Mundo Oculto

Las vírgenes que lloran sangre

Algunos son escépticos, pero muchos asocian este fenómeno como un hecho divino

Existe un fenómeno de lo más sorprendente dentro del mundo paranormal, que son aquellas estatuas inanimadas de mármol, yeso o madera representando a una Virgen o a un Cristo, que misteriosamente comienzan a "llorar" lágrimas de agua y sangre.
Las diversas explicaciones que se han barajado son: la intervención divina, el fenómeno paranormal (fenómenos poltergeist producidos por la sugestión de una persona, propiciando la materialización de la sangre), y el fraude.

Objetos de culto
Estos fenómenos suelen involucrar objetos de culto, de modo que no resulta extraño que se les interprete sistemáticamente desde el punto de vista religioso. El milagro, lo que se entiende como las intervenciones directas de Dios alterando las leyes de la naturaleza a favor del hombre, no son dogma de fe para la Iglesia. Los cristianos no están obligados a creer en ellos, pues no han sido ni aprobados ni reprobados por la Sede Apostólica, la cual permite que se crea en ellos con la mera fe humana.
Por lo tanto, la Iglesia aún sin aceptar que tales evidencias (o las apariciones marianas) sean "milagros", autoriza la devoción si ella favorece a la fe de los creyentes, mientras la Conferencia Episcopal, reacia a la fácil credulidad, nombra una comisión con científicos y teólogos (aunque todos curas), que tratan de buscar explicaciones racionales al fenómeno.
Y mientras que muchas de las imágenes que sudan o lloran sangre continúan siendo un auténtico misterio, en algunas ocasiones se puede probar que todo es un fraude. O bien natural, como una condensación de vapor de agua, o humano: canalillos en el interior de la estatua, líquidos que se licuan ante cambios de temperatura... aquí tenemos un ejemplo reciente.

La Virgen de Fátima
Un episodio reciente sucedió en Portugal, cuando Edmundo Estevao, enfermero de 56 años, responsable del internado del Sagrado Corazón de Jesús de Oleiros, a pocos kilómetros de la frontera con Cáceres, anunció que la imagen de la Virgen había llorado lágrimas incoloras y la mañana siguiente, lágrimas de sangre.
Más de 50 mil personas, atraídas por el fenómeno, peregrinaron a la capilla del internado, depositando muchas de ellas ante la imagen, ofrendas de oro y dinero.
Todo el mundo creía en el milagro, menos el precavido obispo de Castelo Branco, Augusto Silva, quien no veía claro el asunto y recomendó prudencia a la espera de los análisis de sangre. Un primer análisis concluyó que se trataba de sangre no humana indeterminada e incompatible con cualquier grupo sanguíneo humano, posiblemente la sangre de una paloma.
Entonces algunos vecinos se dieron cuenta de que la imagen de la Virgen de Fátima sólo lloraba sangre cuando las puertas de la capilla del internado “O Abrigo” se cerraban, y comenzaron a desconfiar del hermano Edmundo, el promotor del supuesto milagro.
Las sospechas resultaron acertadas, y descubrieron que Edmundo "falsificaba" el asombroso fenómeno. Sintiéndose descubierto, el hermano, que decía pertenecer a los capuchinos, se bebió una porción de insecticida con el fin de quitarse la vida, pero el drástico remedio tan sólo le costó una grave intoxicación... y que unos enfurecidos vecinos estuvieran esperándolo a su salida del hospital.
Otro hecho fraudulento muy similar aconteció en Mura, un pequeño pueblo en la comarca barcelonesa del Barges, España, cuando Lluis Costa, párroco de la iglesia de San Martín, distingue unos extraños regueros rojos que parecían brotar de los ojos de una virgen de mármol.
El Obispado emitió un comunicado a la prensa en el que se confirma que el milagro no es tal, pues había sido fruto de una broma de mal gusto. Aún así, ni el párroco Lluis Costa, ni los fieles de Mura, ni la multitud de devotos están de acuerdo con estas conclusiones, afirmando que las lágrimas sangrantes de la Virgen no son mera casualidad, sino una señal divina.

Sugestión colectiva
En este tipo de falsos milagros, también se conocen algunos casos de sugestión en los que la gente se ha reunido alrededor de una imagen religiosa de la que se dice que llora o sangra y, con la imaginación inflamada, ha terminado por "ver" el milagro, posiblemente cuando la persona más sugestionada grita que la Virgen está llorando. El investigador norteamericano Raymond Bayless descubrió uno de estos casos:
El fenómeno comenzó la noche del 16 de marzo de 1960, cuando un cuadro de la Virgen María propiedad de la señora Pagora Catsounis de Nueva York, empezó a llorar dentro de su marco de cristal.
El fenómeno fue confirmado por el mismo arzobispo, y sólo en la primera semana, más de 4 mil adoradores y curiosos desfilaron por el apartamento de la señora Catsounis, mientras las lágrimas corrían de forma intermitente.
La Virgen fue trasladada a Saint Paul... y ante la sorpresa de todos, otra Virgen comenzó a llorar en la misma casa. A su vez, ésta fue también trasladada a Saint Paul, entregando a la mujer otra imagen para remplazarla, que también comenzó a llorar.
Fue en este momento cuando Raymond Bayless comenzó a investigar los extraordinarios fenómenos, y lo que descubrió en un primer examen de la imagen, fueron unas manchas debajo de los ojos que consistían en una acumulación de partículas cristalizadas. En un segundo examen comprobó que las "lágrimas" seguían secas y en el mismo sitio sin desplazarse ni un milímetro, pero los devotos que la observaban al mismo tiempo aseguraban convencidos que las lágrimas se deslizaban lentamente por la superficie de la cara de la imagen.

Fuente: www.mundomisterioso.com