Mundo Oculto

Cíclopes

Hijos de Gea y Urano (la tierra y el cielo), eran hábiles y excelentes artesanos, pero también salvajes antropófagos

Las antiguas leyendas los describen como seres fabulosos que tenían enorme estatura y un ojo en medio de la frente. Hay dos versiones sobre su origen y naturaleza. Y muchas fábulas en los épicos y los dramáticos.
Las principales se anotan en los personajes que tienen trato con ellos. Según las narraciones de Hesíodo, eran tres: Brontes, Esteropes y Arges, que pueden traducirse como “el que truena, el que da el rayo y el que brilla”.
Hijos de Gea y Urano (la tierra y el cielo), eran hábiles y excelentes artesanos, constructores de murallas. Ellos fueron liberados por Zeus de las cadenas que les impuso Cronos, por lo que “le guardaron gratitud por sus beneficios y le regalaron el trueno, el llameante rayo y el relámpago”.
Dos visiones de los cíclopes
Alguna vez se los relaciona con Hefaistos, como sus auxiliares en la fragua divina. Se les atribuían las antiguas fortificaciones de los aqueos y eran venerados como protectores del trabajo, de la artesanía y del arte.
En los poemas homéricos varía la versión: son unos salvajes que viven en remotas islas, alejados de todo humano consorcio, sin ley ni norma. Son antropófagos.
Cuando Odiseo, también conocido como Ulises, con un grupo de hombres los visita, Polifemo atrapa y se come a dos de sus colegas. El héroe se vengó de ellos cegando al mayor. Como Polifemo era hijo de Poseidón, éste retarda el viaje del rey de Ítaca y lo hace pasar por muchas aventuras.
En la época alejandrina Polifemo aparece como enamorado de Galatea. Éstos son más bien artificios poéticos que leyendas populares.
Sus orígenes
Othenio Abel, paleontólogo de la Universidad de Viena, propuso en 1914 la teoría de que la leyenda de los cíclopes se originó de la observación y mala interpretación de restos fósiles de cráneos de mamuts, más precisamente de mamuts enanos, tales como elephas falconeri, pariente del elefante indio actual.
Un millón de años atrás varias especies de elefantes antiguos, a los que denominamos mamuts y mastodontes, habitaban toda la tierra. Se encontraban en regiones tan contrastantes como Siberia, Centroamérica, India, Patagonia, África y Alaska. Estaban distribuidos en todos los continentes, a excepción de Australia y Antártida.
Una particularidad del cráneo de un elefante, mamut o mastodonte, es la gran abertura en la parte frontal de éste, por donde se proyectan los músculos de la probóscide o trompa. Como la trompa no posee huesos, es muy difícil para un ojo no experimentado el deducir, al ver el cráneo de un elefante, que éste poseía una trompa. Principalmente si se trata de un observador que nunca haya visto un elefante.
Cuando los primeros mercaderes griegos llegaron a las islas del Mediterráneo, donde vivían mamuts enanos, éstos ya se habían extinguido. De hecho, los mamuts y los mastodontes se habían extinguido en todo el mundo, sobreviviendo sólo los elefantes actuales, lejos de Grecia.
Sin embargo, los fósiles del mamut enano debieron haber sido descubiertos accidentalmente por los griegos. Los fósiles se preservan muy bien en las grutas, y éstas son comunes en dichas islas. Es precisamente en esas grutas en donde los paleontólogos han encontrado en la actualidad restos de los mamuts enanos.
Sin sus colmillos, el cráneo de un mamut es aún más parecido al de un ser humano. Y los colmillos se desprenden frecuentemente en la fosilización, de hecho, es más común encontrar un mamut o mastodonte sin sus colmillos que con éstos.