Mundo Oculto

El dios Moloch

Los sacrificios preferidos por Moloch eran los niños, especialmente los bebés, por ser los seres más impregnados de materia

Moloch o Moloch Baal o Baal: Dios de los fenicios, cartagineses y cananitas, era considerado el símbolo del fuego purificante, que a su vez simboliza el espíritu. Se le identifica con Cronos y Saturno.
Como resultado de una catástrofe ocurrida en el despertar de los tiempos, el espíritu de Moloch se había transformado a sí mismo en oscuridad al convertirse en materia. De acuerdo con las creencias fenicias y la herejía gnóstica, el hombre era la encarnación de esa misma tragedia, y para redimirse de ese pecado era necesario ofrecer sacrificios a Moloch.
Representación y sacrificios
Moloch era una divinidad adorada por el pueblo fenicio, mencionada varias veces en la Biblia. La palabra Molech no representa la pronunciación original del nombre en hebreo, no es más que la vocalización del griego Moloch encontrada en la traducción griega del Antiguo Testamento conocida como la Septuaginta.
Generalmente Moloch es representado como una figura humana con cabeza de carnero o becerro, sentado en un trono y con una corona u otro distintivo de realeza, como un báculo. Sus sacrificios preferidos eran los niños, especialmente los bebés, por ser los seres más impregnados de materia, característica que los adultos perdían con el tiempo al desarrollar su espíritu.
En los templos en los que se rendía culto a Moloch se encontraba una enorme estatua de bronce del dios. Dicha estatua estaba hueca, y la figura de Moloch tenía la boca abierta y los brazos extendidos, con las manos juntas y las palmas hacia arriba, dispuesto a recibir el holocausto. Dentro de la estatua se encendía un fuego que se alimentaba continuamente durante el holocausto. En ocasiones los brazos estaban articulados de manera que los niños que servían de sacrificio se depositaban en las manos de la estatua, que por medio de unas cadenas se levantaban hasta la boca, introduciendo a la víctima dentro del vientre incandescente del dios.
Durante el sacrificio, los sacerdotes del templo hacían sonar tambores, trompetas y timbales, por lo que no oían los llantos de los niños.
Caída del culto
El culto a Moloch se extendió junto con la influencia de los fenicios en el Mediterráneo, llegando incluso a las costas de los etruscos y la Península Itálica. Durante mucho tiempo convivió con las demás religiones, e incluso puede que sea la figura del «becerro de oro» de la que se habla en la Biblia cuando Moisés baja con las tablas de la ley.
Diversos textos latinos se refieren a él como Cronos o Saturno (Cleitarchus, Diodorus Siculus y Plutarco mencionan ofrendas de niños en llamas a Cronos o Saturno, que es la representación de Baal).
La religión hebrea entró en conflicto con el culto de los moloquitas, si bien fue la expansión del Imperio Romano la que propició la caída del culto a Moloch (a pesar de que generalmente incluían en sus panteones los dioses de las culturas conquistadas o asimiladas), aunque algunas corrientes ven la pervivencia de algunos rasgos en los ritos a Mitra.
Como muchas otras deidades que aparecen en la Biblia, Moloch encontró un lugar en la demonología medieval europea. En ella aparecía como un demonio que encontraba placer en provocar el llanto de las madres a las que robaba sus hijos. Según las tradiciones demonológicas, su fuerza era especialmente poderosa en el mes de diciembre (por semejanza con la natividad de Cristo).