Mundo Oculto

La adivinación

Podemos ver cómo a lo largo de la historia las artes adivinatorias se han ido racionalizando

La decadencia del imperio romano y de la civilización occidental dio pie a la invasión de los bárbaros, a los años oscuros de la Edad Media… y a la degradación de la adivinación. Los demonios llegaron a ocupar el lugar de los abandonados dioses.
La Iglesia Católica intentaba imponerse por cualquier medio posible y luchaba con todo su poder contra todo aquel que no estuviera de acuerdo con sus ideas. Debido a esto surgieron el ocultismo y la brujería.
Sobreviviendo
Dentro de este contexto, la adivinación se convirtió en algo menos importante. Sin embargo, logró sobrevivir gracias a los gitanos. De hecho nunca dejó de existir; al contrario, siguió presente por la necesidad que el hombre siempre ha mostrado por saber el futuro.
Durante el positivismo del siglo XIX, la adivinación tomó nuevos bríos. La magia medieval logró respeto en el mundo, convirtiéndose en la química que hoy conocemos, así como una búsqueda espiritual y mística.
Sin embargo, no todo fue fácil. Por ejemplo, en Francia, mientras corría el año 1832, la ley prohibió el ejercicio a las personas que tenían por oficio adivinar, pronosticar o explicar los sueños. Pero la transformación ya estaba en el camino y nadie la detendría. Lo que se inició en la cavernas como un llamado o adoración a los dioses se transformó con el paso de los años en arte digno de estudio científico.
“Todo influye en todo” es el axioma que se toma como base en las artes adivinatorias. En ellas nos encontraremos con teorías basadas en la lógica y la ciencia para explicarlas. Y sorprendentemente, para todos los que no creían en ellas, resulta que las nuevas explicaciones encajan perfectamente con las viejas teorías.
Racionalizando
Podemos ver cómo a lo largo de la historia las artes adivinatorias se han ido racionalizando. No obstante, el hombre moderno se cuestiona: “Si la ciencia más avanzada va de la mano con las artes adivinatorias, ¿por qué debemos creer en una y en la otra no? Si el ser humano acepta hipótesis demostradas de manera empírica por el simple hecho de que necesitan ser verdaderas para explicar algunos fenómenos físicos, o si acepta que existan partículas y elementos que jamás ha visto, ¿por qué no creer en las artes adivinatorias? Además, si de adivinación estamos hablando, ¿la ciencia no predice tiempo, terremotos, huracanes u otros fenómenos físicos?
Si tenemos presente el axioma de que “todo influye en todo “, que el cielo tiene que ver con la tierra, que no se ha llegado a ninguna conclusión lógica respecto a la veracidad del libre albedrío contra predestinación, que existen teorías tan lógicas y aceptables como cualquier otra que nos indica que todo está escrito en el universo desde el inicio de los tiempos, ¿por qué negar la idea de que podemos predecir nuestro futuro?
Nuestro tecnificado y moderno mundo nos indica cada vez más de manera clara que esto es posible. Lo que el hombre de las cavernas intuía, movido más por la fe que por la razón, el hombre moderno lo vive como una posibilidad racional y científica. La única cuestión que sigue aún en el aire es: ¿cómo predecir el futuro? Como he indicado en el inicio de este artículo, el significado de adivinación fue en sus orígenes “contacto con lo divino”. Y aunque esta palabra sigue vigente en la comunicación entre los hombres, su significado se ha visto alterado conforme ha pasado el tiempo.
Los dioses se encuentran cada vez más lejos de los hombres, dando paso a la lógica y a la razón, sin embargo, podemos ver que cualquier cosa que exista en el planeta puede ser utilizada para predecir el futuro. Y si bien muchos de estos métodos son sólo caprichos elaborados o extravagantes de sus autores, también existen algunos que llevan tras de sí una larga tradición, además de haber demostrado su importancia a lo largo de los siglos.
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