Mundo Oculto

¿Realmente murió Jesús en la cruz?

Según los Evangelios, de la herida de lanza que tenía en el costado Jesús brotó sangre y agua. Es posible, entonces, que cuando fue descendido de la cruz se hallase en coma, o quizá en trance

EFE / Reportajes
La Historia Sagrada nos dice que Jesús fue conducido en procesión al Gólgota para ser crucificado. En esta peculiar modalidad de ejecución, la víctima quedaba colgada de la cruz mediante sogas o clavándole las manos y los pies.
El madero principal llevaba un pequeño soporte destinado a prolongar la agonía de la víctima. Las personas a quienes crucificaban tardaban dos o más días en fallecer.
La intención del procedimiento era la de prolongar varios días la agonía del reo, pero como no debían quedar colgando de la cruz durante la jornada del sábado, si no habían muerto aún, se les quebraban las piernas a golpes y así, faltos del apoyo de madera que solían tener las cruces, perecían por colapso circulatorio o de agotamiento.

¿Una cruz diferente a la habitual?
La cruz en la cual fue clavado Jesús parece que era algo distinta de las que se utilizaban habitualmente. Por lo general, se clavaba el madero al suelo y se remataba con el travesaño. En la cruz donde colgaron a Jesús, por el contrario, el madero perpendicular sobresalía del travesaño y clavaron delante un madero más corto para permitirle descansar mientras lo ataban. Luego, los verdugos lo clavaron por las muñecas y por los pies conforme a la práctica común.

¿Se hizo quizás de esta manera con la intención de salvarle la vida?
Es sabido que José de Arimatea había regresado a Palestina de uno de sus múltiples viajes, y que fue recibido por Pilatos. Este amigo y discípulo de Jesús era un hombre rico e influyente, de quien se dice que fue además bueno y justo y, al igual que Nicodemo, también se supone que pertenecía a los esenios.
Según el historiador judío fariseo Flavio Josefo, que vivió hasta el año 94, los esenios eran "una hermandad que se ejercitaba en la temperancia y la autodisciplina. Los esenios renuncian también a la riqueza, comen sólo los alimentos necesarios. Usan las ropas y el calzado sin lujos".
Podría haber ocurrido que José de Arimatea, informado a tiempo del destino que le reservaban a Jesús, prefirió mantenerse en un segundo plano y, junto a sus hermanos esenios estudiaran alguna suerte de estrategia con el objetivo de salvar a Jesús.
Según los relatos de los evangelistas, Jesús sufrió en silencio, con los ojos vueltos hacia el cielo, hasta que dijo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Consumido por la sed, tenía los labios resecos y agrietados. Entonces, un soldado empapó una esponja en vinagre y se la tendió mediante una percha de hisopo para que bebiese.
Desde la hora sexta hasta la nona Jesús permaneció en la cruz, y luego la oscuridad cubrió toda la Tierra. Ante esta súbita irrupción de la oscuridad, muchos de los presentes se dieron golpes de pecho y regresaron a sus casas, temiendo que cayeran sobre ellos los espíritus malos para castigarlos.
Delante de la cruz permanecieron los enemigos de Jesús, los sacerdotes y los soldados, así como los seguidores de Cristo, entre los que se hallaban su madre María, y la hermana de su madre; María, la esposa de Cleofás; María Magdalena, José de Arimatea, María la madre de Santiago; Salomé y otras mujeres, como la madre de los hijos de Zebedeo y varias discípulas y devotas, así como los esenios del Gólgota.

No le rompieron las piernas
Jesús fue clavado en la cruz la víspera del sábado, que era también día de preparación de la Pascua. Al anochecer debían cesar todas las actividades y estar descolgados los cadáveres de los reos. Parece probable, pues, que Jesús permaneciese sólo tres horas en la cruz, y luego fue preciso descenderle porque era la víspera del sábado.
Cuando los sacerdotes se enteraron de que José había obtenido la autorización para llevarse el cuerpo de Jesús, visitaron a Pilatos y solicitaron que se le rompiesen las piernas a los reos, puesto que la ley prohibía dejarlos colgados en sábado. Los soldados fueron allá y les rompieron las piernas a los dos ladrones, provocando su rápido fallecimiento.
En la época, cuando se juzgaba que el reo debía estar casi muerto, solían atravesarle los pulmones de una lanzada para acelerar el proceso. El soldado romano que clavó su lanza en el costado del reo ejecutó la orden con desgana, o tal vez creyó que Jesús estaba ya muerto. Poco se sabía entonces de la circulación de la sangre, ni de los signos que hoy llamamos la muerte clínica.
Pero cuando se acercaron a Jesús creyeron que había muerto y no le rompieron las piernas, sino que uno de los soldados le asestó una lanzada en el costado derecho y, según el evangelista Juan, brotó de la herida sangre y agua. El soldado no reparó en esto, sino que se alejó, permitiendo que los deudos descolgasen a la víctima.
En efecto, sorprende que, mientras a los otros dos reos se les remató rompiéndoles las piernas, no se hiciera lo mismo con Jesús, lo cual podemos atribuir a la negligencia, ignorancia, soborno o complicidad.
Es posible, entonces, que Jesús, cuando fue descendido de la cruz se hallase en coma, o quizá en trance. El hecho de que manase sangre y agua de la herida podría indicar que estaba aún con vida, según los conocimientos médicos de hoy.
Así pues el misterio, uno más, alrededor de la vida y muerte de Jesús de Nazareth permanece. ¿Estaba Jesús en coma cuando lo hicieron descender de la cruz o había muerto realmente?