Mundo Oculto

Magos y médium


La autohipnosis es un condicionamiento consigo mismo mediante el cual un individuo acepta sugestionarse con determinadas técnicas.
La autohipnosis, como la hipnosis, tiene diversos grados. El más ligero es tal vez el que se define como “estado de atención, concentración, que tiene como finalidad el percibir las señales, aun las más imperceptibles, cuya evaluación remitimos a nuestro instinto”.
Éste es el estado en el cual todos nos colocamos cuando conocemos a una persona y queremos valorarla. Queremos obtener un contacto directo con ella y, por consiguiente, nos concentramos hasta excluirnos del mundo exterior; los ruidos se perciben como lejanos y nuestra atención está focalizada para captar, resumir, poseer idealmente a la persona que está delante de nosotros.
La hiperestesia
Lo que apenas se ha descrito es la actitud del mago, vidente, cartomante, quiromante, que aprovecha muchísimo la hiperestesia, lo que significa un hecho natural sin nada de paranormal. La larga experiencia de estudio, vivida especialmente en contacto con estos sujetos, permite estar seguros de que uno de los componentes de la “adivinación” (leer la mano e interpretar las cartas) es la hiperestesia.
La persona que se presenta a estos “seudo-videntes” está preocupada por alguna cosa. El mismo tono con el cual plantea la pregunta revela su preocupación y orienta al cartomante para dar la respuesta. El consultante vive un ansia quizás mayor que la que soporta alguien cuando espera la respuesta del médico y pierde su propia capacidad crítica; éste, en cambio, se halla en su nivel máximo en el quiromante. La adivinación llega a ser, en ese punto, un juego psicológico.
La hiperestesia de todos modos tiene límites muy precisos y no puede aclarar hechos experimentales en los cuales el sujeto “adivina” frases enteras escritas anteriormente sobre una hoja, o el pensamiento de una persona, como sostiene Quevedo. Esto explica el hecho afirmando que el sujeto ‘transmitente’ tendría una contracción muscular inconsciente para cada consonante o vocal pensada, que el sujeto receptor descodificaría inconscientemente “sin tener contacto con el cuerpo” de la persona que piensa.
Tomando en cuenta que todo hecho psíquico determina un reflejo psicológico podemos explicar sobre esta base el ‘cumberlandismo’. Éste consiste en la capacidad de ciertos sujetos de captar comunicaciones que resumen el pensamiento de otros sujetos mediante la percepción y la descodificación en sentido positivo o negativo de las contracciones musculares cuando el sujeto “transmitente” está en “contacto físico” con el sujeto receptor. El término deriva de Stuart Cumberlad, que estudió el fenómeno y lo practicó en reuniones públicas de ilusionismo.
He aquí un ejemplo: el ilusionista se hace vendar los ojos y pide que se esconda un reloj en el bolsillo de uno de los presentes. Luego, aferra la mano de un espectador, preferiblemente un niño, y camina por el salón. De improviso, se detiene ante un espectador, indaga con la mano delante de su cuerpo, localiza el bolsillo y saca el reloj. Aplausos y éxito.
Un ente sensible
El ilusionista es una persona sensible y entrenada, y al caminar lentamente advierte el temblor ligerísimo e instintivo que de manera inconsciente se le transmite a partir de la mano del espectador.
Éste, en efecto, al pasar delante de aquella fila no puede evitar un imperceptible e involuntario movimiento que el ilusionista traduce en la sensación de haber encontrado el punto preciso. De la misma manera sucede la localización de personas.