Mundo Oculto

Prohíben las reencarnaciones

Todas las reencarnaciones de budas vivientes deberán obtener la aprobación del gobierno chino, pues de lo contrario serán consideradas ilegales o inválidas

EFE / Reportajes

El gobierno chino, en su ya acostumbrada política de desterrar el universo religioso y espiritual de su territorio, ha declarado ilegal la reencarnación de los budas, con lo que pone en entredicho la legitimidad de la autoridad del Dalai Lama. De esta manera, Pekín intenta socavar uno de los preceptos tradicionales y fundamentales del budismo en el Tíbet.
Los budas vivientes forman dentro del clero el escalafón más alto e influyente entre los tibetanos. Su elección está basada en el reconocimiento entre sus fieles de aquellos que han recibido la reencarnación de otros ya fallecidos.
Figuras espirituales, denominadas también tulku, que han decidido conscientemente “renacer”. Su misión en la Tierra es la de supervisar la educación de los futuros monjes y dirigir las ceremonias religiosas, de ahí que el gobierno chino quiera limitar el poder de éstos y controlar el proceso de identificación de los budas vivientes.
El Dalai Lama, figura emblemática del Tíbet y con mayor autoridad, junto con el Panchem Lama, quedaría alejado de poder ejercer su influencia sobre la población tibetana por la autoridad que éste le confirió. En su lugar, el gobierno chino será el que imponga a aquellos que escoja y que pasarán a estar bajo su supervisión.
Para ello, Pekín ha promulgado una nueva normativa para dirigir los asuntos religiosos, que han constituido la columna vertebral en la vida social de este pequeño país, cuyas tradiciones y costumbres han estado siempre ligadas al budismo, hasta el punto de convertirse en seña de identidad como pueblo y como país.

Budas vivientes impuestos
Sobre la cuestión de elección de los budas vivientes, el gobierno chino implanta una nueva normativa que cercena la posibilidad de una elección libre.
Por ésta, los templos que formulen una petición para una reencarnación tienen que ser “lugares registrados legalmente para celebrar actividades del budismo tibetano y sean capaces de acoger y ofrecer medios adecuados de apoyo al buda viviente”.
Además, “el proceso no puede estar influido por ningún grupo o individuo de fuera del país”, con lo que eliminan la posibilidad de que las altas jerarquías budistas tibetanas, cuya mayoría se encuentra en el exilio, puedan influir en la elección de aquellos que les reemplazarán.
Todas las reencarnaciones de budas vivientes deberán obtener la aprobación del gobierno chino, pues de lo contrario serán consideradas ilegales o inválidas, según anunció la Administración Central de Asuntos Religiosos.
La normativa entró en vigor a partir del 1 de septiembre y está formada por 14 artículos, que incluyen las condiciones de aprobación, los deberes y responsabilidades de los grupos religiosos de reencarnación, así como los castigos para aquellos que la violen.
Todas las solicitudes deberán ser enviadas al departamento de asuntos religiosos de cada provincia, al propio gobierno provincial, a la Administración Estatal de Asuntos Religiosos y al Consejo de Estado (Ejecutivo), para la aprobación de acuerdo con la influencia del buda viviente en su círculo religioso.
La Administración Estatal de Asuntos Religiosos señaló que la regulación favorece la garantía de las actividades religiosas del budismo tibetano y protege las creencias de sus fieles según la ley.

El prisionero político más joven del mundo
Ya ha existido el caso en que el gobierno chino se ha otorgado la potestad en la elección de uno de los lamas más importantes, y fue precisamente sobre el Panchem Lama.
Fallecido el Panchem Lama en 1985, Dalai Lama escogió al siguiente buda viviente en 1995, cuya reencarnación recayó sobre un joven de 18 años, Gendum Choeyi Nyima, que se convirtió en el 10º Panchen Lama.
Sin embargo, Pekín rechazó la elección y, cuando tenía seis años, fue detenido. Las autoridades chinas se lo llevaron del Tíbet e hicieron su propia elección. Desde entonces permanece en paradero desconocido y nunca más ha sido visto en público, convirtiéndose en lo que los tibetanos en el exilio han llamado “el prisionero político más joven del mundo”.
La Administración Estatal de Asuntos Religiosos justifica esta actitud aludiendo que el fin que se persigue es proteger a los ciudadanos tibetanos, “garantizar la libertad de religión de los ciudadanos y respetar las tradiciones tibetanas sobre la cuestión de los budas vivientes”.
El laicismo impuesto por China en el Tíbet ha llegado a extremos curiosos, ejemplo de ello son las manifestaciones realizadas el pasado mes de marzo por el responsable del Partido Comunista en la región autónoma del Tíbet, al decir que el Buda viviente real de la región más alta del mundo era el partido. Las razones para este funcionario se basaban en que el Partido Comunista era el que había procurado el progreso y la mejora de las condiciones de vida, desde que China ocupara este lejano territorio montañoso.