Mundo Oculto

Historia del infierno y el demonio

La imagen que tenemos del lugar destinado a los paganos, y del amo y señor de los avernos, no siempre fue la misma

Todos tenemos una idea aproximada del infierno y su gobernante, todos hemos oído hablar de lagos de azufre, tormentos eternos y del ser que gobierna en ese lugar pero, ¿cuál es el origen de la iconografía infernal y demoníaca?
Todo empieza en la civilización egipcia, en donde se establece por primera vez la idea de un más allá, con su recompensa y su castigo, teniendo en cuenta que es en “El libro de los muertos” donde se detalla minuciosamente el proceso de transición de un mortal al más allá.
Son los primeros en establecer la idea del “Juicio Final”, la cual posteriormente influyó en todas las civilizaciones que tenían tratos económicos, sociales, políticos y militares con el Egipto faraónico y que más tarde influyó notablemente en la civilización occidental en su idea infernal y diabólica.
El proceso del juicio egipcio era que el fallecido antes de ser juzgado por Osiris tenía que atravesar lagos en llamas, desiertos espantosos y cocodrilos veraces, tras llegar a Osiris y ser sometido a juicio, si era declarado culpable, era entregado a Seth, el cual lo arrojaba a las fauces de Amunt, una especie de cocodrilo gigante, y era en sus entrañas donde el alma del desafortunado sufría innumerables tormentos hasta la eternidad.
El “Juicio Final”
Con el zoroastrismo, Zaratustra establece un particular “Juicio Final” en el cual el alma debía atravesar por siete puertas y llegar al puente de Shimva, si el alma era liviana y ligera por la falta de pecados y culpas, atravesaba el puente sin problemas; por el contrario, con pecados y culpas el alma era pesada y torpe por lo cual caía al vacío y su final era un lago en llamas.
Con la civilización griega la idea del infierno cambia considerablemente, ya que el alma iba al Hades, el reino de los muertos, no había castigos ni recompensas, salvo que fueras un semi-dios.
El infierno hebreo no existe como tal, se menciona She-Ol, cuyo significado es ciudad de los muertos o sepulcro, el cual no es un lugar de castigo sino que como en la civilización helénica, todos iban a parar allí tras la visita de La Dama Segadora.
Sin embargo, el Antiguo Testamento sí que menciona unos castigos por no cumplir las leyes de Dios, lo cual se relata en el Libro de Daniel. A partir de este texto es donde la influencia del poderoso Egipto se hace notar relacionando She-Ol con el lugar en llamas donde se castiga a los malvados, que recibe el nombre de Gehena-Ignis.
El nombre viene en realidad de un vertedero de basura situado a las afueras de Jerusalén donde se quemaban los desechos y que también fue el lugar donde un antiguo pueblo semita ofrecía sacrificios humanos arrojándolos al fuego en tributo a su dios Moloc.
El infierno cristiano
Llegado el cristianismo y ya instaurado como religión oficial, los primeros cristianos apenas mencionan el infierno hasta que en el siglo IV San Agustín, padre de la iglesia actual, en su libro “La Ciudad de Dios” habla de castigos y cita que son los pecados sexuales los que principalmente llevan al infierno y donde surgen ideas tan peregrinas como que los niños no bautizados no van al cielo.
Durante la Alta Edad Media, cuando la peste, la guerra y el hambre asoló Europa, el infierno tiene el mayor protagonismo, una legión de predicadores influenciados por las enseñanzas de “San” Agustín se dedicaban a relatar los tormentos del infierno.
Curiosamente la gente acudía a las iglesias en masa a escuchar estos sermones, no en busca de esperanza, sino para deleitarse con la imaginativa narración de estos predicadores, de la misma manera que actualmente vamos al cine a ver una buena película de terror. Si ya de por sí los relatos eran escalofriantes, el arte representado en las iglesias ayudaba a tener una idea de lo que era el infierno, de hecho si entráis en las iglesias veréis más imágenes del infierno que del cielo.
Con el Renacimiento, el infierno alcanza su máximo esplendor gracias al genial Dante Alighieri con su “Divina Comedia” y su “Inferno”, donde miles de fanáticos creen que lo relatado por Dante es el infierno de verdad.
Pocos llegaron a entender que el texto era la particular venganza de Dante contra el Vaticano, ya que éste había arrestado, quitado sus posesiones y exiliado a Dante; si se lee “Inferno” y no nos recreamos en los tormentos, veremos que la gran mayoría de los castigados son jefes de la iglesia o personas influyentes de ésta.
Con esto se puede apreciar que el infierno es la mezcla de todas las religiones anteriores, siendo la más importante de ellas la egipcia.
El gobernante
Sobre su gobernante, el demonio, tal y como lo conocemos hoy en día, es la mezcla de dioses paganos anteriores al cristianismo, siendo Seth señor del inframundo egipcio y dios carmesí, y Pan, el fauno, dueño del deseo sexual y principal opositor de la iglesia, en el cual ve el origen de todos los males, es decir, el sexo.
En la tradición hebrea, la serpiente del paraíso es sólo eso, una serpiente que por siempre ha simbolizado el saber y la inmortalidad. Es más, en el Antiguo Testamento el demonio es presentado como uno más en la corte celestial, sólo hay que echar un vistazo al Libro de Job para darnos cuenta de ello, las calamidades de Job son el fruto de una apuesta entre Dios y el demonio, los teólogos más racionalistas, gran parte de ellos jesuitas, creen que el demonio sería el fiscal que presenta cargos ante el juez, Dios, en el “Juicio Final”, una idea muy lejana de la que se tiene del demonio.
El nombre de Satán es un adjetivo que significa el adversario. Nada que ver con un ser con cuernecitos, patas de cabra y tenedor en mano, posteriormente todos sus demás nombres eran nombres de deidades de otros pueblos que, curiosamente, eran adversarios del pueblo elegido por Dios.
Con la llegada del cristianismo, es en el Libro de las Revelaciones, popularmente conocido como Apocalipsis, donde la figura del demonio tiene su protagonismo, siendo en el siglo VI donde tiene el máximo de su poder y donde nace la iconografía más conocida del demonio, el ser con cuernos y patas de cabra, siendo una representación grotesca del dios griego Pan, el señor del deseo sexual.
En el siglo X es donde la imaginación de los artistas se desata y el demonio se transforma en el rey de los disfraces monstruosos, tras el Renacimiento e influenciado por Dante y su “Inferno”, el infierno es tratado como un lugar frío por lo cual la iconografía diabólica presenta al demonio pintado en colores azules o morados.
El demonio no presenta variación alguna hasta que Milton y su “El Paraíso Perdido” nos muestra al diablo actual, enigmático, seductor y poderoso como así lo demuestran los papeles cinematográficos. Es con Milton donde aparece la frase más celebre del tentador: “Prefiero ser rey en el infierno, que esclavo en el cielo”.