Mundo Oculto

El pueblo

Vieron al final del pasillo a un hombre surgir de la pared, caminó hacia ellos y les preguntó: “Disculpe señor, ¿dónde puedo encontrar la iglesia?”

Jove

Los primeros pobladores traían de su tierra un plano; el parque, la iglesia, el poder, las familias principales y las calles en línea recta del naciente al poniente y del antiguo norte al inexplorado sur.
Luego llegaron otros hombres, construyeron nuevos caminos, respetando el trazado original en el nombre del orden.
“Ah, pero el hombre blanco --se quejó el Taita con Rupandiya-- hizo sus caminos sin respetar la propia historia de la tierra. Por eso es que vemos fantasmas”.
Por eso ellos entran en nuestro mundo, porque los caminos de este mundo son como el cabello ensortijado, así el espíritu que sólo puede ir en línea recta regresa a su mundo sin entrar nunca al mundo del hombre.
Vieron al final del pasillo a un hombre surgir de la pared, caminó hacia ellos y les preguntó: “Disculpe señor”-- le dijo la aparición al Taita-- “¿dónde puedo encontrar la iglesia?”
“Siga este camino”, le dijo el Taita.
El espectro prosiguió su camino, desapareció en la siguiente pared.
“Taita, la iglesia no está para allá”, le chistó Rupandiya.
¿Importa chosme?, replicó el Taita.
Y la respuestas fue: “Realmente importa”.
El espectro reapareció por el mismo sitio de la pared por donde había aparecido la primera vez.
“Disculpe señor” --habló el espectro con la misma entonación-- ¿dónde puedo encontrar la iglesia?
“Siga este camino”, le dijo de nuevo el Taita, y el espectro desapreció en la siguiente pared, igual que la vez anterior.
“Están atados a repetirse. Mientras tengan acceso a este mundo, no descansarán”, prosiguió el Taita.
Entonces Rupandiya comprendió por qué cargaba sobre su espalda el combustible.
¿Alguien recuerda este pueblo?, pregunta Rupandiya pensando que hasta los fantasmas lo han olvidado, menos los hombres que son seres frágiles, temporales.
Rupandiya, siguiendo las órdenes del Taita, llena de combustible los restos de casas, antiguos hospedajes, caballerizas, ranchos que la vegetación cubrió.
El Taita le prendió fuego a todo.
“Ahora descansarán”, dijo en tono solemne y entre las llamas vieron a un diablo bailar. “Ése no descansará, pues ha perdido el contacto con el mundo mortal”.
Salieron del pueblo. No hablaron más del asunto, hay cosas que es mejor olvidarlas. Hay almas que no deben recordarse, para evitar que regresen al reino de los vivos.