Mundo Oculto

El infierno

Lo fantástico japonés, junto con el anime y todo aquello que rodea al manga, ha suscitado mucho entusiasmo en los occidentales, sin embargo, no comprenden con exactitud su esencia

Lo fantástico occidental está sujeto a esquemas rígidos y el desconocimiento de la tradición literaria japonesa, y en gran medida china, que influye en el cine fantástico japonés y el manga, condicionan la visión que tenemos de la cultura oriental y su tradición fantástica.
Desde ese punto de vista esto nos impide apreciar en su totalidad los esquemas básicos de lo fantástico oriental, dejándonos, como siempre, con la extrañeza que provoca lo que nos es ajeno.
Divisiones sobre el infierno
Una importante diferencia consiste en las distintas visiones que del infierno o de la supuesta “vida después de la muerte” tienen las dos culturas.
Por regla general el infierno occidental es una parte del “más allá” que está destinada al castigo de las almas pecadoras. Sin embargo, para los japoneses la imagen del infierno es bastante parecida a la del hades clásico, entendido más bien como casa de los muertos o lugar a donde van las almas, aunque eso no implica que las almas pecadoras no sufran atroces castigos.
Si en principio, según la tendencia sintoista, el infierno no ocupa un lugar específico, el budismo por su parte lo asimila al infierno cristiano, convirtiéndose en un lugar “físico” cuya entrada está en Izumo y donde Enma-Ho y su hermana reinan y juzgan las almas de los difuntos.
Esta conexión entre el infierno y el mundo de los vivos tiene especial importancia en la narrativa fantástica ya que permite la interacción entre ambos mundos. Si Odiseo y Eneas descendieron al hades, no debe parecernos menos sorprendente que los fantasmas japoneses abandonen el infierno para atemorizar a los vivos.
Los extremos morales
La división que en Occidente tenemos del destino de las almas en cielo e infierno implica, aparte de un criterio premio-castigo con el juicio moral que eso supone, una visión maniqueísta de la vida.
Es posible que esta división bueno-malo, a causa de la raíz de la tendencia sintoista de las tradiciones japonesas, no sea tan estricta, de modo que los “monstruos”, los fantasmas o los seres infernales carecen de una esencia estrictamente mala. La división ángel-demonio no es tan clara en la cultura japonesa.
En el grupo de los seres infernales cabe destacar a los Oni, ogros, los Gaki, fantasmas hambrientos, y Shura o espíritus enfurecidos. Pero son los Obake, o Bakemono, los fantasmas japoneses cuya principal esencia es la transformación, los más importantes literaria y cinematográficamente.
Entre ellos cabe destacar a los Yurei, almas en pena, aquellas que son la base de las películas de Hideo Nakata (“Ringu”, “Dark water”). También son especialmente destacables los Yokai, seres monstruosos con poderes particulares que van desde espíritus del agua hasta fantasmas sin rostro.
No es cuestión aquí de enumerar las características y los poderes de cada uno de ellos, simplemente decir que desde nuestra perspectiva occidental la mayoría de estos monstruos japoneses, tal vez por su ambigua esencia que excluye una maldad tajante, son de una ingenuidad entrañable.
Fuente: www.pspain.com