Mundo Oculto

La maldición del Mary Celeste

La desaparición de la tripulación de este barco es el elemento central de la larga historia de desgracias del Mary Celeste

El cinco de diciembre de 1872, el vigía de la nave británica Dei Gratia avistó un barco que parecía tener problemas.
Los marineros registraron el barco desde los mástiles hasta la bodega y lo encontraron en excelentes condiciones, pero no había ni un alma a bordo. La tripulación había desaparecido sin dejar rastro. El barco se llamaba Mary Celeste.
La desaparición de la tripulación de este barco es el elemento central de la larga historia de desgracias del Mary Celeste. Atraía la mala suerte como el imán atrae las limaduras de hierro.
El Mary Celeste fue construido en 1860, en Nueva Escocia. Originalmente se llamó Amazón, y fue botado en 1861. Después de varios infortunios, el Amazón encalló en América. Fue sacado de las rocas y reparado, pero parece que fue vendido varias veces.

Con nuevo capitán
El nuevo capitán del Mary Celeste era un severo puritano de Nueva Inglaterra llamado Benjamín Spooner Briggs. Además de su primer oficial, abordaron el segundo oficial el cocinero y cuatro marineros alemanes, también se embarcaron hacia lo desconocido la mujer del capitán Briggs, Sarah Elizabeth, y su hija Sophia Matilda, de dos años. Su hijo mayor, Arthur Stanley, fue el único miembro de la familia que se quedó en casa.
A última hora del sábado dos de noviembre de 1872 la tripulación subió a bordo y aseguró la carga. El barco transportaba 1 mil 701 barriles de alcohol desnaturalizado, que eran enviados por Meissner Ackerman & Co., comerciantes de Nueva York, a H. Mascerenhas & Co. de Génova, Italia.
El cinco de noviembre el barco fue remolcado, pero el Atlántico estaba muy tormentoso para la época, y Briggs tuvo que echar el ancla durante dos días antes de aventurarse en alta mar, el siete de noviembre. Esa fue la última vez que alguien vio a aquella tripulación.

Encuentro inesperado
Ocho días después de que el Mary Celeste zarpara de Nueva York, el Dei Gratia salió con una carga de kerosene rumbo a Gibraltar. Su capitán, oriundo de Nueva Escocia, se llamaba David Reed Morehouse, y el primer oficial era Oliver Deveau. Ambos hombres, así como el resto de la tripulación, eran buenos marinos.
El cinco de diciembre, poco antes de la una del mediodía, un miembro de la tripulación del Dei Gratia, John Johnson, que estaba al timón, avistó un barco a unos ocho kilómetros a estribor. A causa del mal estado de las velas, Morehouse dio orden de ofrecerle ayuda.
A las tres de la tarde, cuando se hallaban a menos de 400 metros del barco misterioso, el capitán Morehouse llamó varias veces, pero, al no obtener respuesta, decidió enviar algunos hombres a investigar. El Mary Celeste estaba desierto.
Durante la hora siguiente revisaron el Mary Celeste de proa a popa.
Para abreviar: el Mary Celeste estaba en mejores condiciones que muchos de los barcos que cruzaban regularmente el Atlántico. Y, aparte de algunos signos que indicaban que el barco había soportado recientemente una tormenta, resultaba inexplicable que su tripulación lo hubiese abandonado.
En la mesa del camarote del capitán Briggs, Oliver Deveau encontró el diario provisional de a bordo. Decía: "Lunes 25. A las cinco llegamos a la isla de St Mary, en dirección ESE. A las ocho, la punta este estaba al SSO, a tres kilómetros de distancia”.
En el barco no se encontraron el cronómetro, el sextante, el libro de navegación y una pequeña yola o bote que había estado amarrada a la escotilla principal. Un trozo de barandilla había sido arrancado para lanzar el bote al agua. Esto, por lo menos, aclaraba la forma en que había desaparecido la tripulación: había abandonado el barco.
Pero, ¿por qué abandonar un barco en perfectas condiciones metiendo a su mujer y a su hijita, con los siete miembros de la tripulación, en un bote pequeño y poco estable?

Teorías del suceso
Según las leyes marítimas internacionales, quien salva un barco abandonado tiene derecho a un porcentaje del valor del barco y su cargamento. Generalmente, esos barcos se han hundido, pero el Mary Celeste, que estaba a flote, y su carga valían una suma importante, y sus salvadores podían esperar unos 80 mil dólares.
Al capitán Morehouse no le consumía la avaricia, como han sugerido testimonios posteriores, y de hecho se resistía a reclamar la recompensa por el Mary Celeste.
Sin embargo, finalmente los dos barcos pusieron rumbo a Gibraltar. El Dei Gratia llegó el 12 de diciembre y el Mary Celeste a la mañana siguiente. Dos horas después de echar el ancla el Mary Celeste fue arrestado por Thomas J. Vecchio, de la Corte del Vice Almirantazgo, considerando que el abandono del Mary Celeste sólo podía explicarse como resultado de asesinato y piratería.
Primero, Flood acusó a la tripulación --ausente-- del Mary Celeste de haber obtenido acceso al cargamento de alcohol y haber matado al capitán Briggs, a su mujer, a su hijita y al primer oficial Richardson en una furia alcohólica. Una teoría propuesta por William A. Richard, Secretario del Tesoro de los Estados Unidos. Pero la carga era de alcohol desnaturalizado que, de ser bebido, hubiera provocado dolores agudos a los bebedores mucho antes de que pudieran emborracharse.
Después se sugirió que Briggs y Morehouse eran cómplices; que el primero mató a su tripulación, se deshizo de los cuerpos y después se dirigió en el bote a un destino prefijado con el capitán Morehouse que, mientras tanto, encontraría al Mary Celeste abandonado, lo llevaría a Gibraltar y reclamaría el dinero del rescate. Después se dividirían sus ilícitas ganancias.
La teoría podría ser plausible, pero no hubo ni hay pruebas de que Briggs y Morehouse fueran delincuentes. Además, Briggs era propietario de una parte del Mary Celeste y su parte del dinero del rescate equivalía al que tenía invertido en el barco.

Inculpan a ausentes
La tercera sugerencia fue que el capitán Morehouse y la tripulación del Dei Gratia habían abordado al Mary Celeste y asesinado a todos los que estaban a bordo. Sin embargo, la corte del Vice-Almirantazgo limpió a Morehouse y a sus hombres de toda sospecha. Les concedió una recompensa por el rescate que ascendió a 1 mil 700 libras.
El Mary Celeste fue devuelto a James H. Winchester, y bajo el mando del capitán George W. Blatchford continuó su viaje hasta Génova, donde finalmente entregó su carga. Entonces, Winchester lo vendió --se dijo que con una considerable pérdida-- y a lo largo de los 12 años siguientes el barco cambió de manos no menos de 17 veces.
Ninguno de sus propietarios dijo nunca una buena palabra de él. Anduvo dando bandazos por la costa de los Estados Unidos, perdiendo cargamentos, velas y marineros, encallando e incendiándose con increíble regularidad. Parecía que el Mary Celeste era víctima, desde que fue botado, de una especie de maldición.