Mundo Oculto

El sacerdote

“Duerme, ya vienen por ti y tus pecados, espero serán pocos”, dijo el sacerdote, guardó silencio y retrocedió a la sombra, hasta fundirse con ella

- Hijo, ¿estás dormido? -- le dijo el hombre gris en la penumbra.
- ¿Ya es la hora? - -preguntó el condenado -- ¿Ha venido por mis pecados?
- ¿Aún no es muy pronto?
- Cuando salga el sol me matarán.
- Aún falta mucho tiempo.
A lo lejos escuchó un guarda, se quejó del frío y de la mala suerte de tener turno la víspera del día de los muertos.
- ¿Por qué yo? -- preguntó el condenado.
- ¿Por qué no? Estabas ahí, cada cierto tiempo la ciudad necesita un sacrificio.
- Un baño de sangre.
- La sangre de un inocente.
- ¿Saben que soy inocente?
- Eres culpable hijo, la niña decapitada era inocente, alguien debe pagar por esa muerte.
- ¿Por qué yo?
- La ciudad necesita olvidar.
- ¿Olvidar? -- pregunta con el terror que acompaña a la duda de ser víctima de una conspiración que apenas puede adivinar.
- Duerme, ya vienen por ti y tus pecados, espero sean pocos -- dijo el sacerdote, guardó silencio y retrocedió a la sombra, hasta fundirse con ella.
Entraron cuatro guardas, los seguía un sacerdote menudo, muy diferente al otro con el que había conversado.
- Hijo, vengo a confesarte -- dijo el sacerdote menudo.
- Soy culpable -- dijo el condenado con unos ojos de espanto.
Lo llevaron al patio, el capitán ordenó la descarga. Algo lo golpeó en el pecho, aún respiraba, luego el doctor certificó la muerte y lo enterraron.
- Aún estoy vivo -- gritó el hombre desde el fondo de la tumba.
- Lo estás -- le dijo el hombre gris que salto desde las sombras.
- Pensé que eras un sacerdote.
- Si eso calma tu conciencia - y de inmediato lo mordió.
El hombre gritó por algunos minutos, quizás alguien lo escuchó en el cementerio, quizás toda la ciudad lo escuchó, pero tenían que lavar su culpa, alimentar al demonio que los mantenía felices, aunque fuese necesario llenar la tierra de inocentes.