Nacional

“Asalto al Palacio de Invierno” sigue en su agenda


Edwin Sánchez

Desaparecido de los medios de prensa, con un partido indocumentado, traicionado por camaradas que pasaron de concejales a diputados y de ahí al libre mercado, Elí Altamirano --quien también vio la estrepitosa caída del comunismo en Europa del Este--, no pierde la fe en lo que “ordena” el materialismo histórico: después del capitalismo, el paraíso de una sociedad sin clases.
En la casa de la organización allá por Ciudad Jardín, se ven los estragos de lo que podríamos denominar la caída del comunismo en nuestra versión local. No hay más muebles que una mesa, unas cuatro sillas, una bandera roja sin ondear y una soledad de partido único. Las pinturas pálidas de Marx, Engels y Lenin, esta última descascarada por la lluvia de tantos inviernos tristes, se adelantan a contestar muchas de nuestras interrogantes.
Cuando vi al camarada Elí, cuatro días después de solicitar la entrevista, estaba preparado con una grabadora de las que ocupaban los radioperiodistas en los años 70-80. Su desconfianza era más que notoria. Un miembro del partido apretó dos teclas nomás comenzó la primera pregunta, tras un frugal saludo de solemnes desconocidos.
“Purgados y traidores”
Elí es un hombre que se ve fuerte, reposado. El tono de su voz es bajo, pero se eleva fácilmente al calor de alguna emoción. A pesar de que la entrevista era personal, se hizo acompañar por el ex diputado Ariel Bravo Lorío. De los viejos cuadros, sólo él parece no haber abjurado de su fidelidad al camarada y “a los intereses del proletariado”. El resto no pudo resistir las tentaciones del capitalismo que no se portó salvaje con sus ex “sepultureros”. Se fue purgado Allan Zambrana; el neoliberalismo arrastró al eterno líder sindical Roberto Moreno, devenido en Viceministro del Trabajo del gobierno derechista de Arnoldo Alemán. Emilio Márquez también dejó tirados la hoz y el martillo.
Pero la principal deserción del Partido, aunque no trata de exhibir despecho, es la de aquella misma que él entrenó en la difícil y delicada tarea de la organización de masas, de obreros, de gremios, de vecinos, de militantes, voceadora de “Avance”, órgano oficial del PC de N, en fin Jamileth Bonilla.
Aquí, en la sede del Comité Central, la historia no es como lo cuentan afuera. Es otra. Si hasta hace poco usted pensaba que el enfrentamiento contra el narcotráfico era asunto de la Policía y la DEA, ahora resulta que el Partido Comunista es el que llevó una lucha frontal contra los carteles.
Trabaja en clandestinidad
¿A qué se dedica Elí en esta época que se califica de neoliberal?
“Totalmente dedicado al trabajo del Partido Comunista de Nicaragua. Mi vida ha estado consagrada a esa labor”.
Se rumoraba que se había apartado de las actividades del PC.
“Efectivamente, no he comparecido en marchas ni en la vida pública, pero por razones de seguridad. Tanto el pueblo nicaragüense como el mundo han podido constatar que mi partido ha encabezado la lucha contra el narcotráfico en Nicaragua, en los momentos en que esto no era más que una pretensión. En la medida que se fue engrandeciendo, nosotros también arreciamos la batalla frontal. Por supuesto que esto supone serio peligro y el partido decidió que pasara a la clandestinidad y no diera blanco a las malas intenciones de los narcos que no tienen reparos para cometer un asesinato”.
“Narcos heridos
en sus sentimientos”
“Fue más adelante de los 90 que arreciamos la lucha y había que hacerle frente con garra y el partido lo hizo. Y creó una corriente muy fuerte en Nicaragua que le dio suficiente contenido a la visión contra el narcotráfico. Por supuesto, tiene que haber herido los sentimientos e intereses de los narcos.
El partido me vio a mí en una lista que ellos acostumbran tener para asesinar y dijo –‘protejamos al camarada’”.
¿Por qué la vanguardia del Partido se encarga de este tipo de tareas cuando es más propia de los órganos de seguridad, si se supone abocada a las luchas sociales y del proletariado?
