Mundo Oculto

Donde cayó el néctar de los dioses y el agua se hizo sagrada

El Kumbh Mela o Festival de la Vasija es la ocasión perfecta para dejarse contagiar por la alegría de los peregrinos y llevarse una imagen única de todas las gentes de la India, unidas en un solo rito multitudinario y festivo

EFE / Reportajes

Dice la mitología hindú que dioses y demonios se disputaron hace miles de años una vasija de néctar de la inmortalidad, de la que cuatro gotas cayeron en la tierra y una de ellas en la confluencia de tres ríos en la pequeña ciudad india de Allahabad.
Allí donde confluyen los cauces del Ganges, el Yamuna y el mitológico Saraswasti, de cuya existencia real no hay pruebas que un hindú necesite para creerla, fueron esparcidas las cenizas de Gandhi y de Nehru, los padres de la moderna India, así como las de los sucesores de una saga política tan reverenciada como víctima del odio en este país, Indira y su hijo Rajiv Gandhi.
Y en ese mismo lugar, cada seis años se celebra el festival religioso más multitudinario de todo el mundo, el Kumbh Mela, que atrae a decenas de millones de peregrinos de toda la India y a algunas decenas de miles de occidentales convertidos al hinduismo.
Allahabad recibe a los peregrinos con los brazos abiertos, aunque sus capacidades se desbordan ante la marea de humanidad que busca dónde dormir o cobijarse antes de acercarse a las aguas del Ganges, bañarse en ellas e impregnarse del sagrado néctar divino.
El Kumbh Mela o Festival de la Vasija es la ocasión perfecta para visitar Allahabad, dejarse contagiar por la alegría de los peregrinos y llevarse en la retina una imagen única de todas las gentes de la India, de cualquier edad y condición, unidas en un solo rito multitudinario y festivo.

El mejor día
Desde el 3 de enero y durante mes y medio, este año se celebra en la ciudad la edición intermedia del Kumbh Mela, llamada Ardh Kumbh Mela (Festival de la Media Vasija), que tiene algunas fechas particularmente señaladas para el baño sagrado en el río, según cálculos astrológicos que indican los momentos más propicios y que los hindúes creen ciegamente.
El día de mejores auspicios ha sido el 19 de enero, cuando comenzó a brillar la llamada “luna nueva de los santos” y unos 18 millones de personas lavaron sus pecados en las aguas del Ganges, pero aún quedan otros fechas señaladas para grandes baños colectivos.
Para el extranjero, la visión es abrumadora e insólita: rostros radiantes de felicidad emergiendo de las aguas sucias del río; mujeres, hombres, niños y ancianos compartiendo su alegría desde que el sol sale hasta que se pone.
La fiesta congrega en Allahabad a las principales “akharas”, las órdenes de “sadhus” o ascetas hindúes de largas melenas enmarañadas, algunos muy ancianos, que dan comienzo al ritual con fabulosas y ruidosas procesiones hasta la ribera del Ganges, en una franja especial reservada para ellos que da exactamente al “sangam” o confluencia de los tres ríos sagrados.

El color del hinduismo
Los “sadhus”, algunos de órdenes consideradas “guerreras”, compiten en esplendor con sus caballos, camellos, carrozas y vehículos de todo tipo engalanados con guirnaldas y estandartes de tonos azafrán, el color del hinduismo.
Los primeros en zambullirse son los sadhus-guerreros cubiertos de ceniza, quienes de un solo grito se lanzan corriendo, completamente desnudos, a las aguas gélidas de la madrugada. El resto de peregrinos los observa y los acompaña al agua, aunque la mayoría se acerca al Ganges desde cualquier punto accesible próximo al “sangam”.
Los “sadhus” son una de las “atracciones” del festival, aunque dicen quienes visitaron la edición de 2001 que ya no se prodigan tanto con sus penitencias en público: cortarse con un cuchillo, tumbarse sobre camas de pinchos o mantener durante años un atrofiado brazo en alto.
Para los peregrinos, el Kumbh Mela es además ocasión de ver en persona a algunos de los yoguis o santones más reverenciados de la India, algunos con millones de seguidores, que levantan grandes carpas en los campamentos donde se alojan los fieles, en una explanada kilométrica próxima al río que queda anegada durante meses tras el monzón.
Y, además, Allahabad ofrece a sus visitantes la ocasión de recorrer parte de su orgullosa historia, pues en esta ciudad vivieron los Nehru y se desarrollaron momentos importantes en la lucha por la independencia de la India.

La residencia de Gandhi
Impecablemente restaurada y mantenida, la casa-museo de la familia Nehru, el Anand Bhawan, recibe largas colas de visitantes, que van recorriendo las habitaciones donde el primer líder indio trabajó y vivió, donde recibió a Gandhi.
El palacete está unido por unos bellos jardines con el menos vistoso Swaraj Bawham, donde nació Indira Gandhi.
Allahabad alberga aún otras pequeñas joyas: una hermosa aunque semi abandonada catedral anglicana de estilo gótico, construida durante el mandato británico y considerada la más fina de toda Asia, templos hindúes como el dedicado al dios-mono Hanuman, o un fabuloso fuerte levantado en la ribera del Ganges en la época del emperador mogol Akbar, en el siglo XVI.