Mundo Oculto

Sábana Santa

La Sábana Santa o Síndone, que supuestamente arropó y cubrió a Jesús tras su crucifixión, es uno de los objetos arqueológicos más analizados de la Historia, y también el más desconocido, porque no existe un estudio concluyente

EFE / Reportajes
La Sábana Santa --junto con el Santo Rostro de Manoppello y el Santo Sudario de Oviedo-- es una de las reliquias católicas más importantes. De hecho, este lienzo de 4.40 metros de largo por 1.10 de ancho es el objeto arqueológico más analizado de la Historia y uno de los mayores misterios.
Las huellas de color sepia que dibujan --en negativo-- dos siluetas humanas de tamaño natural pegadas por la cabeza sustentan la versión de los Evangelios y coinciden con su descripción acerca de los datos anatómicos y forenses del cuerpo de Cristo.
Persiste el enigma
Según el Evangelio, Jesús fue flagelado y crucificado, le pusieron una corona de espinas, entre otras tropelías. Todo ello se refleja en esta mortaja a través de la morfología de las manchas de sangre y la imagen descubierta al reverso de la tela.
Por ello y en la senda de la tradición cristiana es el sudario en que José de Arimatea envolvió el cuerpo de Cristo, por lo que durante los últimos seis siglos ha sido “el único documento gráfico” de cómo era Jesús.
De acuerdo con la leyenda, fue una de las reliquias encontradas en Tierra Santa por Santa Elena, madre del emperador Constantino. A partir de esta posición y gracias al Papa Julio II se valora positivamente su culto desde 1506.
Incluso, los estudios científicos se atrevieron a determinar -- a través de la prueba del carbono 14 (prueba científica por la cual se puede fechar un objeto antiguo en función de la modificación que han sufrido sus componentes en relación con un elemento químico y que tiene un gran porcentaje de acierto)-- que la Síndone procedía de la Edad Media (en torno a 1200 y 1400 de nuestra era) y nada tuvo que ver en la vida de Jesucristo.
Argumento refutado por posteriores análisis que develaron que había sido tocada por muchas personas de épocas posteriores y que hacían más difícil su datación. A esto hay que añadir los numerosos traslados de los que fue protagonista.
¿Radiación, energía o fotografía?
El enigma, no obstante, sigue centrando las pesquisas en torno a las siluetas impresas en el lienzo. Algunas hipótesis redundan en un tipo de energía o radiación --de alta intensidad y corta duración-- que provocó la formación de esas imágenes. Otras la destacan como precursora de la fotografía y afirman que la reliquia puede ser un negativo fotográfico obtenido por una tenue quemadura superficial del tejido. Tan débil es la quemadura que sólo afectaría a escasas fibras de cada hilo y se percibe a partir de un metro de distancia.
Esto brindaría indicios de que alguien inventó los rudimentos de la fotografía en el siglo XIV, ya que, según quienes defienden esta posibilidad, se trataría de tres negativos fotográficos impresionados. Sólo un alquimista en tiempos de imposibilidad técnica podría haber inventado un método para contener un negativo que representa a un hombre de frente; un segundo con su cabeza y ajusta perfectamente con el cuerpo y el tercero, el mismo hombre de espaldas.
Por su parte, los estudios botánicos a partir de los restos vegetales hallados en la Sábana desarrollados en 1999 por el profesor Danín, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, demostraron que ésta estuvo en el área de la ciudad santa “en los meses de marzo y abril, y que las huellas se corresponden con plantas que fueron cortadas entre las tres y las cuatro de la tarde”. “Si la sábana está en Europa desde el año 1200 y es una falsificación de la Edad Media, ¿cómo es que la ciencia dice que estuvo en Jerusalén?”, cuestionó el científico.
El dictamen de la prueba del carbono 14 fue hecho público en 1988 por el cardenal de Turín, Anastasio Ballestero, a partir de los resultados de laboratorios de Oxford (Gran Bretaña), Zurich (Suiza) y Arizona (Estados Unidos), que databan su fabricación entre 1260 y 1390.
La sábana ha experimentado sucesivas restauraciones a lo largo de su historia, ya que la tela está compuesta por distintos linos. Y desde esta óptica, ya en 1200 fue restaurada en Constantinopla, mientras que otra reparación se realizó en 1534, después del grave incendio de Chambery, y otras en los siglos XVII y XIX.
