Nacional

Nos robaron Guanacaste

* Anexión era temporal, pero ticos se hicieron de oídos sordos * Obligaron a los pobladores a anexarse a Costa Rica * Canciller debe insistir en revisar el Tratado Cañas-Jerez

Mauricio Miranda

El historiador nicaragüense Rafael Casanova aseguró que la manera como se realizó la anexión de la provincia de Guanacaste (actualmente Liberia) y el partido de Nicoya a Costa Rica en el siglo XIX, fue por medio de “artificios” y violatoria de las leyes de entonces.
Por ese motivo, sostiene que las declaraciones de Norman Caldera, Canciller de Nicaragua, acerca de estudiar la posibilidad de exigir su devolución como respuesta ante la insistencia de Costa Rica de navegación armada sobre el río San Juan, son acertadas.
Casanova basa sus argumentos en la obra del también historiador Emilio Álvarez Lejarza, “Historia de las Constituciones de Nicaragua”. Aseguró que “a Costa Rica se le tendió la mano y se agarró el codo”, aprovechando la inestabilidad política en Nicaragua, y la visión unionista del ministro plenipotenciario nicaragüense Máximo Jerez.
Jerez suscribió con su homólogo costarricense José María Cañas, el 15 de abril de 1858, el Tratado Cañas-Jerez, que determinó los límites de los países tal como se conocen hasta ahora: Guanacaste en Costa Rica y el río San Juan y el Gran Lago en Nicaragua.
“Históricamente quienes poblaron ese lugar (las provincia de Guanacaste y el partido de Nicoya) eran propietarios y habitantes de la antigua Provincia de Nicaragua, si nos basamos en el Utis Possidetis Juris que se decretó en 1810 en el Congreso de Panamá (y que regula las relaciones de los pueblos hispanoamericanos)”, recordó.
Con libro en mano, Casanova demostró cómo el gobierno de Costa Rica empezó con sus intenciones expansionistas sobre la Provincia de Guanacaste y el Partido de Nicoya, cuando el coronel Cleto Ordóñez se levantó en Granada contra la anexión al Imperio de México, que pretendían los independentistas y criollos en 1822.
“En la historia de Costa Rica se enseña que los nicoyanos y guanacastecos querían anexarse a ese país por las guerras y la inestabilidad política, pero esa región era bastante calma, los barcos piratas no pasaban por allí, ni tampoco afectaban las rebeliones indígenas”, señaló Casanova.
Anexión era temporal
Por el contrario, dijo que fue el instigador Pedro Muñoz (resentido con otros lugareños) y una minoría de nicoyanos que “tenían intereses particulares”, y que poniendo como excusa el efecto de la guerra, lograron la anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica en 1824. El 9 de diciembre de 1825, el Congreso Federal ratificó la anexión, pero de manera temporal.
El Congreso Federal escuchó la solicitud de esta minoría, pero no escuchó las demandas del resto de pobladores nicoyanos y guanacastecos en voz del presbítero Pedro Avendaño. Además, desde el año anterior ya el gobierno de Costa Rica había hecho dos intentos por anexar Nicoya a su país a través de un delegado enviado a la ciudad de León, y de diputados enviados al Congreso Federal en Guatemala.
“El Congreso Federal decretó la anexión a Costa Rica, pero como una unión temporal hasta que se hiciera la demarcación del territorio de los estados. Está bien claro, la agregación fue de manera temporal, jamás de una manera definitiva”, apuntó el historiador Rafael Casanova.
Ocho meses después de decretarse la anexión, el 5 agosto de 1826, pobladores de Santa Cruz, Nicoya y Guanacaste, solicitaron al Congreso Federal que se derogara. “Al mismo tiempo dejaron entrever que fue una minoría con intereses particulares los que solicitaron la anexión, de eso existe una amplia documentación”, aseguró el historiador.
“Pero el 15 de ese mismo mes --continuó Casanova--, momentos antes de que el cura Santiago Mora celebrara la misa en la Iglesia Parroquial, vecinos de Guanacaste y el Ayuntamiento Municipal acordaron suspender el juramento que exigía Costa Rica, ya que la agregación no era perpetua, sino temporal”.
Ticos respondieron con violencia los reclamos
Inmediatamente el gobierno de Costa Rica conformó un cuerpo de 150 hombres armados, bajo el mando del “feroz” Pedro Zamora. El militar tico obligó a los pobladores de Santa Cruz trasladarse a territorio tico, ya que de lo contrario quemarían sus bienes y embargarían sus casas. Los pobladores no tuvieron otra opción que aceptar.
