Mundo Oculto

Santiago

En la iglesia quedan los escombros, el sargento entra, se dirige al antiguo altar, sabe que ahí habita la mujer que busca

El cuerpo sin vida de Leonel, partes de su cuerpo -- su cabeza en un balde flotó en el lago durante cinco días antes que la encontrasen unos pescadores -- encontradas en el baño del hotel, arrancados por una fuerza sobrenatural. Ante crimen tan terrible el alto mando de la Policía ordenó apretar al bajo mundo.
La cabeza de Gerardo también flotó en un balde por casi una semana, los pescadores vieron a lo lejos el balde y no se acercaron, sospechando que otra muerte macabra se anunciaba en el recipiente que flotaba a pesar de la violencia de las olas.
Nadie escuchó, o no quiso escuchar, los gritos de Carlos, descuartizado en un hotel capitalino, la cabeza flotó en un balde en el lago. La cámara de seguridad es la única testigo de Benavides entrando al cuarto, los gritos, el silencio mortal, una mujer que observa el lente de la cámara y sonríe.
“¿Dónde se encontrará la dama de la sonrisa?”, se pregunta el diario.
Pero no hay una pista, o nadie quiere abrir la boca. Un silencio mortal se cierne sobre la ciudad. La autoridad se ve forzada a buscar al sargento, “nadie cree en el más allá, nadie quiere creerlo, pero “ahí está con la sangre en los labios”, les dice el sargento al entrar en la oficina.
“Seguirle el rastro no será difícil --explica el sargento. Los 15 hombres muertos…”
“3”, le interrumpe el mayor.
“15, pero tres han querido ver. La ciudad huele a muerte. ¿Por qué dice que no será difícil seguir el rastro?”.
“Son hombres de mundo. Ya buscamos en todas las discos”, responde el mayor.
“¿Fueron a las iglesias? -- ante la respuesta negativa y sorpresa de los oficiales superiores, el sargento se ve obligado a explicar. En las discos pasa desapercibida, es la noche, pero el verdadero mal se esconde bajo la luz del bien”.
El sargento sabe dónde ir. Son muchas las iglesias abandonadas y menos las olvidadas.
En la iglesia quedan los escombros, el sargento entra, se dirige al antiguo altar, sabe que ahí habita la mujer que busca.
¡Ésta es la casa de Santiago!, agita un libro el sargento y la tierra se mueve bajo sus pies. De ella sale la mujer más bella que el sargento ha visto en su vida, casi inmediatamente la odia.
“¿Será tu amor el que le libere?”, pregunta la mujer.
“Es mi odio el que te entierra y para siempre, demonio”. El sargento le muestra la cruz y el demonio desaparece dejando tras de si un aroma a rosas, el sargento llora por tantas almas pérdidas en el mundo.