Mundo Oculto

El carnicero de Milwaukee

La vida solitaria, confundida y sin rumbo hicieron a Dahmer transformarse en un hombre despiadado, sin la mínima misericordia hacia sus víctimas

Jeffrey Dahmer es un asesino en serie cuyo perfil psicológico es el prototipo del hombre carente de todo aquello que hace tolerable la vida. Su actitud negativa le impidió tener amigos, relaciones, trabajo, intereses, ocupaciones, dinero, esperanzas o simplemente un lugar donde vivir. Nunca llegó a socializase y su interior emocional se fue degradando mientras llenaba su enorme vacío con fantasmas.
Nació el 21 de mayo de 1960 en el hogar de un matrimonio problemático, compuesto por un investigador químico y una neurótica, emotiva y autocompasiva esposa. Era un niño tímido y solitario que temía el abandono y daba la impresión de estar desamparado.

El mismo modus operandi
En la adolescencia fue abandonado por sus padres y para desahogar su furia comienza a matar hombres siempre que se le presenta la ocasión. Seguía el mismo modus operandi: primero, el flirteo ofreciendo dinero a cambio de sexo, luego les ofrecía una bebida con somnífero y, finalmente, los estrangulaba. Después de matar a su víctima se quedaba abrazando el cadáver, pensando en cómo conservar las cabezas y formar una especie de altar en la habitación adornada con los huesos.
Dahmer seguía la predecible pauta de los asesinos en serie. Empezó matando cautelosamente, asustado por sus crímenes. Luego el ritmo aumenta y se convirtió en una máquina de matar más efectiva. Está demostrado que estos asesinos con el tiempo se vuelven arrogantes y despreocupados, convencidos de que no pueden ser apresados por ningún mortal, creyendo tener máximo poder y autoridad sobre los demás.
Dahmer mostraba muchas características de asesino organizado: acechaba a sus víctimas, les engañaba para llevárselos a su departamento con la promesa de dinero y favores y, después de la muerte ocultaba las pruebas de los crímenes, pero también daba muestras de ser un criminal desorganizado: realizaba actos sexuales con sus víctimas después de la muerte, consumía su carne y sangre, las mutilaba y conservaba algunas partes como recuerdos.
En una ocasión una de sus víctimas logró marcharse antes de que las drogas surtiesen su efecto, y la Policía efectuó un registro de la casa, pero afirmaron no haber hallado nada.
El 30 de enero de 1989 fue declarado culpable de atentado contra el pudor en segundo grado, por seducir a un menor de 13 años con propósitos indecentes, y antes de comenzar a cumplir la condena de un año de cárcel mató a otro joven, guardó el cuerpo en el cuarto de baño y para su mayor satisfacción sexual lo mutiló y le pintó el cráneo con aerosol.

Mejorando sus métodos
En marzo de 1990 se trasladó a vivir a un deteriorado piso; adquirió una larga mesa y dos grifos de plástico para extender los cuerpos de sus víctimas. Allí tomaba fotos con una cámara Polaroid de sus amantes una vez muertos. Luego, congelaba los órganos, comía parte de la carne y hervía el resto en una enorme olla antes de echarlos en un gran contenedor de basura preparado con ácido.
El juicio comenzó el 27 de enero de 1992. Desde el principio quedó claro que le impulsaba un trastorno mental, a pesar de que él hacía todo lo posible por disimularlo. Todos los presentes pudieron darse cuenta de hasta qué punto sus compulsiones y fantasías se habían apoderado de su mente, empujándole a seguir asesinato tras asesinato.
El carnicero de Milwaukee fue sentenciado a un mínimo de 900 años, pero murió en la cárcel en 1994, asesinado a golpes por un recluso. Tras la noticia, los padres de Dahmer se pelearon por la posesión de su cerebro, llegando incluso a enfrentarse ante los tribunales. La madre deseaba venderlo a un hospital de investigación mental, mientras que el padre sólo deseaba enterrarlo lejos de todo el mundo y de su memoria.

Fuente: www.pasarmiedo.com