Mundo Oculto

El fin de los tiempos

Rupandiya por primera vez pudo vencer el miedo, no corrió. Y por primera vez gritó en la lengua antigua. Al taparle la boca con sus dos manos le dijo: “Olvida, olvida, olvida”

Jove

“Chosme --dice Taita a Rupandiya--, el fin del tiempo es también el principio del tiempo”.
“Entonces Taita”, ¿la gente se repite una y otra vez?
No, un tiempo es suplantando por otro. Lo que fue ya no será más, allá queda a lo lejos, es irrecuperable. Queda mientras vivimos el instante de lo vivido, pero ése está forrado de nostalgias y no sirve para otra cosa distinta que llorar.
Lo que no entiendo, Taita, es que si el tiempo no se repite, nosotros encontremos tanto espanto similar a los que ya hemos liberado del mundo en el camino.
Las personas tienen dos emociones; el amor y el odio, son las únicas pasiones reales, caras de la misma moneda. Quien sufre por amor, odiará al objeto amado y lo perseguirá para destruirlo. Esa mujer que llora allá en la distancia, no es una llorona; es un alma abandonada, cuya mayor desdicha es descubrir que toda cosa es finita y no hay amor eterno, por eso destruye el amor cuando lo ve.
¿Estamos condenados al fin Taita?
“Y al olvido”, contesta.
El Taita se perdió entre las sombras. Rupandiya se quedó un rato parado, pensando en las palabras del Taita; pensaba que el propósito del hombre en el mundo es avivar la llama del olvido, que sus pasiones mantienen el universo, que el nombre de aquella madre de todo es olvido.
Un grito desgarrador lo sacó de sus pensamientos.
En el camino una mujer se acercaba, lloraba, gritaba, de la boca manaba sangre.
“Ayyyyyyyyyyyyyy” --gritaba la mujer--.
Rupandiya por primera vez pudo vencer el miedo, no corrió. Y por primera vez gritó en la lengua antigua. Al taparle la boca con sus dos manos le dijo: “Olvida, olvida, olvida”.
La mujer detuvo el llanto, sus ojos muertos recuperaron el color y la vida.
¿Dónde estoy?, preguntó.
“Aquí --dijo Rupandiya--, donde comienza y acaba el universo”.
¿Éste es el cielo?
“El olvido”.
La mujer respiró profundo y se desvaneció. Rupandiya respiró aliviado.