“No desligamos la actividad del narcotráfico con la crisis del país. Estamos en una crisis integral, una parte creada por las fuerzas reaccionarias de Nicaragua, por los intereses mezquinos de las transnacionales del imperialismo mundial y otra creada por el narcotráfico; en especial cuando se meten a controlar los ritmos de producción nacional, para causar una crisis de ahogamiento que permita un clima en la población de aceptación de las operaciones del narcotráfico, como el lavado de dinero”.
Grandes comercios
que no venden nada
Se supone que para un Partido Comunista el enemigo número uno ---según han definido--- es “el imperialismo norteamericano”, ¿ahora lo ha cambiado por los Carteles de Sudamérica?
“Dijéramos, los grandes monopolios internacionales han encontrado en las operaciones financieras del narcotráfico internacional en América un aliado número uno para lograr su cometido. Ejemplo: hay una suma de comercio que es inexplicable en un país en bancarrota, y hay, sin embargo, instalaciones comerciales que no venden, que no justifican sus operaciones cotidianas, y ahí se mantienen a flote”.
Hay una tendencia dentro de los militantes del Partido Comunista que cuando estaban a la orilla del poder, como se ha visto en estos 15 años, abdicaron sus banderas y llegaron a ocupar altos puestos en el gobierno de Alemán.
“Así es como señala. Muchos comunistas, que lo fueron, en el camino se pasaron al bando del enemigo. ¿Cómo se llama eso? Traición. No lo decimos por ser peyorativos contra ellos, sino que es la calificación que se merecen: traicionaron los ideales que un día sustentaron y a los intereses supremos de la clase obrera.
Es muy difícil que eso no exista cuando hay capital y los mezquinos intereses que produce el mismo sistema capitalista. Son desviaciones ideológicas que los conducen a romper con la moral del partido y los hace actuar en correspondencia con sus ambiciones personales”.
Jamileth expulsó
y la expulsaron
Hay un caso paradigmático: Jamileth Bonilla. Su partido la ubicó en la concejalía de Managua y después se le vio apoyando como si fuera otro camarada, a Arnoldo Alemán. ¿Cómo explica esto?
“Jamileth Bonilla fue expulsada en el acto. Era miembro del Comité Central e incluso del Buró Político. En el Buró fuimos juzgando caso por caso, y hasta que no llegó el caso de ella, ella votó por la expulsión, por ejemplo, de Allan Zambrana. Y así fuimos limpiando el partido de traidores, oportunistas, de zamarros. Cuando llegó el turno a la Jamileth que traicionó al partido la expulsamos y en su cara”.
¿No se defendió?
“No, no se defendió. Casi vota a favor de la expulsión”.
¿No se siente frustrado al ver que todo ese instrumental teórico organizativo que ella aprendió en el partido, lo haya ocupado para ayudar a construir un partido que era minoritario, grupúsculo..?
“Y ridículo. Hay que desapasionarse. Debemos tomar estas eventualidades como gajes del oficio, cosas inevitables. Mientras existan la sociedad capitalista y los intereses privados, las causas nobles del comunismo se encuentra que no siempre logran penetrar en el fondo de las personas.
Todo el instrumental teórico lo fue a vender a otro partido. ¡Mercenaria!”.

¿Está consciente que eso ayudó a levantar a ese partido?
“¡Por supuesto que sí! Ella colaboró en eso. Pero es el precio que el comunismo paga por abrirse brecha en el camino. No todo el que llega al partido se consolida, una parte todavía lo alcanzan las garras del capitalismo y lo arrastra”.
¿No es parte del error de Elí Altamirano por haber acercado posiciones con partidos de derecha?
“No. Ni estamos arrepentidos de eso. Son precios que debemos pagar. Ahora mismo hay que montar una alianza”.
“Hay que tumbar al pacto”
¿Aunque sea con la derecha?
“No son los comunistas los que van a ayudar a la derecha a detener el proceso. En este caso serían ellos los que contribuirían en la lucha por la democracia y las transformaciones que urge el país. Hay que tumbar el pacto. Quien nos ayuda en esa lucha en modo alguno nos hace daño al revés: nos favorece. Por eso, nuestra posición es muy diferente de cómo apreciar la labor del gobierno de Estados Unidos y del G-7, en relación al proceso nicaragüense. Cada vez toman posiciones más claras contra el pacto.
