Nacional

Venta de comida callejera como alternativa de ingresos

* Comercio informal que ofrece agua, fritangas, jugos, cajetas, atoles y frutas * 85 por ciento de población centroamericana consume productos de la calle

Oliver Gómez

República Dominicana
La venta callejera es una importante fuente de empleo en Nicaragua, y eso lo puede comprobar el gobierno, midiendo su impacto en la economía, un estudio que seguramente revelaría cifras escandalosas pues mucha gente de Centroamérica sobrevive gracias a esta ocupación, que deja entre tres y cinco salarios mínimos al mes.
De eso está convencido José Valenzuela, asesor del Instituto de Formación Tecnológica (Infotec) de República Dominicana, quien estudia la evolución de este comercio que tiene su epicentro en los semáforos y esquinas de las principales ciudades latinoamericanas.
En un encuentro de organizaciones de consumidores en la capital de Dominicana, Valenzuela expuso los últimos resultados alcanzados en el permanente estudio de esta actividad, la que es definida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), como: “alimentos y bebidas preparados para ser vendidos por otras personas en las calles”.
A manera de ejemplo, mencionó que en el comercio informal se pueden encontrar productos como: helados, carnes, embutidos, fritanga, agua, ensaladas, jugos, cajetas, atoles, elotes, tortillas y frutas enteras, peladas o cortadas en trozos.
Sobreviviendo al fantasma del desempleo
Precisó que es la única actividad informal donde la presencia femenina supera a la masculina en cantidad, pues es una forma de sobrevivir al fantasma del desempleo, ya que el 85 por ciento de los centroamericanos consume venta callejera por: cultura, tradición y economía.
Este especialista asegura que el incremento de personas en este comercio informal es un reflejo del deterioro de la vida rural. “Es comida sabrosa, pero en un comercio desleal, que debe ordenarse porque es parte de nuestra economía y nuestra cultura, algo que no debemos obviar”, agregó.
Manifestó que los ciudadanos asumimos de forma despectiva el término “callejero”, cuando en realidad estamos hablando de las mismas calles que utilizamos, por esa misma razón estas ventas eran reprimidas hasta hace 20 años.
Sin embargo, la FAO reconoció la importancia sociocultural, económica y sanitaria de estas ventas, en una resolución emitida en una reunión celebrada en Lima, Perú, en 1985. “Se decretó que por una situación económica mundial, iba a incrementar en nuestros países, y se necesitaba reglamentar con ayuda de las autoridades sanitarias, la Policía y los mismos vendedores”, dijo.
Fue en 1990, en Guatemala, que la FAO concluye que se trata de un comercio de gran impacto en la economía, pero antes de emprender acciones políticas o legales al respecto, los gobiernos primero deben medir sus indicadores para conocer su importancia, de lo contrario, cualquier medida es aventurada.
Heredando el negocio
Familias enteras se dedican y heredan este negocio, según Valenzuela, pues existe un poder económico proveedor debajo de estas luces de los semáforos, y muestra de eso son las transnacionales de las gaseosas y los celulares, que en los últimos años han contaminado este comercio.
Explicó que en los cálculos de rentabilidad se debe incluir el contrabando de estos productos y la falta de pago de impuestos por esta actividad, lo único que contemplan regular los gobiernos cada vez que se acercan a estos vendedores, pero ¿cuánto deja de percibir el Estado?, preguntó.
“Hasta hoy nadie puede decir oficialmente si este negocio es rentable o no, por falta de indicadores oficiales”, dijo, y para quienes busquen una respuesta a esta pregunta, recomendó también calcular los beneficios que se les debe entregar a estas personas ante la aplicación de cualquier gravamen.
Esto último lo consideró el asesor de Infotec al mencionar las debilidades que tienen estos productos en su proceso de producción, distribución y comercialización; entre ellos: deficiencia sanitaria, inseguridad y falta de condiciones y regulación.
Uso indebido del agua y energía
Señaló que los vendedores carecen o hacen uso indebido del agua potable y energía eléctrica para este comercio, igual que de los servicios sanitarios. “No tienen refrigeración o calefacción para estos alimentos”, expuso.
Apuntó que muchos comerciantes usan pequeñas vitrinas con bombillos instalados para proveer supuesto calor a los alimentos, cuando en realidad lo que hacen es proveer luz y un ambiente saludable para incubar bacterias, “pues no es lo mismo la luz que calor”.
“Es el mismo caso del hielo, donde la gente se confía porque no se pueden hallar microbios, pero en la manipulación de este hielo se crea el agua y allí se proveen los microbios”, agregó, al destacar que la contaminación ambiental es parte de este comercio que sobrevive al lado de la basura, vehículos, aguas residuales, insectos y roedores.
Valenzuela subrayó que entre los últimos resultados obtenidos en los estudios, se destaca que en estos alimentos existe un alto contenido de sal, azúcar y un aceite que fue muy utilizado previamente en grandes comercios, como hoteles, bares y restaurantes, quienes venden este producto quemado a un precio favorable.
La invitada indeseable
Sin embargo, recordó que la protagonista y mayor debilidad de este negocio es la mosca. “Es nuestra invitada por excelencia, y quienes estudian este insecto bien saben que no llega solo... llega por invitación nuestra, por nuestros hábitos de producción, distribución, comercialización y consumo”, comentó.
Resumió que en todos los países de Latinoamérica no existe la comida callejera sin compañía de la mosca, “es un común denominador que las autoridades sanitarias deben vigilar, sin reprimir a los vendedores, pues se trata de alimentos de nuestra identidad, de nuestra cultura”, concluyó.