Mundo Oculto

La magia del fuego

El fuego y la luz representan la calma y el bienestar, pero también simbolizan la destrucción y la transformación a través del ígneo elemento

Cada ser humano alberga en su ser las condiciones del fuego, sólo hace falta que alguien o algo encienda su luz para que se manifieste. Asimismo, las cosas y los eventos que rodean nuestra existencia tienen su parte de fuego interno, el que espera ser encendido para manifestarse.
En cierta forma, todo lo que vemos y deseamos, incluyéndonos nosotros mismos, está vinculado con el fuego. La luz y el fuego nos hermanan, nos enlazan. El poder del fuego está en nosotros, sólo hay que encenderlo.
Una herramienta
práctica y mágica
Las herramientas de que se vale el hombre para construir su entorno tienen doble filo. Si son bien usadas los resultados serán positivos, por el contrario, si se mal emplean, lógicamente, los resultados serán negativos. El fuego con todas sus analogías y correspondencias no es más que una de tantas herramientas que utiliza el hombre.
El fuego puede utilizarse tanto en un sentido práctico como en un sentido mágico. La magia, como se ha dicho en artículos anteriores, es la capacidad del hombre de transformar su realidad a voluntad. El mago es aquel que domina los eventos y las materias, no el pusilánime y supersticioso que está expuesto a la ira de los elementos.
Utilizar el fuego y las velas en un sentido mágico implica el conocimiento y el dominio de los elementos que lo componen, y nada tiene que ver con la fatalidad y el destino que tiene designado el hombre.
La magia es evolución búsqueda, creación no involución, conformismo e irresponsabilidad. La magia no es un campo de esterilidad donde se esperan milagros. La magia es precisamente la capacidad de transformar la fatalidad en un nuevo camino, en un nuevo conocimiento. En la magia no hay maestros que dependan de una serie de alumnos torpes y asustadizos. En al magia sólo hay encendedores de velas encargados de llevar una flama aquí y otra allá.
La magia y sus rituales son una responsabilidad personal, no una dependencia divina. En la magia no hay jerarquías delimitadoras y castrantes, porque las posibilidades de la magia son ilimitadas. Tampoco hay magos más poderosos que otros, ni puede haber competencia ni enfrentamientos entre verdaderos magos, porque la llama de una vela no es más poderosa que otra, sino simplemente distinta.
La esencia del fuego
La esencia del fuego es la misma en todos los casos y su aspecto más brillante o más intenso sólo sirve para realizar correspondencia entre nuestros valores humanos. Con todo ello quiere decir simplemente que la magia del fuego y de las velas no tiene más bondad, maldad o poder que el que pueda darle cada persona desde sus puntos de vista.
No debemos de olvidar que cada ser humano vive una realidad personal, única e intransferible, en donde todos los demás incluidos el espíritu, la mente y la materia no somos más que comparsas.
Nuestra realidad empieza y acaba en nosotros mismos, sin importar si hemos dedicado la vida al bien o al mal, al progreso o al retroceso, a la responsabilidad integral de nuestros actos físicos, mentales y espirituales, o a la responsabilidad de los mismos. El hecho es que nadie puede ver nuestros ojos ni sentir nuestra alma. Comprender este simple hecho es dar paso en el mundo de la magia, encender esta primera vela nos abre las puertas del dominio del fuego.
Podemos engañar a los demás, pero no podemos engañarnos a nosotros mismos por más que lo intentemos o pretendamos justificar nuestros actos, porque nosotros somos los verdaderos artífices de nuestra realidad. Podemos culpar a los dioses, al fuego o al sol, pero interiormente sabemos que no hay más ayuda milagrosa que la que nos procuramos nosotros mismos.