Nacional

Beta, soplo de destrucción

* De Managua sólo ha llegado una brigada del Minsa y alimentos a cuenta gotas * Escasez de comida ya se hace sentir entre afectados y lo que llega se raciona * No hay energía eléctrica y afloran afecciones respiratorias y diarreicas

Valeria Imhof

RAAN -Mordikeo James Wainmam de 89 años, es una de las personas en Karawala que desde hace tres días duerme junto a su hijo, Milton Valeriano, en una casa de campaña donada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
El huracán Beta le desplomó la casa, arrasó con sus tres hectáreas de cultivo y lo dejó sin nada. “Estamos comiendo de la donación”, murmura este anciano mískito, quien habla español con dificultad.
Su vivienda de madera quedó destruida, y ahora lo único que pide es que le ayuden a reconstruirla lo más pronto posible. A pesar de los daños dejados por Beta en Karawala, la presencia gubernamental es casi nula.
De Managua sólo ha llegado una brigada del Ministerio de Salud (Minsa) y una que otra donación de dos candidatos políticos detrás de un cargamento de víveres del partido rojinegro. Así llegan los alimentos, “a cuenta gotas” y con sus propios recursos, los pobladores han comenzado a reconstruir lo que quedó de sus viviendas.
Perdieron todo
Una gran parte de la población de Karawala lo perdió todo: casas, cultivos, ropa y enseres domésticos. Además, no hay alimentos en este lugar, salvo lo poco que llega de las donaciones. Tampoco hay agua, luz y nada se puede rescatar de las cosechas.
La escasez de alimentos ya se puede notar entre los dos mil 800 habitantes de esta zona. Lo poco que llega está racionado y se distribuye entre todos. “Estamos abandonados, sólo nos han venido a ver en helicóptero y se van. Si el gobierno central no hace presencia cuanto antes con alimentos, la situación se agudizará”, dijo el reverendo José Luis Cerna, gerente de proyectos de la Iglesia Maranhata.
Cerna conoce perfectamente a esta población, pues dirige un programa de construcción de cien viviendas en la desembocadura de Río Grande. Señaló que en la comunidad de Kara todavía hay muchas familias en refugios, quienes necesitan alimentos, y en Walpa hay 112 niños que no tienen donde vivir.
“La ayuda oficial no ha venido, lo que ha llegado es gente particular que trajo algunas cosas de manera individual, como el primer barco del FSLN y luego la comida que entregaron los candidatos del PLC”, dijo el reverendo.
Incomunicados
Indicó que están incomunicados y que carecen de lo más elemental para la movilización y refrigeración de alimentos, que es el combustible, un insumo que en sus distintas presentaciones está costando 90 córdobas por galón.
“Nos habían asignado 20 barriles de diesel, pero a la fecha sólo han llegado seis y no tenemos combustible para llegar a comunidades que están sobre el río y que fueron afectadas por el huracán, por eso no sabemos cómo están”, agregó.
Cero sistema de agua
El doctor Juan José Amador, Director de Epidemiología del Minsa, informó que desde este lunes una brigada médica de 13 personas se encuentra en la zona para evaluar el estado higiénico sanitario. “Hemos encontrado bastantes deficiencias, los sistemas de agua no existen y la población prácticamente se está abasteciendo de agua de pozos construidos artesanalmente, cavados a mano y con mucha tierra”, precisó Amador.
Señaló que en los puestos de salud de Sandy Bay y Karawala el techo se desplomó, pero lo más grave es que no tienen electricidad. Mientras que en las comunidad de Kara, la Barra de Río Grande y Walpa, el Minsa carece de infraestructura propia para atender.
La enfermera María Teresa Zamora dijo que las enfermedades que están proliferando en Kara son afecciones respiratorias, diarreicas e infecciones en las vías urinarias. Agregó que todos los pozos se inundaron y las personas se abastecen de esa agua contaminada, lo que está contribuyendo con este problema. Las autoridades de salud hacen un llamado para que cloren el agua.
Sólo quedaron las paredes
Del puesto de salud base de Kara sólo las paredes quedaron en pie, por lo que las atenciones se están brindando en la escuela. Las iglesias católicas y anglicanas también resultaron destruidas y sólo la Iglesia Morava tuvo afectaciones parciales.
Antonio Bans, anciano de la Iglesia Morava de Kara, dijo que perdieron totalmente las cosechas de arroz, yuca, malanga, quequisque y coco; y los pobladores ni siquiera pueden ver sus plantaciones pues los árboles están en el suelo, sobre los obstaculizados caminos.
“Estamos recibiendo un poco de ayuda de la alcandía de Karawala, pero después no sé qué vamos a hacer”, dijo Bans, mientras recorría los lugares más afectados por Beta. Agregó que la ayuda llega lenta y pidió que se entregue directamente a la comunidad.
Juana Cruz, una de las pobladoras, ayer recibió dos libras de frijoles, cuatro de arroz, un litro de aceite y cinco libras de harina; pero su preocupación es qué pasará más adelante. Su inquietud era lógica: perdió todo y está posando en casa de un familiar con sus tres hijos, de nueve y seis años, y otro de nueve meses.