Nacional

El sufrido oficio de ser niño nicaragüense

* De cada cien niñas y niños nicaragüenses, entre los 10 y 13 años, 22 se encuentran trabajando * Una encuesta certificó el dato de 314,000 niños/as trabajadores

Con sus zapatos deteriorados, su camiseta rayada y su pantalón chingo, Mario, de apenas ocho años, recorre los barrios Altagracia, El Recreo y “Jonathan González”, con una pana en la cabeza para vender cincuenta tortillas. A las tres de la tarde, ya ha hecho tres viajes a su casa y una excelente venta.
Así como Mario, hay miles de niños en Nicaragua que se dedican a trabajar, para ayudar a llevar el pan de cada día a sus hogares. Es el niño del barrio que vende tortilla, que sale a lustrar; es el que vende agua helada, el limpia parabrisas, el que vende en las terminales de los buses. Ese pequeño que queda a atrapado entre la línea discontinua de la carretera, arriesgando su vida por unos centavos.
El desempleo que sufren miles de personas en Nicaragua, ha permitido que los niños se ‘echen a tuto’ la responsabilidad de llevar algo para el sustento del hogar.
Trabajo infantil no visualizado
“No es un trabajo lo que hace el niño, es una ayuda a la familia”, expresa Sebastiana Olivares, quien hace tortillas durante todo el día y Mario, se dedica a venderlas en los barrios aledaños.
El trabajo infantil es visto como un deber que tiene el hijo de ayudar a sus padres, sin embargo, se les priva de muchos derechos, como la educación y la recreación. Aparte de ser un trabajo invisibilizado, no es remunerado. “Mario no va a vender, ya tiene sus clientes, lo que le permite sólo entregar las tortillas”.
Mario, a sus ocho años, abandonó la escuela para hacer ‘más viajes’ y llevar más dinero. El cansancio que le provocaba el recorrer estos tres barrios y llegar a la escuela a escuchar al docente por cinco horas lo desmotivó a su temprana edad. “Estaba estudiando, pero no quiso seguir porque le costaba mucho, y los profesores le pegaban cuando incumplía con las tareas”.
Según la Encuesta Nicaragüense de Demografía y Salud 2001 (Endesa, 2001), de cada cien niñas y niños nicaragüenses, entre los 10 y 13 años, 22 se encuentran trabajando de forma activa dentro o fuera de sus hogares. De éstos 22, casi 13 se encuentran incorporados al trabajo informal, mientras nueve se desempeñan en labores domésticas. Esto, pese a lo establecido en el Código del Trabajo.
Las cifran confirman que la niñez nicaragüense se está incorporando tempranamente al mundo laboral, ya que el Código del Trabajo --Título VI-- establece oficialmente la edad mínima para trabajar: 14 años, en cumplimiento del Convenio 138. Pero ellos laboran más de las 30 horas semanales establecidas por la misma legislación.
“Según la encuesta, en la jornada de trabajo que realizan en la semana, más del 50 por ciento de estos niños, niñas y adolescentes, se encuentran cumpliendo más de las treinta horas semanales en cualquiera de las categorías; es probable que estos niños, niñas y adolescentes no participan en el sistema escolar o tengan serias limitaciones para ingresar o mantenerse en el curso, negándoseles alguna posibilidad de superar las condiciones de pobreza de su entorno familiar”, refiere el citado documento del INEC.
En el ámbito educativo, los resultados consultados refieren que un promedio global del 23% de niñas, niños y adolescentes, entre 7 y 12 años, no asisten a clases en Nicaragua. Este índice promedio es mayor en las zona rural del país, donde se eleva hasta 30.7%. O sea, que de cada diez, tres están fuera del sistema educativo de primaria.
La problemática del trabajo infantil golpea con más fuerza en las áreas rurales. Sin embargo, Managua no escapa de albergar miles de niños trabajadores en diferentes áreas laborales. Dentro de las peores formas de trabajo infantil se incluyen oficios peligrosos como el de la minería, la infamia de la explotación sexual y el uso de niños y niñas para actividades ilícitas; asimismo, la extracción de conchas en las costas marinas.
¿Quién detiene estas cifras?
La Encuesta Nacional de Trabajo Infantil y Adolescentes de 2000 identifica unos 314,000 niños/as trabajadores. Este dato representa el 17.7% del total de 1,772,614 niños, niñas y adolescentes nicaragüenses en esas edades. De acuerdo con estas cifras, 224,397 son varones y 89,615 son mujeres. Según la Organización Mundial del Trabajo, existen más de 183 millones de niños, niñas y adolescentes trabajadores entre 5 y 14 años de edad en todo el mundo.
La Convención Internacional del Niño en su artículo 32 establece que todos los niños y niñas deben ser protegidos contra toda explotación económica y contra todo trabajo que pueda ser dañino para su salud y desarrollo y que impida su educación. También manda a los Estados a adoptar y poner en práctica todas las medidas legislativas, administrativas y sociales que garanticen los derechos estipulados por la Convención.
Según el Código del Trabajo, en su capítulo VI, todo niño o niña no puede ser contratado por ningún empleador si no demuestra que cumplió los 14 años.
Primero Aprendo
