Nacional

Horrenda muerte

*** Víctima resultó con 200 heridas, sus dos manos amputadas y algunos huesos expuestos *** Dueño defendió vida de los animales y Canciller envía nota de “pesar” a su homólogo nica *** Nicaragüense era originario de Chichigalpa, y sus últimas palabras fueron: “Échenme algo encima, tengo frío”

Corresponsal Costa Rica
Indescriptible y horrenda fue la muerte del nicaragüense Leopoldo Natividad Canda Mairena, quien no pudo ser socorrido ante el ataque dos enfurecidos perros rottwailler a pesar de la presencia de efectivos de la Policía, vigilantes y el dueño de los canes. Al final el nica resultó con unas 200 heridas, amputadas ambas manos y con un hueso cervical expuesto.
Lo que más llama la atención es que a la hora de la tragedia había varias personas y no intentaron siquiera hacer nada por terminar con la masacre que realizaban los enfurecidos canes.
En el colmo de la indolencia, el encargado de seguridad de la zona, Hugo Ceciliano Rodríguez, declaró a los medios que no disparó a los animales porque “ahí estaba el dueño y no autorizó que los mataran”.
En tanto, el canciller de Costa Rica, Roberto Tovar Faja, expresó a su homólogo nicaragüense, Norman Caldera, “sus sentimientos de pesar y solidaridad” por la muerte del connacional. Esto en respuesta a la “preocupación” que mostró Caldera vía telefónica.
En la comunicación le manifestó “que el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de la Corte Suprema de Justicia, realiza de inmediato las investigaciones pertinentes para establecer las responsabilidades del caso”, y aprovechó para enviarle un mensaje de solidaridad y condolencias a la familia del fallecido.
Gran polémica
La muerte de Natividad causó polémica entre los que alegan que debió prevalecer el principio de salvaguardar la vida humana, independientemente de que estuviese cometiendo un robo. Otros sostienen que los animales actuaron por su instinto y que “el que se mete donde hay perros bravos, ya sabe a lo que se atiene”.
Fernando Montero Piña, abogado, dijo a La Nación, que se debió valorar que la vida humana prevalece sobre la vida animal. Mientras que su colega, Ewal Acuña, opinó que el disparar no garantizaba que matarían al perro, y que incluso se podía poner en riesgo de herir o matar al nicaragüense. Añadió que por ser un lugar cerrado y con los rótulos de advertencia, la persona que se metió sabía del peligro al que se exponía.
En iguales términos se expresó el jefe de la Policía, Walter Navarro, quien además avaló el actuar de sus oficiales. “Respaldamos la decisión de los oficiales de no disparar a los perros porque era peligroso herir a la víctima del ataque”, sostuvo Navarro. Y es que a pesar de que se hicieron varias detonaciones, los rottwailler no soltaron a su presa hasta que los bomberos los alejaron con chorros de agua a presión y ya en estado agónico.
Dueño sigue defendiendo a sus canes
El dueño de los perros y el taller, Fernando Zúñiga, aunque lamentó la muerte, defendió a sus canes oponiéndose a que los mataran por ser “perros de cuido”, y que los tenía porque “estaba cansado de que le robaran”.
“Yo tengo los perros para evitar que me roben, debo asegurar que los carros de mis clientes estén seguros. Los perros ya habían atacado a dos ladrones en el taller que tenía antes, pero jamás han mordido a mecánicos, clientes o amigos”, alegó, y mencionó que él mismo trató de terminar con el ataque, pero que no hicieron caso.
El sangriento hecho comenzó cuando el nicaragüense junto con otros dos individuos ingresó a la propiedad con intenciones de robar, pero al darse cuenta que habían perros salieron corriendo. Los dos primeros lograron saltar el muro por donde se metieron, pero el nica fue alcanzado por uno de los perros llamado “Hunter”. Como pudo se tapó la cara, pero los canes empezaron a devorarle el resto del cuerpo.
Al oír los gritos, el vigilante llamó al propietario. Antes, los policías del lugar sólo hacían presencia, pues los portones estaban con llave. Llegó Fernando con las llaves pero al igual que el vigilante, la Policía y otras personas que se aglomeraban para ver el dantesco espectáculo, no pudieron socorrer al nicaragüense. Fueron los bomberos quienes con mangueras espantaron a los perros y los socorristas pudieron sacar el cuerpo moribundo de Canda.
Tenía frío
“Era terrible escuchar a ese hombre pidiendo ayuda. Tratamos de quitarle los perros de encima”, comentó el vigilante Rodríguez, mientras que los bomberos escucharon decir al nica: “Échenme algo encima, tengo frío”. Fue trasladado al hospital pero falleció producto de las heridas.
Era de Chichigalpa
Natividad Leopoldo Canda Mairena nació en Chichigalpa, Chinandega, un 21 de octubre de 1980. El nombre de su mamá es Juana Francisca Canda Mairena. Su dirección conocida por las autoridades, es que vivía en la Colonia El Polvón en León, aunque en Costa Rica era un indigente que habitaba debajo del puente Gemelos, en La Lima de Cartago.
En la vocería del OIJ se nos dijo que tienen conocimiento de que tiene un hermano y que al parecer vive en Tres Equis, Turrialba, sin embargo aún no se logra localizarlo. En la oficina de prensa se nos indicó que el último reporte que tenían del nicaragüense, es que fue apresado en mayo mientras estaba robando cable. En esa ocasión fue remitido a migración para su deportación por encontrarse ilegal. Antes ya tenía antecedentes delictivos y hasta varias deportaciones adicionales.
¿Hubo o no negligencia u omisión en el actuar de las personas y oficiales que estuvieron en el lugar? ¿Por qué no dispararon? ¿Fue eso lo correcto? Es una labor que ahora deberán despejar las autoridades correspondientes a fin que se determine si es necesario abrir alguna causa penal, debido a que ante la vista y paciencia de los presentes, el nica se debatió unas dos horas en las fauces de los agresivos perros.
josmen_02@yahoo.com