Mundo Oculto

Cupido

A este dios del amor se le describe como “agridulce” y “cruel” con sus víctimas; también carecía de escrúpulos, era pícaro y carismático

En la mitología griega, Eros es el dios del amor. Equivale a Cupido de la mitología romana, y a Kamadeva en la mitología hindú. Se le adjudica la creación de amores y pasiones entre los mortales y suele ser representado por un niño alado (parecido a un ángel de la mitología cristiana).
Eros era el dios primordial responsable de la lujuria, el amor y el sexo, venerado también como un dios de la fertilidad. Su nombre es la raíz de palabras tales como «erotismo».

El patrón del amor
De acuerdo con la tradición, Eros era principalmente el patrón del amor entre hombres, mientras Afrodita presidía sobre el amor de los hombres por las mujeres. Por esto su estatua se encontraba en las palestras, uno de los principales lugares de reunión de los hombres con sus amados, y a él hacían sacrificios los espartanos antes de la batalla.
Meleagro de Gádara recoge este papel en un poema conservado en la Antología Griega: “La reina Cipria, una mujer, aviva el fuego que enloquece a los hombres por las mujeres, pero el propio Eros convence la pasión de los hombres por los hombres”.
En el pensamiento griego parece haber dos aspectos en la concepción de Eros. En el primero es una deidad primordial que encarna no sólo la fuerza del amor erótico sino también el impulso creativo de la siempre floreciente naturaleza, la Luz primigenia que es responsable de la creación y el orden de todas las cosas en el cosmos.
En la Teogonía, de Hesíodo, el más famoso de los mitos de la creación griega, Eros surgió tras el Caos primordial junto con Gea, la Tierra, y Tártaro, el Inframundo (con frecuencia se dice erróneamente que surgió del Caos). De acuerdo con la obra de Aristófanes, Las aves, Eros brotó de un huevo puesto por la Noche (Nix), quien lo había concebido con la Oscuridad (Érebo). En los misterios eleusinos era adorado como Protogonos, el ‘primero en nacer’.

Versión alternativa
Posteriormente aparece la versión alternativa que hacía a Eros hijo de Afrodita con Ares, Hermes o Hefesto, o de Poros y Penia, o a veces de Iris y Céfiro. Este Eros era un ayudante de Afrodita, que dirigía la fuerza primordial del amor y la llevaba a los mortales, un papel apropiado para el resultado de la unión entre el Amor (Afrodita) y la Guerra (Ares) o el Fuego (Hefesto).
En algunos mitos se le muestra como un ser juguetón, provocando frecuentes problemas a dioses y mortales; en otros es consciente del poder que ostenta, rechazando a veces las peticiones de su madre y otros dioses de interferir en el curso de la vida de algunos mortales. En algunas versiones tenía dos hermanos llamados Anteros, la personificación del amor correspondido, e Hímero, la del deseo sexual.
En el arte, se suele representar a Eros como un niño o infante desnudo alado (aunque esta percepción está más relacionada con el Cupido romano: para los griegos era un hombre joven o un adolescente), con un arco y un carcaj en el que llevaba dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo, y otras de plomo con plumas de búho que provocaban la indiferencia.
La poetisa Safo lo describió como “agridulce” y “cruel” con sus víctimas; también carecía de escrúpulos y era pícaro y carismático. En su antigua identificación con Protogonos y Fanes se le representaba adornado con un toro, una serpiente y cabezas de cordero. Ocasionalmente se le mostraba ciego o con los ojos vendados. La percepción de Eros como un niño pequeño está más asociada con el Cupido romano.