Nosotros comenzamos la lucha contra la ley electoral pactista y el CSE. ¿Quién gana? ¿La reacción nativa, la vieja oligarquía o los sectores del pueblo que representan todo el porvenir? ¿Me explico?
Cuando se está claro de eso, uno fortalece sus posiciones y no le da temor de jugarse políticas audaces, siempre y cuando vengan a favor de los grandes objetivos y de los procesos históricos por los que se están luchando”.
¿Aun así salgan otras Jamileth Bonillas y Roberto Morenos?
“Así es”.
“Soy un ateo consumado”
Se dijo que Elí se hizo cristiano.
“Soy un ateo consumado, de convicciones”.
¡Ave María Purísima!
(Se sonríe) “No hay manera, no hay quien pueda confundirme al respecto. Soy un ateo científico.
No se puede contribuir al desarrollo del proceso histórico con una visión religiosa, subjetiva, idealista. Quienes dicen esto han renegado de todo. Unos liberales radicales, y otros socialistas y comunistas; eran ateos, ahora son cristianos, unos evangélicos, otros hasta mayordomos; comulgan degeneradamente, se arrodillan, ¡sin pena alguna de la historia que tuvieron, cuando eran personas consecuentes con las ideas científicas del proceso histórico!”.
En algún momento se acusó a Elí de fomentar dentro de las filas de su partido lo que se hizo en Europa del Este: el culto a la personalidad. ¿Está consciente de eso? Elí aquí, Elí allá...
“De eso no tengo culpa yo. ¡Qué voy a hacer yo! Además me agrada que los camaradas me estimen, me aprecien, me defiendan. Pero no, soy adversario de principio del culto a la personalidad. Esa es una de las divergencias que tengo con Fidel Castro, para mencionar un caso.
Creo que mi comportamiento por los principios en el PC es muy drástico. Soy fuerte, duro, sistemático frente a uno y otro camarada, de tal manera que no hago una labor de crear en mi alrededor simpatías personales o culto a la personalidad. Al revés”.
Me daría la impresión que Elí Altamirano es el profeta de Marx en Nicaragua.
“No quiero título de ninguna naturaleza ni esas grandezas. Sí creo que el partido tiene en mí un teórico fundamental. Estoy consciente de eso. Me cuido, estudio, doy mis aportes, soy muy activo en eso”.
¿Qué cargo tiene?
“Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de Nicaragua. Nunca me han querido cambiar estos camaradas”.
¿Es la dictadura de Elí?
“Se presta a la maledicencia de toda naturaleza, a decir que es culto a la personalidad, etc. Estoy consciente que los camaradas no tienen ni asomo de una miseria de ese tipo, saben lo que están haciendo”.
“Soy autodidacta”
“Fui de poca educación académica. Soy autodidacta por naturaleza. Era mecánico, y como tal dirigente sindical, organizador del sindicato de mecánicos metalúrgicos de Managua, en 1960. Miembro de la CGT (Independiente). Ahí me hice comunista, en las filas del proletariado y luego dirigente del partido”.
¿Cómo nació su amor al comunismo? ¿Amor a primera vista?
“Yo fui estudiando. Entonces me vinculé con la literatura marxista leninista y en la medida que podía, devoraba los textos y me fui cultivando, y así comencé mi vida como comunista, cada vez más consciente.
Soy el fundador principal del PC, cuando quiebra el viejo Partido Socialista Nicaragüense, del cual fui miembro del Comité Central en 1967.
El PSN venía teniendo todo género de dificultades ideológicas y políticas, a causa de la existencia en sus filas de una fracción que actuaba como trotskista, que era izquierdista, que era derechista, y era oportunista”.
¿Estamos hablando de los Chagüitillos?
“Propiamente de los chagüitillos no, sino que eran parte de la fracción”.
¿De los que se acomodaban a posiciones pequeños burguesas?
“Sí, eran fundadores de Unión Democráticos de Liberación UDEL, fueron terroristas, fueron izquierdistas. Incluso, según la oficina de seguridad sandinista, se encontró fichas en los archivos de la OSN de muchos de esos dirigentes que eran servidores del somocismo”.
¿Y ahora son editorialistas de La Prensa?
“Usted hace mención de Luis Sánchez, era miembro de esa fracción y no se le conoció como miembro de la seguridad”.
Me refiero a los vaivenes ideológicos.
“Ah, sí, campeón”.