Nacional

En Karawala el “Beta” los agarró por sorpresa

* Alcalde dice que lo dejaron solo, pero no quiere acusar a nadie y prefiere esperar que se decidan a ayudarles

Valeria Imhof

“Todos estamos a la voluntad de Dios”, les dijo el alcalde de Karawala, Leslie Downs, a los pobladores de su municipio unas horas antes de que el huracán “Beta” impactara en la Desembocadura de la Cruz de Río Grande, en la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS).
Eran las siete de la noche del sábado 29 de octubre, cuando a través de una emisora costarricense se informó que el fenómeno iba a afectar Cabo Gracias a Dios, al norte de Puerto Cabezas. De su municipio sólo decían que iban a tener vientos de tormenta de hasta noventa kilómetros por hora, lo que en cierta manera significaba un alivio ante la amenaza de un poderoso huracán que llegaría directamente sobre territorio nicaragüense.
Sin embargo, unas horas después todo cambió. Ese mismo día a las diez de la noche, le dijeron desde Puerto Cabezas que se alistaran porque el huracán iba a entrar en su municipio entre las cuatro y cinco de la mañana. A partir de ese instante, la incomunicación se convirtió en el peor enemigo para el Comité de Emergencia Municipal. “Tratamos de comunicarnos con Bluefields y fue negativo, pero además a esa hora no iba a poder hacer nada, porque si alguien hubiera querido salir se habría muerto en el intento”, relató Downs a EL NUEVO DIARIO.
En ese momento todos los ministros de Estado y la plana mayor de la Defensa Civil estaban en Puerto Cabezas porque supuestamente impactaría en esa región. “Como no teníamos informaciones nunca supimos qué es lo que ellos pensaban o qué es lo que ellos estaban haciendo, porque aquí no podemos comunicarnos”, indicó el alcalde, que pertenece al partido Frente Sandinista.
“No soy Mandrake”
A esas alturas sólo contaba con un barril de combustible, pero además ya era demasiado tarde para trasladar a la gente de otras comunidades a lugares seguros. “Yo soy el alcalde municipal, no soy Mandrake el Mago”, expresó, ante los señalamientos de haber “abandonado” a la comunidad de Sandy Bay Sirpi el día del evento.
“Yo tenía tres barriles de gasolina y le había dado un barril a la gente del río, otro a La Barra, y con un barril de gasolina no se podía mover a 1,800 habitantes que hay en Sandy Bay, a 450 personas de La Barra y a 510 personas que hay en Walpa”, argumentó.
El Comité de Emergencia Regional había llegado el día anterior a Karawala y el alcalde les dijo que necesitaba de quince a veinte barriles de combustible. “No tenía gasolina, y aunque la hubiera tenido, hubiera sido un atentado y un acto irresponsable salir después de las doce de la noche a buscar gente, porque el río se pone como un mar”, dijo Downs.
¿Lo dejaron solo?
Aunque no cobró vidas, “Beta” no perdonó, y dejó daños incalculables en la ya débil infraestructura de las comunidades de Kara, Karawala, Walpa, Sandy Bay Sirpi y La Barra, donde la pobreza campea desde mucho antes que llegara el fenómeno. “Gracias a Dios no murió nadie y la gente --como pudo-- se metió debajo de los tambos de las casas o pusieron tablas para sobrevivir”, narró el alcalde.
Casi dos semanas después del huracán, prefiere no buscar culpables y sólo espera la ayuda del Gobierno y de los organismos internacionales. “Bueno, en cierto sentido podría decir que sí nos dejaron solos, pero no acuso a nadie”, expresó.
Hasta el viernes pasado, el Ministerio de la Familia (MiFamilia) había enviado a esta comunidad 70 casas de campaña y raciones de alimentos para el mismo número de familias; la Iglesia Morava unos 200 quintales de comida y la Cruz Roja 5,000 láminas de zinc.
De acuerdo con los datos proporcionados por el Comité de Emergencia Municipal de Karawala, 382 viviendas se quedaron sin techo, y 42 viviendas, seis iglesias y cuatro escuelas resultaron destruidas.
La demanda en este municipio no es sólo de alimentos e infraestructura, sino de semillas, ya que los pobladores perdieron el ciento por ciento de los cultivos de maíz, frijoles, quequisque, yuca y malanga. Según el Comité de Emergencia, fueron afectadas 219 hectáreas de arroz, 118 de maíz, 205 de yuca y 305 hectáreas de banano. Además, se perdieron 1,850 nasas y 128 pozos resultaron contaminados.