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Aterrizaje en San Carlos con caballos en la pista

* Señora que fue parte de la surrealista escena, cuenta en carta enviada a END el increíble episodio * Retrato de doña Amelia, la funcionaria por cuyas tardanzas los equinos convirtieron en potrero el aeródromo

“Eran casi las 9 de la mañana del miércoles 12 de octubre, cuando en San Carlos cuatro caballos se pasearon por delante de la oficina de La Costeña, galopando por la pista, dejándonos a los pasajeros y funcionarios de La Costeña con la boca abierta.
“A las 8 de la mañana, como nos ordenara la Sra. Amelia, responsable de La Costeña en San Carlos, llegábamos puntualísimos a la pista, sin embargo en la oficina sólo estaban la funcionaria de la Alcaldía que cobra el impuesto del “aeropuerto” y el funcionario que pesa las valijas y las lleva, carga y descarga en el avión. La Sra. Amelia llegó recién a las 8 y 40. En ese lapso la oficina se había llenado con otros pasajeros y los paisanos que vienen a recibir a los que llegan desde Managua… Todos esperando, por supuesto, poder confirmar el pasaje, hacer las reservaciones para el próximo viaje a la Sra. Amelia que siempre exige puntualidad, pero que nunca, en todos los viajes que llevo, ella cumple.
“Apenas llega la Sra. Amelia (tarde como siempre), su escritorio se llena de pasajeros ansiosos por hacer el trámite, pesarse, entregar la valija y demás. Entonces ella pide paciencia (como si no le tuviéramos acaso paciencia) y comienza a llamar a los pasajeros según el orden en que los tiene anotados en la lista. Este trámite, por supuesto, la Sra. Amelia lo hace a toda velocidad, interrumpiendo esta tarea para contestar la radio y hablar con los pilotos que siempre están llegando. Recuerdo que una vez, además de la tardanza obligada de parte de ella… encima llegó sin sus anteojos que tuvo que mandar a buscar, y mientras tanto se atrasaba todo.
Aparecen los corceles
“Cuando la Sra. Amelia estaba anotando a uno de los pasajeros, todos notamos que por la pista pasaban galopando cuatro caballos y comenzamos a reírnos por la situación. Mientras los caballos galopaban tranquilamente por la pista, indiferentes al revuelo que eso había ocasionado en los presentes, la Sra. Amelia comenzó a vociferar contra la Alcaldía, el Ejército y contra todas las autoridades que no se hacían responsables por esta situación.
“La Sra. Amelia llamó enseguida a los militares que están en una casilla, a pocos metros de la de la oficina de La Costeña, para que se hicieran cargo de los caballos y se sentó a terminar la tarea de registrar a los pasajeros, pues eran ya las 9, hora en que estaba por llegar el avión y sin embargo ella no había terminado.
“Pero nadie acudió a su llamado, los militares se quedaron parados en la puerta de la casilla sin hacer nada, y por un momento, hasta que la Sra. terminó su tarea, se olvidó de los caballos. Sólo se acordó cuando de lejos todos vimos cómo se acercaba el avión y los caballos permanecían en la pista. Fue entonces que la Sra. Amelia avisó por radio a los pilotos que había caballos en la pista y que nadie los había sacado.
“El avión pasó de largo y no pudo aterrizar, mientras tanto la Sra. Amelia, que había entrado en histeria, despotricaba a los gritos contra la Alcaldía, echándole toda la culpa por la situación. Los pasajeros nos comenzamos a mirar unos con otros, sin entender por qué la Alcaldía era responsable de esa situación… pero angustiados de que no se resolviera el tema.
“El día había amanecido lluvioso, pero a eso de las 8 de la mañana ya se había despejado, sin embargo, para aumentar el pánico de los presentes, el tiempo se descompuso y comenzó a llover.
“El militar, parado en la puerta de la casilla, sin mover una pestaña, entraba y salía, pero no hacía nada. La Sra. Amelia, además de vociferar y despotricar contra todas las autoridades de San Carlos, salía y entraba pero tampoco hacía nada. Algunos taxistas de pura onda, se fueron corriendo para espantar a los caballos, y parecía que ahora entonces el avión iba a aterrizar, pero no pudo y pasó por segunda vez volando bajito….
“Llegó entonces un camión de Bomberos que todavía no sé cómo se enteró de la situación, y espantó a los caballos. pero ahora, como la lluvia se había hecho más fuerte y no tenían visibilidad, por tercera vez pasó el avión sin poder aterrizar.
“La culpa la tienen los que no se hacen responsables, acá nadie hace caso, nadie hace nada, a los gritos pelados se comunicaba la Sra. Amelia por radio con los pilotos.
“’Señora, Ud. es la responsable de que la pista esté en condiciones a esta hora para que se pueda aterrizar, ahora no hay visibilidad, nos regresamos a Managua’, contestó en forma seca el piloto.
“Todos los presentes al escuchar las palabras del piloto y ver cómo el avión pasaba por tercera vez de largo… nos quedamos sin palabras, desesperados, porque eso implicaba quedarse un día más, pues desde el lunes 10, La Costeña decidió cancelar el vuelo de la tarde, o sea que hay sólo un vuelo por la mañana.
“Esta situación provocó muchísimo malestar entre los presentes, sobre todo porque la Sra. Amelia seguía vociferando contra la Alcaldía, pero en ningún momento ella asumía su responsabilidad: DEBE LLEGAR ANTES QUE LOS PASAJEROS, cosa que NUNCA SUCEDE. Si ella llegara en hora, a las 8 y 30, el trabajo ya estaría listo y entonces ella estaría vigilando que la pista esté en condiciones y si detecta caballos o animales cercanos, tendría tiempo de sacarlos.
“Pero tampoco nadie despotricaba contra el dueño irresponsable de los caballos. En fin, nadie se hacía responsable y los pasajeros éramos rehenes de la ineptitud.
“Por suerte los pilotos probaron otra vez, y esta vez la cuarta fue la vencida, aterrizó y pudimos ver las caras de los pasajeros que bajaban… llenos de angustia y malestar por todo lo sucedido.
“A las 9 y 40 estábamos despegando de nuevo, y por suerte llegamos a Managua sanos y salvos, gracias a la eficiencia de los pilotos. Porque si a alguien le tengo que agradecer este vuelo es a los dos pilotos de La Costeña, que manejaron toda esta situación de una manera calmada, demostrando responsabilidad.
“Ojalá que las autoridades de San Carlos, al conocer esta situación, se puedan reunir, y entre todos buscar soluciones. Sin duda que al dueño hay que multarlo y bien multado, pues él debe hacerse responsable de sus animales. Los militares que no ayudaron en nada, deben ser amonestados, y la Sra. Amelia supongo que a partir de mañana llegará más temprano a su trabajo… supongo… ya les contaré en el próximo viaje”.
Besos, Vero.
Veronica Lay
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