Mundo Oculto

Las huellas de la Sagrada Familia

A pesar de que no existe ninguna referencia bíblica ni histórica sobre las etapas del viaje de la Sagrada Familia en Egipto, la tradición copta asegura que ésta permaneció alrededor de cuatro años en tierra de faraones

EFE / Reportajes

La cuenca del Nilo, lejos de los polos de peregrinación situados a la orilla del Jordán, alberga numerosos lugares santos para los cristianos egipcios, que celebran con espiritualidad y colorido la presencia de la Sagrada Familia en Egipto, donde se refugió de la ira del rey Herodes.
Miles de egipcios de todo el país se acercan dos veces al año a la aldea de Deir Abu Hennas, 300 kilómetros al sur de El Cairo: primero en enero, para festejar la llegada de Jesús, María y José a Egipto y el momento en el que desembarcó en esa aldea, y otra el uno de junio, para honrar a la Virgen María.
Participar en las fiestas es una oportunidad para afirmarse en la fe y recibir la “baraka” (bendición divina) por su participación. Esta tradición de la Iglesia Copta, fundada en Egipto en el siglo I, se apoya en varios textos bíblicos.
El principal es el evangelio de San Mateo (2.13), en el que se recoge que un ángel se le apareció a José y le dijo “levántate y toma al niño y a su madre, huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo”.

En la tierra de los faraones
A pesar de que no existe ninguna referencia bíblica ni histórica sobre las etapas del viaje a Egipto, la tradición copta asegura que la Sagrada Familia permaneció alrededor de cuatro años en tierra de faraones, en los que recorrió el país de norte a sur, desde la localidad de Farama, en la costa norte, hasta Asiut, casi 385 kilómetros al sur de El Cairo.
Deir Abu Hennes es uno de esos lugares por donde --cuentan los egipcios coptos-- pasó en su peregrinar la Sagrada Familia.
Jesús, María y José acompañados por Salomé, la matrona que al ser testigo del “milagroso nacimiento de Jesús” prometió no abandonar nunca a María, cruzaron hace más de dos mil años desde la orilla oriental del Nilo, por la aldea de Abu Malek, hasta la pequeña población de Abu Hennas.
En una pequeña colina de Abu Hennas, bautizada Kom Mariam, descansaron antes de seguir camino al sur hacia Tell Amarna, donde en el siglo XIV a.C. había establecido su capital el “faraón hereje” Ajenatón, marido de Nefertiti y primer monarca conocido que impuso sobre sus dominios el monoteísmo.
Todos los 28 de enero, los coptos egipcios de la comarca de Al Malawi, donde está ubicada Abu Hennas, conmemoran la llegada de la Sagrada Familia al país y representan el momento en el que cruzaron el río sobre una faluca de pescadores.
Participar se convierte en un rito de hermanamiento en el que renuevan la fe, un ritual en el que los creyentes obtienen la bendición divina. Muchos de los egipcios que se acercan hasta esta aldea aprovechan la travesía para peregrinar a otros lugares bendecidos por la presencia de Jesús o la Virgen María.

Ritos en las proximidades de Samalot
Uno de estos altos en el camino se encuentra en el llamado Gabal al Teir (Monte del Pájaro), ubicado sobre una montaña desde la que se contempla el fértil valle del Nilo y que debe su nombre a la gran cantidad de aves que en ciertas épocas del año inundan su geografía.
En este monte, situado en las cercanías de la localidad de Samalot, en la provincia de al Minia, se levanta la iglesia de La Señora de la Palma, entre cuyos muros se esconde una pequeña cueva que durante tres días sirvió de refugio a la familia de Nazaret.
Los peregrinos rezan dentro del templo, al que entran después de descalzarse, y muchos de ellos escriben peticiones en pedazos de papel o los nombres de las personas queridas.
Después los colocan en la cueva que acogió a la Sagrada Familia, donde encienden una vela o los ponen debajo o junto a algún icono de la pequeña iglesia, cuyo origen se remonta al siglo IV después de Cristo.
Los peregrinos aseguran que cada año son testigos de una mayor atención de las autoridades por estas fiestas organizadas por los coptos, que representan un diez por ciento de la población egipcia. El padre Dimitrius, obispo de al Mallawi, Hermopolis y Antenoepolis, lo confirma y explica que desde el 2000, año en que se conmemoró el segundo milenio del nacimiento de Cristo, se ha prestado cada vez más atención a estas fiestas y lugares de peregrinaje.

Por los lugares sabrados
Dimitrius comenta que a la festividad de Kom Mariam se acercan unas 10 mil personas.
Este lugar, como en la mayoría por los que pasó Jesús, es sagrado y bendito; en otros, además, aconteció un milagro.
Como en Gebel al Teir, donde cuando la Sagrada Familia cruzaba el río en compañía de un gran número de personas una roca se desprendió de la montaña y hubiera caído sobre la barca si no la hubiese detenido el niño Jesús con su mano, cuenta un párroco a sus fieles dentro de la iglesia de esta población.
En otros lugares de Egipto, Jesús hizo que brotara agua, sanó a algún enfermo o descansó bajo la sombra de un árbol al que ahora acuden los peregrinos.
Aunque también aseguran que la Sagrada Familia dejó alguna maldición, como en el barrio Al Matariya, en El Cairo, donde incluso hoy en día dicen que el pan no fermenta porque los vecinos se negaron a darle pan a la Virgen María cuando pasó por lo que entonces era una aldea.
El origen de la iglesia copta se remonta al Concilio de Calcedonia, en el año 451, donde fue declarada herética por sus divergencias sobre la naturaleza de Jesús. Desde entonces, la Iglesia Copta o Egipcia se independizó, se dotó de una estructura particular y desarrolló sus propios ritos, fiestas y tradiciones.