Mundo Oculto

Monstruos terrestres

Se calcula que el territorio de África Central no ha cambiado mucho a través de los siglos, y casualmente es de ahí de donde proceden muchas historias de monstruos terrestres

Si buscamos animales supuestamente extintos, lo lógico será hacerlo en áreas cuya inaccesibilidad constituya una garantía de supervivencia ante la aparición de especies más recientes y mejor dotadas.
Una de las teorías dice que los grandes dinosaurios y otros gigantescos reptiles se extinguieron hace unos 60 millones de años por el efecto devastador que causó el impacto de un enorme meteoro. Ahora bien, ignoramos lo sucedido con sus parientes de menor tamaño, capaces de sobrevivir en áreas menos devastadas y con menor cantidad de alimentos.
Entonces no es absurdo pensar que fueron capaces de trasladarse a territorios más propicios, donde lentamente se adaptaron a los cambios del planeta.

Catálogo de monstruos
Pese a las violentas transformaciones geológicas de los últimos 60 millones de años, África Central, región cálida y pantanosa, no ha cambiado prácticamente desde los tiempos en que los gigantescos animales poblaban la tierra. Además, sigue siendo tan impenetrable y casi tan desconocida como antaño.
Considerando esto, cualquier superviviente de la era de los dinosaurios tiene que hallarse, por fuerza, en esta parte del mundo. Y es precisamente de África Central de donde proceden muchas historias de monstruos terrestres.
Bigfoots y Yeties también forman parte de este apasionante catálogo de monstruos que sólo se puede conocer a través de los relatos de quienes los vieron y de algunas fotos borrosas, cuando hay la suerte de tenerlas.
Así, en 1981, un grupo de cazadores, vio una pareja de Mamuts lanudos vivos, como prueba de ello hicieron moldes de sus pisadas. La academia de ciencias de Rusia tomó cartas en el asunto.

¿Era un dinosaurio?
En 1932, el capataz sueco de una plantación de caucho se encontró con un enorme monstruo en África Central. Mientras cazaban en el valle pantanoso del río Kasai, J. C. Johanson y su porteador africano se vieron sorprendidos por la presencia de un lagarto de quince metros.
Sin detenerse a contemplarlo, los dos hombres iniciaron el regreso a la plantación, pero al cruzar un pantano volvieron a toparse con el gigantesco ser, ocupado en devorar a un rinoceronte.
“Fue sencillamente horrible”, explicó Johanson.
“Lo primero que pensé fue en no hacer un solo movimiento, pero luego me acordé de mi cámara. El lagarto trituraba los huesos del rinoceronte con un ruido que helaba la sangre. Saltó al agua en el preciso momento en que disparé mi máquina. Completamente exhausto, me desplomé detrás del arbusto donde había buscado refugio. Se me nubló la vista y perdí el conocimiento... Cuando regresé al campamento, debieron pensar que había enloquecido. Entré balanceando mi cámara como un demente y emitiendo sonidos ininteligibles... Pasé ocho días en cama, con mucha fiebre e inconsciente”.
Lastimosamente las fotografías de Johanson no resultaron muy claras. ¿Pudo, efectivamente, tratarse de un dinosaurio que había sobrevivido a la extinción de su especie?