“Esta situación de las guerras por supuesto que afectó, pero siempre hubo reclamos de Nicaragua solicitando la devolución de las tierras”, aseguró el historiador. El 3 de enero de 1826, don Pedro Benito Pineda pidió al gobierno tico que se devolviera el partido de Nicoya y Guanacaste, recordándole que el partido de Nueva Segovia, perteneciente a Nicaragua, ya había sido devuelto por Honduras.
“En ese sentido los hondureños fueron menos arribistas que los ticos”, comentó. En abril de 1826, José Miguel de la Quadra solicitó de nuevo la devolución del territorio usurpado, y señaló que sólo algunos pobladores de Nicoya querían agregarse a Costa Rica. Los pobladores de Santa Cruz y Guanacaste querían seguir siendo nicaragüenses.
En 1830, Agustín Vigil pidió también que Nicoya se devolviera como había sido el caso de Nueva Segovia con Honduras, “pero los ticos se hicieron de oídos sordos”, apuntó Rafael Casanova.
Castigo y muerte ante resistencia
Pero, además, algunos pobladores de Nicoya, Guanacaste y Santa Cruz que deseaban seguir formando parte de Nicaragua, sufrieron cárcel, palizas y amenazas, hasta que adoptaran su nueva identidad como costarricenses, según el historiador.
A pesar de los intentos del gobierno tico de eliminar el amor y el sentido de pertenencia hacia Nicaragua, todavía en 1842 éste era muy fuerte. Don Toribio Tijerino fue enviado a conseguir la devolución de Nicaragua a Costa Rica. El delegado fue mal recibido y prácticamente acosado por tropas militares ticas. Aun así, el delegado exigió la devolución de los territorios usurpados.
En seguida, los pro anexionistas elaboraron una circular firmada por el Jefe de Estado de Costa Rica, José María Alfaro, donde se permitía asesinar a cualquier persona que levantara la voz en contra de la anexión, y que el autor del hecho sería gratificado con un empleo a juicio del gobierno.
Casanova aseguró que Costa Rica se confabuló con Inglaterra para chantajear a Nicaragua. “La propuesta que ellos hicieron fue: vamos a devolverles Guanacaste, inclusive más territorio, a cambio de que nos den el río San Juan” aseguró.
Tratado Cañas-Jerez: mal negocio
En 1857, Nicaragua logra expulsar a las tropas filibusteras gracias a la ayuda de los ejércitos centroamericanos. El gobierno de Costa Rica calculó que de nuevo en Nicaragua iba a establecerse la guerra civil, de manera que no se retiró del territorio nicaragüense, desde San Carlos hasta el Río San Juan, según Casanova.
Tomás Martínez y Máximo Jerez pactaron, y este último se encargó de expulsarlos. Según Casanova, Jerez mal negoció los límites porque procuró la soberanía sobre el lago Cocibolca y el río San Juan, pero entregó Nicoya y Guanacaste.
“El problema de los políticos es que no calculan, porque bien pudo haberse recuperado Guanacaste, ya que Costa Rica no estaba preparada militarmente, pero desaprovechó la oportunidad”, comentó.
Revisar Tratado Cañas-Jerez, posición adecuada
El historiador Rafael Casanova aseguró que la posición del canciller de Nicaragua, Norman Caldera, de desconocer el Tratado Cañas-Jerez si Costa Rica continúa con la demanda interpuesta ante La Haya, para exigir derechos de navegación armadas en el río San Juan, es la más adecuada.
“Me parece que es una salida positiva la del canciller Caldera, porque si se hace una revisión de ese Tratado, se van a encontrar soportes de ilegalidad de la apropiación de los territorios de Guanacaste y Nicoya, aunque si se va a un plebiscito gana Costa Rica, pero en términos legales no”, explicó el historiador.
Según el historiador, debe mantenerse esa posición, presionar al gobierno costarricense para ir a una negociación. “Porque aquí se les dio la mano, y ellos están agarrando el codo, el hombro, y lo continúan haciendo, aprovechándose de la situación social que hay en Nicaragua y de la falta de funcionamiento de las instituciones”, puntualizó.
La semana pasada, diputados costarricenses señalaron al canciller nicaragüense de “poco inteligente”, “sobra lengua”, “imprudente” y “cobarde”, al plantear esa medida como respuesta a la demanda de Costa Rica ante La Haya.