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Nicaragua con deshonroso récord de subnutrición

* 27% de los nicaragüenses están mal nutridos y un mismo porcentaje de niños entre 6 y 9 años padece retardo de crecimiento * Apenas un poco por encima de Haití y con mucho “a la cabeza” de Centroamérica * Todo en informes oficiales de la FAO dados a conocer en el Día Mundial de la Alimentación

Valeria Imhof

No es Mongolia, Camboya, Kenia ni Sudán pero Nicaragua comparte con estos países el triste récord de pertenecer a la categoría cuatro, la penúltima posición de los países con mayor subnutrición en el mundo. Las cifras no son nada alentadoras: el 27 por ciento de los nicaragüenses está en esta condición y un mismo porcentaje de niños de seis a nueve años tiene retardo de
crecimiento.
Nicaragua está en segundo lugar después de Haití con un 47 por ciento de subnutridos y está a la cabeza entre los países centroamericanos con mayor inseguridad alimentaria. Panamá ocupa el segundo lugar con el 22 por ciento, Guatemala con el 24 por ciento, Honduras con el 22 por ciento, El Salvador con 11 y Costa Rica con el cuatro por ciento. Sin embargo, los últimos estudios indican que en Nicaragua ha habido una “leve mejoría” entre 1990 y 2002 bajando el índice del 30 al 27 por ciento.
“La situación es bastante seria, las tres cuartas partes de la población en Nicaragua está por debajo del mínimo alimentario que le permita satisfacer sus necesidades nutricionales básicas y aproximadamente el 49 por ciento se encuentra en niveles deficiente y crítico de ese nivel mínimo de suficiencia alimentaria”, dice Loy Van Crowder, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Nicaragua, a propósito del Día Mundial de la Alimentación, que se celebró el 14 de octubre.
No hay acceso a los alimentos
Tenemos tierras, pero no alimentos. Esta paradoja, propia de Nicaragua, es un tema clave a la hora de hablar de hambruna, sobre todo en el área rural.
“Un gran problema en Nicaragua es que no se tiene acceso a la producción aunque ésta es buena, muchos viven en un ciclo de subsistencia, lo que producen consumen y hay meses que no producen lo suficiente, por lo que salen a buscar trabajo y si no consiguen vienen los problemas como hemos visto en Waspam”, menciona Crowder.
En Nicaragua, la subnutrición está asociada a problemas sociales dispares como las migraciones internas, el desempleo, la pobreza, la violencia intrafamiliar, el alcoholismo, la delincuencia, los hábitos alimenticios, la falta de educación en nutrición, etc.
“El 43 por ciento de los nicaragüenses come maíz, arroz y frijoles, faltan proteínas, vegetales, carnes que no consumen ya sea por su cultura o falta de acceso económico y físico”, dice el representante de la FAO.
El impacto económico del hambre
Además de los estragos físicos que causa el no ingerir las calorías necesarias para el desarrollo humano, el estado de subnutrición causa un impacto económico, político y social negativo en un país.
“Cuando hay un porcentaje grande de la población con hambre es difícil que avancen económicamente, es una tragedia casi injustificable en un país que tiene la capacidad de producir”, dice Crowder.
Según estudios internacionales, un niño que sufre un retraso en su desarrollo físico o cognitivo debido a la mal nutrición corre el riesgo de perder entre el cinco y diez por ciento de sus ingresos a lo largo de toda su vida.
“El 30 por ciento de esos niños en Nicaragua ya tiene una merma en sus capacidades físicas e intelectuales y en el transcurso de su vida van a perder la capacidad de obtener unos mil dólares. De esos mil dólares, 600 dólares son por falta de productividad”, acota por su lado Víctor León, auxiliar de proyectos de la FAO.
Aunque los grupos más afectados por el hambre en Nicaragua son las mujeres y los niños, la experiencia de organismos como la FAO demuestra que en el sector rural los alimentos se reservan al hombre porque son la fuerza de trabajo, siendo los niños y las mujeres los que tienen menos acceso a los alimentos. Otro estudio realizado por ese organismo indica que las remesas que les envían sus parientes del exterior son para comprar alimentos. “Esos ingresos son el colchón contra el hambre y no se utilizan en actividades productivas agrícolas locales que podrían mejorar la situación”, dice Crowder.
Indica que mejorar la situación de inseguridad alimentaria en Nicaragua debería ser una prioridad y está convencido que si hay esfuerzos entre el Estado, la empresa privada y la sociedad, el resultado puede ser inmediato y no requerirá de mayores recursos más que la voluntad de que todos asumamos este problema.
Una de las metas del Milenio es reducir el hambre en el mundo hasta un 50 por ciento en el año 2015, sin embargo el delegado de la FAO no cree que se vayan a lograr estos objetivos. Aunque considera que la Alianza contra el Hambre, creada en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación en el año 2002, podrá por los menos aminorar esta plaga silenciosa que mata a miles de personas en el mundo y se llama hambre.
Inversión estatal insuficiente
En lo que va del 2005, el Estado de Nicaragua, a través del Ministerio Agropecuario y Forestal (Mag-For), ha invertido en seguridad alimentaria alrededor de 120 millones de córdobas, una cifra insuficiente, según Livio Sáenz, director de políticas del Mag-For.
“Con el aporte de organismos internaciones es satisfactorio siempre y cuando no tengamos un desastre natural, pero sólo el aporte del Estado no es suficiente”, dice Sáenz.
Señala que el objetivo del Mag-For es dejar de subsistir a través de donaciones implementando programas productivos de autoconsumo y comercialización en las zonas más vulnerables para que el asistencialismo quede sólo para casos de emergencia.
Según Sáenz, la subnutrición en Nicaragua se ha incrementado en un 7.5 por ciento en los últimos cinco años. “La mayoría de esta población consume pollo una vez cada quince días y con suerte una vez a la semana lo que no llena las cantidades calóricas y nutricionales suficientes para tener un buen desarrollo”, dice.