Nacional

El tercer “mestizo” \que no alcanzó en la Historia

*** Para evitarle la “madre” trastada al esposo que regresaba de la Madre Patria, aquel fruto “ilegítimo” con otro hispano, era entregado a familias indias *** En realidad, el “indio blanco” no era mestizo, sino de esa bastardía que cruzó como los Andes a América *** El niño se criaba como nativo, aprendía el náhuatl, y los colonizadores al verlo chelito, lo admitían, le enseñaban el idioma y se volvía intérprete

Edwin Sánchez

El indio nunca fue tomado en cuenta. El que representó a la clase india fue el mestizo: más todavía, hubo una liga muy curiosa. Hay un mestizo que no se ha tomado muy en cuenta, nos dice el escritor Fernando Silva.
Fruto de la pasión, de esos amores prohibidos, apareció un tercer individuo en el Nuevo Mundo. “Cuando el español viaja por alguna razón a su patria, su mujer española se queda y se mete con otro español.
“Y cuando el otro viene, quizá 12 meses después, su mujer está panzona. Entonces la dama para que no supiera su marido, cuando tiene ese muchachito se lo regala a los indios, y ellos lo criaban”.
Éste, blanquito y todo, a veces hasta de ojos azules, bonito, pero “indio”, aprendía a hablar el náhualt de tal manera que el español se fijaba: --Ve, hombré, qué bonito el indio, parece español y habla náhualt.
A éste sí los españoles lo tomaban en cuenta, aseguró.
Ésta es la primera relación “con la otra gente” que hace el español, y la hace con su propia sangre bastarda, sostiene. Es el bastardismo como base de nuestra cultura: ¡curioso! ¿no? Ya no sólo es el mestizaje simplemente, es el mestizaje bastardo.
Así se entienden indio e hispano.
Luego este español nacido de la aventura, aprende perfectamente a hablar español y es cuando sí se entienden verdaderamente: el indio con los colonizadores. Éste que habla náhuatl es el verdadero intérprete del propio indio con el español.
Y domina la lengua porque el indio lo quiere y conoce su costumbre. Ese tipo no ha sido tocado por los académicos, por los historiadores, subraya el novelista.
Según la apreciación de Silva, “por lo menos somos mestizos más del lado indio que al español”.
Nunca hemos visto un indio en el poder.
“Los españoles vinieron a desarrollar el país en dos formas: un colonialismo intelectual, como era León, y el comercio en Granada. Los que valieron fueron los que tenían ese nivel. No tenían para ellos ningún valor y ni tuvieron acceso a la cultura.
“En Granada decían que para qué iban a abrir escuela para los indios, y no íbamos a tener después mozos ni lustradores, ni gente que sirviera en las casas. Porque ese es el concepto de las clases dominantes.
“Hay ciertos, cualesquieras, que han subido al poder, pero encaramados en las clases, y haciéndose ellos “clase”.
¿La clase dominante en Nicaragua tiene derecho a ufanarse en cuanto a su abolengo o son ripios mentales, donde se asume una ficción de lo que no son?
“El español, todavía a los ojos de nosotros, es más galán que un indio. Es más elegante una muchacha medio rubia, con los ojos azules, bonitas nalguitas, bonitas piernas, que una india guachapeadita toda chiquita, bajita, toda chuza, la boquita metida.
“Pero esos son puntos de vista que no han sido dominados.
No entró en transculturización
“El patrón siente que él es distinguido, de que su familia ha tenido dinero, poder, y ese es el abolengo. Con esos instrumentos domina. Eso es lo que pasa.
“El indio verdadero nuestro no entró a la transculturización. Se quedó por ahí, porque no le entró a la lengua. Sus costumbres eran completamente distintas. Quien sí entró fue el mestizo, y éste fue así pareciéndose a los españoles. Eso hizo que el indio fuera quedándose marginando desde entonces.
“De tal manera que eso ha seguido, señala. Ves lo que se llama influencia norteamericana, pero no es influencia, sino que es una manera de creer --ese mestizo que somos todavía--, que realmente nosotros nos superaremos si nos parecemos a los yanquis.
“Entonces va quedando un tipo que queda marginado, que es lo mismo que le ha pasado al negro”.

En relación con el “tercer mestizo”, hijo de la española con otro que no era su marido, ¿por qué entonces desapareció la lengua náhuatl?
“La colonización y el dominio es de la lengua española. Este muchacho bastardo que aprendió la lengua, sirve de intérprete, y la lengua es para que el español entienda mejor su relación con los náhualt. Pero después, el mismo muchacho que es español se va diluyendo porque él habla un rato español y otro rato náhualt, de cuya gente tiene alguna deferencia.
“Lo que pasa, es que como lengua dominadora, el español fue borrando el náhuatl. Hay una falta en el país de interés lingüístico que viene poco antes de la Independencia. En Nicaragua sucedió un fenómeno: la lengua franca, que es parte del náhualt que había quedado con el español hablado también.
“Desde 1850 hasta poco después de mediados del 50 del siglo XX, la gente en sus casas hablaba lengua franca. Es una mezcla, una manera de acomodar el náhuatl con el español, que es la lengua del Güegüence. (Con “C”, porque viene de Güegüe-tzin, donde esta partícula subraya que no es cualquier viejo, sino el viejo).
“Silva expuso el magnífico ejemplo de El Salvador. El pipil de ese país se habla porque aunque pasaron los tiempos, el pipilhablante no fue apartado como ocurrió en Nicaragua.
“La gente que hablaba náhuatl en Masaya fue apartada, mientras en El Salvador quedó una comunidad en Sonsonate. Ahorita el gobierno, a través de la Universidad Don Bosco ha formado una comunidad asistida, donde enseñan, hablan, viven y hacen todo en pipil.
“Eso deberíamos hacer con la lengua rama”. Así dijo uno de los hombres que mejor conoce al nicaragüense.
esanchez@elnuevodiario.com.ni
Leyenda***
El escritor Fernando Silva sostiene que el indio no entró en la transculturización. Y su marginación es desde entonces.
XAVIER CASTRO / END