Con un trayecto azaroso en su extensa vida, la Síndone estuvo tanto en poder de los árabes como de bizantinos, que la rescataron en la época de las Cruzadas. Ha servido para cubrir a enfermos, se convirtió en centro de disputa entre dinastías, impulsó la firma de diversos tratados de paz y bodas reales. También ha sido objeto de incendios intencionados en dos ocasiones.
La primera fue en la noche del 3 de diciembre de 1532, cuando el lienzo estaba resguardado en una arqueta de plata en el convento de las monjas clarisas de Chambery, en Francia, y el fuego le provocó 24 agujeros, de los que 16 fueron remendados por las religiosas, aunque no se pudo evitar que se dañara la imagen de los antebrazos que aparece en la sábana.
La siguiente ocasión fue el 11 de abril de 1997 en Turín (Italia), y ambos incendios fueron provocados, según Andrés Brito, delegado en Canarias del Centro Español de Sindonología.
En 1898, la Casa Real de Saboya --entonces propietaria de la reliquia-- quiso celebrar la boda entre Vittorio Emanuele III y la princesa montenegrina Elena Petrovich-Niegos con solemnidad. Por ello, la Sábana estuvo expuesta alrededor de una semana.
La Iglesia Católica, actual propietaria de la reliquia desde 1983, cuando el rey Humberto de Saboya la legó en testamento, afirma que los descubrimientos de la ciencia en torno a la Sábana Santa de Turín no tienen nada que ver con la fe cristiana y que hay seis siglos de devoción a Cristo inspirados en el lienzo.
Según fuentes eclesiásticas, al margen de su autenticidad como tela que cubrió el cuerpo de Cristo después de muerto en la Cruz, tiene más siglos de antigüedad que los grandes cuadros del arte cristiano. Consideran, entonces, como buena la devoción a la reliquia, pero no es bueno apoyar la fe en ella.
En Manoppello (centro de Italia) se encuentra una reliquia que, para algunos, podría ser el llamado velo de la Verónica, el paño en el que según la tradición católica quedó impreso el rostro de Cristo cuando la mujer le enjugó la cara durante el camino al Calvario.
Otras hipótesis sostienen que podría ser el lienzo con el que se cubrió el rostro de Cristo antes de ser envuelto en el sudario, ya que algunas investigaciones apuntan a que los rasgos que aparecen en la tela coinciden con los de la Sábana Santa que se conserva en Turín.
A pesar de esto, existe otra reliquia que mantiene similitudes con la Sábana Santa y de la que se han propuesto estudios comparativos. El Santo Sudario de Oviedo (Norte de España) guarda asombrosas coincidencias con la Síndone que parece indicar que ambas telas envolvieron a la misma persona.
El Santo Sudario -- atribuido a Jesucristo-- pudo ser empleado para cubrir su cabeza en el traslado de la cruz hasta su sepulcro y presenta en la parte de la nuca el 80 por ciento de similitudes con respecto a la Sábana Santa de Turín.
Según el presidente del Centro Español de Sindonología, Jorge Manuel Rodríguez, el estudio es “imprescindible para probar, además, las similitudes existentes entre ambos lienzos en la parte del rostro, ahora inapreciables porque se trata de líquidos transparentes imperceptibles a través de fotografías”. La zona de nariz y boca “presenta en las dos telas marcas muy suaves pero idénticas de líquidos fluidos tras la muerte provocados por edema pulmonar”, añadió el experto.
En la parte de la nuca, el tipo de sangre que aparece en ambos lienzos es del grupo AB y en las dos se trata de sangre “vital y coagulada”, emanada mientras la persona tenía vida, según Rodríguez, que matizó que “desde que salió la sangre hasta que fue envuelta la cabeza transcurrió una hora, tiempo en el que pudo producirse la muerte”. En definitiva, manchas superponibles en ambas telas.
Fueron los científicos Giulio Fanti y Roberto Maggiolo --miembros del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Padua (Italia)-- los que aseguraron haber encontrado una segunda imagen en la parte de atrás de la tela, en la que se puede apreciar un rostro humano.
“Se trata de una imagen muy débil, pero en la que se puede distinguir con bastante claridad una nariz, dos ojos, barba, cabellos largos y bigote”, aseguraba Fanti. El descubrimiento se llevó a cabo a partir de unas fotos de la sábana que fueron tomadas en 2002, por un sacerdote, durante una exposición de la sábana en la que se mostraba al público el resultado de un proceso de restauración al que había sido sometida.