Mundo Oculto

El científico que adivina catástrofes

¿Se puede predecir el futuro de forma científica?

Desde la antigüedad, la humanidad ha intentado predecir su futuro y poder predecir las catástrofes para evitarlas.
Por un lado, se empezó buscando la trascendencia, "inventando" dioses para cada una de las reacciones de la naturaleza. No podía ser que la naturaleza funcionara por si misma, y se personalizó. Cualquier catástrofe natural podría ser evitada haciendo un sacrificio al dios adecuado.
Por otro lado, el conocimiento del propio destino también ha sido otra de las obsesiones de la humanidad. El conocimiento de la propia muerte, la angustia por saber lo que nos depara el mañana, llevó a la búsqueda de sistemas sólidos de predicción del futuro.
Podría haber personas con argumentos para discutir, hasta cierto punto, la influencia de los astros en la vida humana. Pero lo que parece indiscutible es la influencia de los astros en la naturaleza. Sin ir demasiado lejos, está demostrada la influencia de los ciclos de la luna en algunas personas y en las mareas.
Guillermo Rodríguez es geofísico y astrofísico, dedicado a predecir hechos espectaculares relacionados con la actividad volcánica, los terremotos, los accidentes aéreos y los conflictos bélicos.
Para lograrlo, se ayuda de tablas periódicas donde recoge la repetición cíclica de múltiples sucesos. Un periodista dijo de él que sus fracasos son tan increíbles como sus aciertos.
Las teorías de Kordilewisky
Guillermo estudiaba las teorías de Kordilewisky, astrónomo que en 1961 dijo haber detectado e incluso fotografiado desde el Observatorio de Cracovia dos objetos de aspecto nebuloso en la órbita la la Luna.
Después de leer todas las teorías de Korkilewisky, Guillermo se consagró a estudiar la influencia de los ciclos de la luna y de las nubes de polvo en los fenómenos atmosféricos y telúricos.
Se le ocurrió que cuando estas nubes de polvo pasan entre el Sol y la Tierra, el viento solar hace caer el polvo sobre determinada zonas de la tierra y produce fenómenos atmosféricos y terremotos.
Guillermo fundamenta su teoría en la hipótesis de una relación entre los terremotos y volcanes que se producen en la tierra y las nubes de Kordilewisky. La radiación y el viento solar empujan las partículas de polvo de estas nubes, que caen sobre la tierra provocando estos fenómenos. Además, los terremotos y volcanes también se ven afectados por los ciclos lunares.
Las leyes cíclicas
Paralelamente a estos estudios, Guillermo descubrió que todos los sucesos, y no sólo los atmosféricos o geológicos, se repetían por ciclos de años, concretamente el ciclo de los 18,6 años y sus múltiplos, siendo uno de los más importantes el de 224 años. Así, se dan ciclos de 14, 18'6, 26, 32 años y los múltiplos de ellos.
Guillermo cree que las guerras, por ejemplo, también son catástrofes que se producen por razones geofísicas y cíclicas, más que por razones económicas o políticas. Por ejemplo, siempre hay zonas geográficas muy violentas y otras más pacíficas. Israel y Australia serían dos ejemplos opuestos. Y las zonas geográficas conflictivas son también zonas sometidas a fenómenos meteorológicos muy graves.
Este cálculo cíclico a través de las tablas periódicas es aplicable también a la salud individual, pues cada individuo tiende a pasar por una fase crítica de salud cada 18 años.
De esta manera, también ha podido constatar que el cumpleaños de los 75 años es muy peligroso y que, si uno lo supera en buenas condiciones, puede vivir una buena temporada más con una salud estable.
Otro de los cálculos de Guillermo establece, por ejemplo, que cada 600 años aparece un nuevo profeta en la Tierra. También el estudio de las profecías de San Malaquías – a quien se le atribuyen muchos milagros, pero por lo que más se le recuerda es por su don de profecía-- le permite inferir que el próximo Papa se llamaría Sixto VI y que vivirá hasta el año 2024.
Utilidad práctica de sus teorías
Muchas catástrofes naturales podrían evitarse. Por ejemplo, reforzando por ejemplo la isla de la Palma con volcanes artificiales y ensanchando de este modo la base de la Palma. También, sabiendo que los volcanes se forman por determinada caída de partículas del espacio, se podría evitar que aparezcan volcanes donde no interesa que aparezcan.
Si la NASA puede algún día tener la capacidad de destruir un meteorito que se esté acercando a la Tierra, no sería más difícil dispersar las nubes de Kordilewisky y anular terremotos, temporales o ciclones que amenacen a nuestro planeta.