Mundo Oculto

Nace una bruja

El Brujo Mayor decidió que el agua sería el elemento mágico que regiría la vida de la nueva bruja, “Iae”

EFE / Reportajes

Se necesitan doscientas velas y la presencia de los cuatro elementos, tierra, agua, aire y fuego, para que nazca una bruja en el estado mexicano de Veracruz, en un rito ancestral que se cumple el primer viernes de cada marzo.
Ese día se reunieron todos esos factores para que el Brujo Mayor, Antonio Vásquez, iniciara en las artes de la magia a una mujer que ahora llevará el nombre espiritual de “Iae”.

Entre los cuatro elementos
El escenario fue el Salto de Eyiplanta, “el lugar de las siete cascadas de agua”, una zona selvática de Veracruz.
Soplaba viento del norte; había fuego en los cirios encendidos y colocados en forma de flecha; luz de luna casi llena, tierra selvática al otro lado del río y, por supuesto, mucha agua cayendo con fuerza por la cascada.
Por eso el Brujo Mayor decidió que el agua sería el elemento mágico que regiría la vida de la nueva bruja, “Iae”, e invocó a la diosa del agua prehispánica Chalchihuitlicue “para que la aspirante pueda conectarse con el agua y recibir toda su energía”.
“Hoy es el día de Quetzalcoatl (Dios azteca), porque hoy nace un nuevo ser, una bruja, alguien dedicada a la magia, al servicio de los demás, para curar el dolor y la angustia”, recitó el Brujo Mayor con las manos impuestas sobre la cabeza de la novata.
El “maestro”, como lo llaman sus seguidores, insistió en que “siempre existe vocación de ayudar, porque ser brujo implica conocer las hierbas para curar, tener la capacidad de aconsejar y de usar la energía propia para curar las almas”.

Energía del Universo
La magia, añadió, “es el manejo de la energía” que data en México de tiempos previos a la conquista española “que supuso un aplastamiento de la cultura”.
“Siempre ha habido ‘hamatinis’, hombres sabios que en su comunidad ejercían de sacerdotes, médicos, consejeros... y que no quisieron convertirse al catolicismo. Los españoles consideraron que eran servidores del Diablo y tuvieron que huir y ejercer como curanderos en la clandestinidad”, explicó Vásquez.
Esta energía que los brujos utilizan para curar la toman del Universo cada año, en una ceremonia que se celebra en la medianoche del primer viernes de marzo.
“Es como si llenáramos el depósito de gasolina para la andadura de todo el año”, afirmó Hugo, un arquitecto que dejó su profesión para convertirse en el chamán “Mauako” de Tuxtla Gutiérrez (capital del sureño estado de Chiapas).
Mauako viajó al municipio veracruzano de Catemaco para la reunión de brujos del primer viernes de marzo. Este pueblo, ubicado en la Sierra de los Tuxtlas, es el centro de la tradición ancestral de la brujería. Los lugareños dicen que el “maestro” más famoso en estas artes es Héctor Betaza, “El Cuervo”, que en el rito del primer viernes “curó a sesenta personas en tres horas”, según aseguraba uno de sus asistentes en la puerta de la consulta.
La sala de espera estaba llena “como casi todos los días pero sobre todo los martes y los viernes”, añadió el asistente, a pesar de que cobra 150 pesos (unos 13 dólares) y la economía del pueblo no es muy boyante.
El cuarto donde “El Cuervo” trabaja es oscuro, apenas alumbrado por unas velas, y saturado de reliquias cristianas y de imágenes de la Muerte con su guadaña. En el suelo hay pintado un pentagrama donde se sitúa el paciente para que le hagan la “limpia”.
El brujo dijo que estas “limpias” para quitar “la mala vibra” son sus trabajos más frecuentes, ya que “cualquiera puede enviar energía negativa a otra persona sólo con el deseo de hacerle mal”.
¿Realidad o engaño? “He curado a mucha gente durante años y nunca he tenido una reclamación”, concluyó el Brujo Mayor.