Debido a este problema, Nicaragua es un país laboratorio en donde se implementa el Proyecto Primero Aprendo, proyecto educativo para la niñez trabajadora. Es financiado por el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, y desarrollado en Centroamérica y República Dominicana. Se quiere aumentar la conciencia sobre la importancia de la educación y el peligro del trabajo infantil, así como fortalecer las instituciones y sus políticas para abordar la educación y el trabajo mismo, y promover los programas de educación formal y de transición, a fin de reintegrar a los niños y niñas trabajadoras a reducir la deserción.
Es por ello que el Proyecto Primero Aprendo ha desarrollado una estrategia para integrar a los niños y niñas trabajadoras al sistema educativo y no al trabajo infantil, a través de los “Espacios para Crecer”, que son una novedosa y práctica forma de evitar el trabajo infantil, manifestó Glenda Marcia Reyes, coordinadora Nacional del Proyecto Primero Aprendo en Nicaragua.
“En el desarrollo de los ‘Espacios para Crecer’ se contempla una jornada de tres horas que incluye actividades de rutina diaria y momentos de aprendizaje. El currículo del programa contempla las siguientes áreas: académicas, recreativas/lúdicas y de crecimiento personal.
“El niño trabajador es un niño desmotivado, que llega sin ánimo a la escuela. Sin embargo, tenemos niños que no se han retirado y están con un ánimo de no quererse ir. Estos niños beneficiarios están súper motivados”, complementó la coordinadora.
Hasta el momento tienen 175 niños inscriptos que no estaban en el sistema educativo y que ahora están asistiendo con regularidad tanto a los “espacios para crecer” como a las escuelas. La meta del proyecto es atender a 700 niños en cuatro años, con diferentes prácticas en los tres países laboratorio: Nicaragua, Honduras y Guatemala.
“Lo que pretendemos es validar prácticas, demostrar al finalizar el proyecto que son efectivas para que el niño se inscriba y se retenga en la escuela y complete su educación”,expresó Reyes.
A la par de este proyecto, de la validación de prácticas, se están realizando investigaciones sobre el costo de que el niño ingrese a la escuela o lo contrario, que el niño trabaje. Puesto que es necesario conocer si al Gobierno le beneficia de alguna manera que “el futuro de la patria” quede como obreros meramente, ¿qué le sale más barato al Estado?
El Proyecto Primero Aprendo es ejecutado por CARE, CRS Y DevTech junto a socios locales regionales. En Nicaragua esta iniciativa fue presentada por CARE Internacional al consorcio ejecutor del proyecto en Nicaragua: Cuculmeca, Vicariato de Bluefields, Inprhu y Cáritas, los que aceptaron su implementación en las comunidades de Wapí, El Rama y Waslala.
El niño se retira del trabajo y permanece todo el día aprendiendo de una manera entretenida lo que no le permite trabajar. Apoyan al Ministerio de Educación para que se capacite a los docentes.
“Trabajamos con el MECD, quien ha apoyado desde que le presentamos el proyecto, así como representante de MiFamilia, la Comisión Nacional de Erradicación Progresiva del Trabajo Infantil, y del Consejo de la Niñez y Adolescencia, Conapina. Nos reunimos periódicamente e informamos sobre los avances del proyecto”.
Sólo en Nicaragua hay 300 mil niños trabajadores, y eso que no existe un sistema de información, lo cual es una debilidad grande; no hay un sistema de información de niños trabajadores. Esto es según estudios de la INEC y los mismos censos y escuelas.
Riesgos
Entre los riesgos a los que son expuestos los menores tenemos la intoxicación producida por los químicos que se usan para fumigar, picaduras de animales al cortar café. Los niños vendedores son expuestos a abusos y maltratos, hasta de orden sexual, además, a varias enfermedades de la piel y pulmones.
Con las prácticas se desea demostrar la efectividad, el costo, para luego buscar financiamiento, para que sean asumidas por los Ministerios y se consigan los presupuestos para la educación.
También se busca incidir políticamente, por lo que se analizarán las políticas educativas existentes para el niño trabajador, en los seis países; para conocer cuáles funcionan y cuáles no; donde hay brecha. “Un análisis completísimo y con esa una agenda pequeña de políticas o reformas a las políticas que vamos a promover, en estos países”.
“Se firmó un contrato con el programa de Reforma educativa para América Latina (Preal), lo que está haciendo es un estudio sobre las políticas educativas existente, va a detectar qué vacíos existe y presentar un estudio comparativo de los 6 países. Luego, preparará una agenda de opciones donde los ministerios puedan escoger qué opción es la más adecuada para el país, que puedan cambiar su política o adoptar algunas de ellas”, dijo Nick D. Mills, Director Regional del Proyecto Aprendo.
Nicaragua está en desventaja, aparentemente, ante los otros países por lo que cuenta con menos presupuesto para la Educación, sin embargo no deja de presentar una situación similar al resto del panorama regional. De ahí la meta de alcanzar con este proyecto dos millones 319 mil niños y niñas entre las edades de cinco a 17 años, trabajadores en Centroamérica y República Dominicana.
Por esa razón, el Proyecto Primero Aprendo, a través de la incidencia y sensibilización quiere incluir al sistema educativo a estos miles de niños y niñas que hoy se encuentran como Mario; ofreciendo, antes del trabajo, una educación como derecho primordial de nuestra niñez.