Nacional

Nicas: piezas vitales en agroindustria tica


Corresponsal Costa Rica
Puerto Viejo, Sarapiquí, Provincia de Heredia.
El banano y la piña representaron el año pasado para las exportaciones de Costa Rica, 789 millones de dólares; y para este año se espera que la cifra entre los dos productos ande en similar porcentaje. El banano se ubica como el tercer producto de mayor exportación, mientras la piña ocupa el quinto lugar.
Entre ambos, la piña es la que mejor crecimiento ha tenido en los últimos cinco años, mientras que el banano se ha logrado sostener a pesar de las pérdidas que se han originado por la baja del precio y hasta por el nuevo arancel que quiere cobrar la Unión Europea.
Obviando por unos instantes esos aspectos y centrándonos para descubrir en quién recaen en gran medida esos resultados positivos --tanto para las exportaciones como para la economía costarricense--, nos encontramos que la mano de obra del nicaragüense es la que se destaca en esas labores, no sólo del que goza de un estatus, sino también del indocumentado.
Detrás de esas labores está el rostro de miles de peones nicaragüenses que han abandonado su tierra, familia y hasta sus mujeres e hijos, para tener la oportunidad laboral que sus gobiernos les han negado en su patria. En la zona norte, la mano de obra pinolera supera el 90 por ciento en las labores agrícolas, es por ello que “aunque no los quieren”, los necesitan para hacer el trabajo que los ticos “olvidaron hacer”.
EL NUEVO DIARIO se adentró en esos lugares donde nuestros paisanos no son vistos con desprecio o como una carga, sino por el contrario, “es bien recibido” y su presencia es muy solicitada, porque a muchos ticos “ni les interesa, ni se acuerdan de que pueden trabajar en el campo”. A pesar de que son “bien recibidos” en las bananeras y en las piñeras, los nicaragüenses no están ajenos a los maltratos, capricho de los administradores; persecución sindical y hasta bajos salarios. Sin embargo, no tienen de otra y “se la juegan”, la “pulsean”, porque en Nicaragua la cosa está dura.
Lo que los nicas
hacen
Aunque no gozamos del agrado de los administradores de las piñeras y bananeras que visitamos, durante tres días compartimos con nuestros “paisas”, yo con mi libreta y preguntas, e Isidro Hernández (fotógrafo) capturando las imágenes que demuestran que el nicaragüense es vital en la economía agroindustrial de Costa Rica.
A continuación les presentaremos algunas facetas de los nicaragüenses que laboran y viven en una bananera. ¿Qué hacen en sus ratos libres? ¿cuál es su jornada? ¿sus familiares? ¿cómo pasan una noche? ¿qué piensa de su Nicaragua?
También podrá conocer la participación de los nicaragüenses desde que se siembra la piña hasta que se exporta, y para cerrar esta serie de reportajes, conozca la lucha diaria y tenaz que enfrentan contra la Policía Municipal de San José, cientos de paisanos por vender en las calles aledañas al mercado de la Coca Cola y el Parque La Merced, las famosas “cosas de horno”, comidas típicas, pero también hay quienes se la rebuscan con otros productos, en diversos semáforos.
En la bananera
En una bananera el día a día es de mucho trabajo. La jornada comienza muy temprano y se termina llegando a las 4 de tarde. Mientras los hombres cortan las guineas, las transportan a la planta, cortan maleza, hacen los surcos para que no se empoce el agua, cubren la fruta para que no se manchen, fumigan, miden la fruta… una buena cantidad de mujeres labora en la planta, donde se encargan de cortar los almácigos de banano, seleccionar la mejor fruta y mandarla a empaque.
Los salarios varían: unos tienen salarios fijos, otros lo hacen por contrato, y hay quienes reciben lo “que al patrón” le viene en gana, según su estado anímico. Las noches son una rutina constante, llegar a cenar, descansar y ver “tele”, o bien ir un rato a la soda para conversar o escuchar música con los “bachers”. Los fines de semana son similares, son casos especiales cuando hay alguna fiesta en los alrededores o bajan hasta el pueblo.
A pesar de que el trabajo en una bananera es muy pesado, en muchos de los casos pasa inadvertido, sin embargo, para la economía de Costa Rica no lo es, porque en los últimos 5 años ha representado que se pueda exportar un promedio de 500 millones de dólares anuales.
De 8 a 14 dólares al día
No importa que llueva o que el sol amanezca como para evaporarlos, el lodo o las enfermedades tampoco son obstáculos para que millares de nicaragüenses cumplan su jornada y se ganen entre 4 y 7 rojos (4 mil o 7 mil colones, entre 8 y 14 dólares), por más de 8 horas al día de trabajo. A esto se le resta la comida que consumen los que no la llevan.
A unas dos horas de San José en autobús, llegamos al centro del poblado de Sarapiquí. Ligia Lamich, mujer destacada en la lucha sindical por los derechos de los trabajadores en las bananeras, nos espera para trasladarnos a la finca “Las Gacelas” donde sería el inicio de nuestra labor. “Aquí es más fácil preguntar cuántos ticos trabajan en las bananeras, que acertar la cantidad de nicaragüenses”, nos dijo para empezar la coordinadora nacional y representante de la mujer por Latinoamérica de las bananeras en Costa Rica.
Abordamos un taxi que nos llevó por una hora y unos minutos hasta nuestro destino. A los pocos minutos de salir, las plantaciones de bananos nos acompañaron durante el trayecto; en el camino los peones que no viven en los “cuadrantes” (como ciudadelas dentro de las fincas) iban enrumbándose a sus casas en las cercanías del poblado. Sus rostros reflejaban la ardua labor del día que había transcurrido, lidiando con la lluvia por momentos y después con el sofocante calor.
En una silla tipo “abuelita” nos encontramos con don Rafael (Rafa) Víctor Víctor. Supera los 50 años, y desde muy pequeño lo trajeron de su natal Rivas. Él nos ayudó, al igual que Marcial Navarro Aráuz, a descubrir ciertas interioridades de su “cuadrante” y de la misma bananera.
Ligia, antes de retornar al pueblo, nos explicó que la transnacional “Chiquita” tiene en la zona 12 fincas similares a “Las Gacelas”, mientras que en Zurquí posee otras 4. “Aquí la lucha es diaria no sólo con el trabajo, sino con los patrones, a quienes no les gusta que los trabajadores reclamen sus derechos”, nos dijo al despedirse.
“Bien, muchachos, bienvenidos. ¿Toman café?”. De inmediato nos metió en confianza y empezamos “a rayar el cuadro” para comenzar el trabajo. “Aquí la jornada comienza a eso de las cuatro de la madrugada, unos vienen en bicicletas y los otros que vivimos aquí en el cuadrante nos integramos unos minutos después”, expuso don Rafa.
“Las Gacelas” cuenta con unas 220 hectáreas. El costo por caja de banano le sale en unos 4 dólares y sacan 2,630 cajas por hectáreas. El cuadrante alberga unas 10 casas donde viven los peones con sus familias. Ahí cuentan con agua potable, energía, escuela, una soda (comedor) y una parada de bus. Ha habido intentos de clausurarlo, pero sindicalmente se “han parado fuerte” y se ha evitado el desalojo.
josmen_02@yahoo.com