Mundo Oculto

La Quinta

El sueño lo perturba, quiere despertar, abre los ojos y encuentra a uno de los soldados, machete en mano, riéndose, supone que es un sueño, pero su instinto le dice que debe apartarse

Llegó la noche, de la central no responden y el sargento ordena al cabo buscar un lugar donde pasar la noche, pues en el auto no van a dormir. Son soldados, es verdad, pero no están en campaña para semejante sacrificio.
- Sargento -- avisa el cabo -- ahí hay una quinta, parece abandonada, pero es un buen lugar para estirarse.
El sargento no espera más, el frío le aprieta los huesos, maldice su suerte por los tres neumáticos pinchados, toma su cobija de campaña y se dispone a pasar la noche.
- ¿No vive nadie ahí? -- pregunta con la acostumbrada voz de mando.
- Le dije que no hay nadie, pero tiene luz la casa y hace calor.
Vencido por el cansancio decide tirar el cuerpo en cualquier esquina y dormir a pierna suelta, por precaución ordena.
- Cabo, dígale a los muchachos que hagan turnos de dos horas cada uno.
- Sí mi sargento.
- Procuren descansar el mayor número de horas.
El sargento se queda dormido casi al instante, sueña con la montaña, la casa, pero es hace mucho tiempo. 50 años en el pasado, un hombre recorre los cuartos machete en mano, golpea a cada uno de los que duerme, varios ríen con cada golpe que asesta, con cada vida que arrebata.
El sueño lo perturba, quiere despertar, abre los ojos y encuentra a uno de los soldados, machete en mano, riéndose, supone que es un sueño, pero su instinto le dice que debe apartarse, se tira a un lado, el machete golpea el piso en el cual descansaba unos instantes antes.
Busca la pistola, la observa al lado de la pared, entre el arma y él está el soldado del machete dispuesto a matarlo.
- ¡Alto! --ruge el sargento--, pero el soldado no hace más que avanzar hacia él. Lanza otro golpe que el sargento alcanza desviar con el antebrazo, del cual brota sangre, el sargento no se da por muerto, ve una ventana, quiere correr hacia ella, pero el soldado le asesta un golpe en la pierna. Escucha risas, risas que provienen de todos los rincones de la casa, algunas las reconoce y entiende que el resto del grupo está muerto, porque escucha sus risas espectrales en la noche.
- ¡Ayúdenme! –grita, y casi de inmediato una bala derriba al soldado, el cabo le ha salvado la vida.
- Disculpe sargento --se excusa el soldado -- me quedé dormido en el auto. En sueños recordé que ésta es la quinta Angélica y me desperté.