caparazón para proteger la cultura negro–afro.
A sus antepasados les tocó morir, en los años 1700, cuando llegaron al continente en barcos negreros y se resistieron a ser esclavos. Hoy, Rochez y Sambola defienden y trabajan porque se conserve la identidad cultural de los garífunas, en medio de todo lo que significa el proceso de globalización.
La cultura garífuna es un híbrido de tradiciones arahuaca, africana y europea, con rastros de su herencia africana en la danza Punta y wanaragua, sus tambores sagrados, fábulas Anancy, culto al antepasado, comidas a base de banano y otras prácticas.
Muchos garífunas muy orgullosamente sostienen sus raíces africanas y prefieren ser llamados “garinagua”, el nombre africanizado para garífuna, y la bandera de tres colores que representa su nación, incluido el negro, símbolo de África.
Su cultura ancestral
El modo de vida proviene de sus antepasados y es evidente en el cultivo de casabe, su preparación de casabe, su pasión por la pesca y el mar, su división de labores, donde la mujer es el sostén de la familia, sus velorios, el uso de maracas en las danzas festivas y su fe en el buyei, como curandero o consejero.
Los tambores juegan un papel fundamental en los ritos y danzas garífunas por sus poderes místicos de convocación. Se usaron tambores para apartar a los nativos curiosos de sus pueblos y subirlos a barcos de esclavos.
Durante el largo viaje por mar esos tambores hacían que los esclavos remaran más rápido y empujaran las flotas. Se dice que cuando los tamboristas dormían, el remo se paraba. Sin ese ritmo explosivo los esclavos también se dormían remando.
Hoy en día el garífuna sigue creyendo en los poderes convocatorios de los tambores. Tras una muerte en la comunidad, tocan sus tambores de casa a casa, como notificación a los vecinos de la muerte y un llamado al velorio, donde bailar Punta y tocar es muy común, porque consideran la muerte una transición.
Toda esa riqueza cultural, única en el continente, es defendida desde diferentes aceras por Rochez y Sambola, líderes de sus comunidades.
La danza “Punta”
Rochez es el director del grupo de danza “Black Man´s Soul”, declarado recientemente en su país, Honduras, Embajadores Culturales para difundir la danza garífuna Punta, cuyo nombre original, banguidy (nueva vida), tiene un ritmo muy complejo y representa la transición de un ser humano a un antepasado.
Sambola es descendiente de Joseph Sambola --fundador en 1912 de la comunidad garífuna en Orinoco, donde se asienta la mayor población de la etnia de la Costa Atlántica-– y es la Coordinadora de la Asociación Afrogarífuna Nicaragüense, nacida 11 años atrás.
Ambos forman parte de los aproximadamente 450 mil garífunas que existen en el mundo, cuya mayor población se encuentra en Belice, Honduras, Nicaragua, Guatemala y Estados Unidos.
Forman parte de un muy reducido grupo con un nivel académico superior, lo que constituye una importante herramienta para defender y demandar a las autoridades con argumentos más sólidos el porqué debe preservarse la cultura garífuna, única en el continente.
El ser abogado le permitió a Rochez cabildear, aunque con muchas dificultades, para que el Congreso declarara al grupo Embajadores Culturales, con lo cual pueden difundir la danza y hasta enseñarla a otras culturas.
En esa lucha por preservar la cultura, muchas veces no cuentan con el respaldo de las autoridades de gobierno y la última prueba de esto fue la reciente abstención de Nicaragua y Honduras para no votar a favor del Convenio Internacional para la Protección de la Diversidad Cultural, aprobado con 148 votos de los 191 miembros de la Unesco.
Sambola y Rochez coinciden en que hoy más que nunca necesitan del apoyo de sus gobiernos, porque la globalización es una amenaza que devora a los pequeños y constituye un peligro para la comunidad garífuna, porque se está perdiendo el idioma.
Aunque Rochez dice que la marginación en todos los aspectos ha sido una capa protectora de su cultura, considera que el reto es entrar en el desarrollo, con la globalización, pero sin perder sus raíces, lo cual requiere de la ayuda de los gobiernos, por ejemplo, brindando educación en la propia lengua.
La falta de educación y de servicios sociales es un denominador común en las comunidades garífunas de Centroamérica. En las escuelas no hay conciencia y los maestros castigan a los niños que hablan su idioma, y son obligados a recibir clases en otra lengua, lo que provoca deserción.
La lucha por su lengua
Para superar esta situación, desde hace cuatro años en Honduras comenzó un proyecto para que el Ministerio de Educación capacite a maestros garífunas que puedan impartir las clases en esa lengua. En ese país hay 36 comunidades y por ahora sólo en pocas funciona el plan.
Rochez cuenta que él estudió derecho y mantiene viva su cultura por la visión de sus padres, que han mantenido el idioma, la cultura dentro del hogar y se siente orgulloso de ello.
Sambola ha trabajado para que los libros de estudio se traduzcan a la lengua garífuna, y se logró que el Ministerio de Educación nombrara maestros en la comunidad de Orinoco, que imparten las clases en la lengua natal.
En Nicaragua se estiman unos seis mil garífunas, asentados en su mayoría en Laguna de Perla, Bluefields y Corn Island y Sambola trabaja en estrechar relaciones con las comunidades de los otros países, incluso, Estados Unidos porque es una manera de hacerse visibles a nivel internacional.
Recuerda que de esa forma se apoyó el documento que preparó Belice para la declaración de la Unesco, años atrás. “Sobrevivir en medio de la globalización es difícil, porque en Nicaragua se está en las peores condiciones, en extrema pobreza, sin luz, agua, ni educación que determinan el desarrollo”, dice Sambola.
Estudió sociología, y aunque se relaciona con personas de otras comunidades y tiene acceso a la tecnología no perdió su cultura porque “sé lo que quiero y más bien me encargué de que se conociera más a la comunidad”.
Durante la Primera Cumbre Garífuna, efectuada la semana pasada, le pidió al presidente Enrique Bolaños un compromiso para ayudarlos a salir de la extrema pobreza, porque el desempleo, la migración a otros lugares en busca de trabajo y la falta de educación, han generado desequilibrio familiar y descomposición de los jóvenes.
Demandó la instauración de un sistema bilingüe porque es el medio de mantener viva la lengua garífuna, declarada Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.