Mundo Oculto

Eclipse de luna


Jove

El Taita me dijo que descansaríamos el día para recibir en la noche a la luna con su ropaje oscuro.
“Será un instante Chosme querido --me dijo-- para esos instantes vivimos cuando los caminos de todos los mundos; los vivos y los muertos coinciden en el mismo punto del universo. Hoy, por la noche, cuando la luna vista de negra gala, hablaremos con el arcángel que nos dirá lo que el hado tiene destinado para este mundo”.
¿Está realmente condenado este mundo?, pregunté con inocencia juvenil.
“La hora sólo aquel de cuya luz salimos la sabe y ni esta noche, ni ninguna otra nos mostrarán lo que hay tras el manto”, respondió.
Dormí a pesar del calor del día, a la sombra de unos árboles de naranja. El Taita me previno, para mi bien, de limpiar mi alma de cualquier pensamiento impuro. Pedí perdón por la carne deseada durante esos días, con sinceridad esperé el perdón.
La luna cambió su reluciente manto por el negro. La tierra se agitó casi imperceptible. El arcángel se apareció.
El Taita le habló fuerte: “Lo que viene por nosotros no sonríe, para sonreír hay que tener, al menos, caries que mostrar”.
“Lo que viene tiene por boca un hueco oscuro”, respondió el arcángel. Un pozo del cual ni la luz escapa. No es un hechizo, el poder humano puede contra todo aquello cuyo sustento es la palabra.
“En el mundo de los primeros hombres ya sabíamos el poder de la palabra; el hombre dijo que el perro es todo aquel animal que ladra, babea y agita la cola, es su voluntad que otros sean felinos, cocodrilos, tapires, gaviotas, ruiseñor de las deshoras y cabras en las montañas”, agregó El Taita. “También cuando es su voluntad, con la palabra puede hacer de una fiera terrible un rabo ansioso por el calor de la mano del amo”.
“En el principio no fue el verbo --dijo el arcángel-- el verbo fue para el hombre, el creador no es el verbo, el hombre es verbo. En las 22 cartas del Tarot antiguo es revelado al hombre la infinitesimal fracción de un verbo que no podrán conocer”.
El Taita prosiguió: “De saber un poco más nos sentaríamos en el fogón a comernos las entrañas de nuestros ancestros, entonces nos volveríamos locos en la sabiduría de aquel cuyo nombre fue pronunciado en el principio de este mundo para imbuir los cuerpos con agua, receptáculo del alma”.
¿Qué es la vida sin agua? Nada. ¿Qué es la arena sin agua? No es arena.
“No sabríamos de esa palabra, no reñiríamos cuando entra entre los poros de nuestra piel desvencijada como casa vieja de muebles cubiertos, de herrumbre crujiendo por los vaivenes del tiempo”.
“Mira --dijo el arcángel-- la arena es una parte tuya, es tu padre y madre, los hijos que quizás anden por el mundo con la esperanza curvándoles la espalda”.
“En el principio fue el silencio --dije entonces en un arrebato de inspiración-- un silencio que colmó lo que sólo Él, el altísimo, puede conocer y nunca nos será revelado por la naturaleza temporal de la carne y el sueño fútil de la eternidad del hombre”.
“Ningún hombre se salvará --sentenció el arcángel-- digo que ningún hombre podrá salvarse.
Ni siquiera una porción de su luz, ya la boca muestra el cavernoso destino desdentado”.
¿Acaso dirá el nombre de todos y cada uno de nosotros?, quiso saber El Taita.
“A pesar de vuestro esfuerzo, de las diferencias durante años aradas en la piel, el verbo es uno, no son dos, ni tres, ni cien mil, es uno, el hombre es uno atrapado por los demonios personales, demonios que también son el verbo, verbo y hombre, varón y varona, son esos 22 fonemas que dan fe; la luz es apenas un instante en un silencio oscuro y constante”.
Entonces lloré por el hombre y por mí, por el hierro y el fuego que barrerá la faz de la tierra.