Mundo Oculto

La lectura de cartas

La mujer lanza las cartas en una forma que ella llama herradura, y al leer su significado a ella le tiembla la mano, pues le han revelado que no hay futuro

“En algún lado del gran libro -- dice Olivares-- esta práctica está prohibida. No entiendo las razones, pero buscar en las cartas el destino no es cosa de personas justas”.
“Tonterías, creencias de barrio” – responde Mendieta - ¿Por qué nos sería negado saber el destino? ¿Si un gran mal se cierne sobre tu familia no intentarías derrotarlo?
Lo bueno y lo malo son consecuencias de nuestros actos, quien hace el mal recibirá mal – continúa firme en su posición Olivares.
¿Y una enfermedad? ¿Un accidente? ¿Eso puede tener un origen maléfico? -- prosigue Mendieta -- ¿me dirás entonces que es nuestro destino padecer de esas cosas?
Olivares no quiere responder, total, ha aceptado asistir a una lectura de cartas, la culpa le corroe las entrañas.
Un lectora de cartas no se diferencia del resto de las mortales; tiene sus dos ojos, se baña todos los días, el cabello no lo ha tocado porque se lo ha alisado para una boda después del trabajo, tiene casa, hijos y un trabajo formal de oficinista.
“Los tiempos cambian --dice Solange, la cartomántica-- antes te prendían fuego en la hoguera, ahora te morís de hambre en este negocio si no tenés otro oficio”, lo dice como una justificación que la avergüenza.
“La gente ya no cree en la madre tierra”, expresa ella dejando salir la frase con un tono misterioso, quizás extraído de una cinta de bajo presupuesto de los 50, quizás supone que en ese tono deben hablar las que presagian el futuro.
Los invita a la mesa y ofrece un sacrificio. En este mundo donde la muerte de un animal para congraciarse con las almas del otro mundo no es bien visto, debe conformarse con hebras de pelo arrancadas a un gato negro que debió interrumpir su siesta.
Humo de cigarrillo para llevar el mensaje al más allá con el humo de madera de ocote que tiene un rato ambientando el lugar.
“Con lo que me pagan, el incienso queda fuera del presupuesto --explica la cartomántica-- pero lo que interesa es llevar el mensaje”.
La mujer lanza las cartas en una forma que ella llama herradura, aunque en realidad parece un semicírculo algo irregular, a ella le tiembla la mano, entornó los ojos para mostrar la córnea algo amarilla por las cataratas, un poco de colirio pudo ayudar para dar la impresión perfecta.
“No entiendo --dice la mujer confundida -– las cartas dicen que no hay futuro”.
Olivares se siente incapaz de contener la risa, la suelta.
“Más respeto para Solange”, recrimina Mendieta. “Los espíritus te castigarán por tu insolencia”, reacciona Solange.
“Ya estamos muertos”, dice Olivares sonriente.
Y es verdad, el ocote ha llenado la habitación de humo, sin salida, están muertos, envenenados por el humo… Y a sus almas no les queda más que reírse.